ANTONIO ENTREVISTA 13
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ENTREVISTA 13

In Lak´ech Alak´en

El retorno de la conciencia

José Ernesto Solís Gil

Escritor

Voy a iniciar platicando sobre algunos recuerdos de lo que aprendí acerca de un historiador, un escritor mexicano muy reconocido: Don Antonio Velasco Piña, un hombre que hizo, desde mi punto de vista, la contribución más importante a la historia sagrada de México, un enfoque que transmitió una nueva y diferente manera de interpretar la historia, como un organismo viviente.

La historia no como un conjunto de datos, sino la historia como un impulso vivo de las sociedades.

Conocí a Don Antonio a través y gracias a mi hermana Ana Luisa Solís Gil, desde los tiempos de los amigos del Tíbet.

Don Antonio Velasco Piña se presentó, como el testigo del movimiento de 1968, una labor que, entre otras cosas, dejó la huella del famoso: “2 de octubre, No se olvida” de este movimiento de ampliación de la conciencia, que inició hace aproximadamente 56 años con la llegada a México de un personaje conocido como Regina, desde el 21 de marzo de 1968; la llegada de este personaje venía de una experiencia en el Tíbet.

De un lugar de los Himalayas, venía por la vía Este de China, llegando por el Oriente de México, por la zona del Este de Veracruz, del Pico de Orizaba.

Ese personaje llega a México, va directamente a Teotihuacán en donde empezamos a tener estos elementos de la historia sagrada de México.

Se realiza un ritual en la pirámide de la Luna, donde participan cuatro guardianes de las cuatro grandes tradiciones culturales del México prehispánico, guardianes de la tradición: zapoteca, náhuatl, olmeca y maya.

Se considera un ritual que despertó un proceso de ampliación de la conciencia, no solamente en México, sino a nivel planetario.

Se vieron las primeras manifestaciones estudiantiles de París y después en el movimiento Estudiantil de México en el 68.

¿Por qué me interesa platicar esta remembranza de las enseñanzas de Don Antonio Velasco Piña?

Porque no solamente es un enfoque nuevo y distinto acerca del México sagrado, sino porque nos da información de las pirámides, las construcciones del México prehispánico, como la Pirámide de la Luna, la Pirámide del Sol, la Pirámide de Quetzalcóatl, la Pirámide de Chichen-Itzá y las Pirámides de Monte Albán, son herramientas de interacción energética entre la Tierra, el cosmos y la conciencia humana, es decir, no se trata de construcciones hechas sencillamente para adorar algún santo o para realizar algún evento religioso desde el punto de vista occidental, se trata de verdaderas herramientas que todavía no alcanzamos a comprender, pero quedan ya los caminos marcados, para que los investigadores puedan o podamos ir avanzando en interpretar y conocer el verdadero sentido de estas ciudades de interacción entre la Tierra, el cosmos y la conciencia humana.

Recuerdo muy bien que todos lo tratábamos como maestro Antonio Velasco Piña y él volvía a insistir que no era el maestro. Él constantemente decía:

• “Soy tu amigo, soy tu compadre…hola compadre” - decía siempre.

Y era maravilloso ver cómo él hacía este esfuerzo, para no separarse de este contacto humano, fraterno, amoroso de igualdad.

Esas son enseñanzas también muy profundas, que tiene que ver con el México sagrado, antiguo, de respeto mutuo y de reconocimiento en el otro de uno mismo, como se cuenta o como lo dice la frase maya de “In Lakech”, “Hala Ken”:

• “Yo soy tú” , “Tú eres yo”

En una ocasión, mi hermana invitó a unas amigas creo que, de Sudamérica, algunas chilenas y mexicanas a una plática en el Huehuecalli, un lugar en la Aldea de los Venados Amorosos, también rebautizada como Escuela Flor y Canto, esa vez se hizo una meditación y Don Antonio Velasco hizo una exposición sobre rutas sagradas y entramos en otro tema trascendental de sus enseñanzas.

Las rutas sagradas son los canales de la energía viviente de nuestro planeta, de la Tierra concebida como un ser vivo, viviente y consciente.

Entonces existen, de acuerdo con estas enseñanzas, estas corrientes energéticas, que están conectadas con diferentes etapas de los ciclos de las civilizaciones y de las culturas, existe en esta exposición de la rueda del tiempo de los pueblos, según las enseñanzas de Don Antonio, un periodo sagrado, un periodo heroico, un periodo humano y un periodo de rebaño, o sea, desde la edad de oro de las civilizaciones cercanos al espíritu y a lo sagrado, hasta la era en la cual se va alejando o se va perdiendo la conciencia de la cercanía del espíritu, relacionadas con esta visión de las culturas, como un organismo viviente, que se mueve cíclicamente desde la masa hasta lo sagrado, y a la inversa, que existen Corrientes Energéticas en nuestro planeta, que estimulan una u otra sensación de vida.

Existen líneas por donde el caminar por una ruta, es una ruta sagrada o es una ruta heroica o es una ruta humana.

En México, aprendimos a reconocer en el camino, desde Chapultepec hasta el Zócalo una ruta heroica, de lucha, de protesta, de manifestación de la energía heroica de un pueblo, reconocimos a través de estas enseñanzas, una ruta sagrada, espiritual de contacto o de apertura de la conciencia con una ruta que va desde el Tepeyac, desde la villa hasta Tlatelolco, una ruta que implica una manera de caminar, de sentir, digamos la fuerza, una manera heroica, o sea, una ruta heroica caminándola de manera marcial, con cierta disciplina, cierto ritmo, una ruta espiritual, sagrada, caminada con este fervor, con esta conciencia de la búsqueda del encuentro con la Virgen de Guadalupe, como el gran símbolo sagrado.

Junto con esta idea, con este principio y con esta enseñanza de las rutas sagradas, que no solamente están en México, sino están en todo el planeta, en diferentes lugares de la Tierra.

La Virgen de Guadalupe se nos presenta como el símbolo sagrado que levanta Miguel Hidalgo, representa la unidad espiritual del pueblo de México en el camino o en el retorno de lo sagrado, expresado en una de las obras literarias de Don Antonio, como un aprendiz de las antiguas culturas de México, como un sacerdote curioso que encontró guardianes de esta antigua sabiduría y recibió esta información y enseñanzas.

Lo mismo ocurrió con Morelos, en el sitio de Cuautla, donde se establece y se levanta el escudo del águila para México, la campana de dolores como una campana sagrada forjada para generar resonancias que interactúan con la Tierra y que tienen como efectos, abrir nuestra conciencia a la percepción de lo espiritual y de lo divino.

Don Antonio dejó estos planteamientos, esta difusión, desde la perspectiva de su tarea como testigo de 1968, de este nuevo despertar de la conciencia en México, con la interacción de nosotros con los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, en nombre de este personaje femenino llamado Regina, que tiene una biografía muy interesante, donde se narra un poco de la historia de este personaje trascendente y que sigue influyendo en la memoria histórica de México y el mundo.

Me parece que interactuar con Don Antonio Velasco Piña, era interactuar con una fuente inagotable de enseñanzas, de amistad y alegría.

Era también de muy buen carácter, nos reíamos mucho las veces que tuve la oportunidad de platicar y de estar cerca de él.

La figura de Don Antonio Velasco Piña, si algo es relevante en mi memoria para recordar, es que estamos actualmente viviendo el retorno de lo sagrado a la vida de todos los mexicanos, como una manera de llevar este retorno de lo sagrado a toda la humanidad.

A vivir en la conciencia y la percepción de la unidad entre los seres humanos, el espíritu creador, el espíritu dador de la vida y el espíritu mediante el cual hemos recibido el don de la existencia y el don de la conciencia.

Es una enseñanza orgánica, como un tejido que hay que aprovechar en estas enseñanzas que transmitió Don Antonio Velasco Piña.

Si pudiera resumir en una línea o en una frase las enseñanzas de Don Antonio, obviamente lo primero que surgirá es: “El 2 de octubre. No se olvida”.

Por un tiempo me dio por leer e investigar ciertas cosas precisas sobre Antonio, cómo el capítulo de la cárcel de la Luna, es decir, la forma de cómo puede funcionar precisamente la pirámide de la Luna, que aparte estuvo recubierta con una mica que funcionaba como una capa resistiva y permitía que dentro de la pirámide se elevara el voltaje energético para que en determinado momento pueda ser disparado hacia abajo de la Tierra, siguiendo los canales sagrados del cuerpo planetario, y pueda influir, excitar o estimular estados de conciencia.

Por otro lado, la interacción de esa misma pirámide, con estos seres espiritualmente avanzados como guardianes de las tradiciones: zapoteca, olmeca, náhuatl y maya, pero dirigidos o convocados por una Dakini, por Regina, en una fecha determinada y específica como el 21 de marzo, que es el equinoccio de la primavera.

Habla de una posición que tiene que ver con el planeta, con respecto a su movimiento alrededor del sol en esa fecha, en dónde se activa un aparato cósmico llamado la pirámide de la Luna.

Y que además se encuentra al final de la calzada de los muertos, la cual tiene una orientación precisa hacia el Xibalba cósmico y hacia la estrella polar, hacia el norte.

Lo cual también echa a andar la Pirámide del Sol ¡

Antonio nos comparte un vasto conocimiento, él es el testigo, quien observa, el que recrea, el que crea la realidad, el testigo cuántico del mundo.

Entonces vemos que las ciudades en el México prehispánico, tienen su función específica y tenemos qué comprender qué función tienen las construcciones del pueblo tolteca, que tiene que ver con la palabra: osar, que tiene que ver con un estado emocional, que nos ha liberado del miedo y nos permite la osadía de intentar lo imposible.

Todas estas reflexiones se desprenden de los hechos energéticos sagrados ocurridos en el año 1968 en Teotihuacan.

Entonces empezamos a ver el retorno de lo sagrado a través de nuestras culturas.

Con la fuerza del silencio olmeca, como herramienta de intercomunicación de la sabiduría.

La emoción del amor zapoteca, del otro lado del silencio, la gran matriz cósmica; de la otra parte la sabiduría de los mayas, el almacén de datos de información del cosmos y, por otro lado, la herramienta de la acción del osar.

Entonces, los cuatro elementos: la emoción, la acción, la sabiduría y el silencio, se combinan como una herramienta espiritual para cada uno de nosotros.

Antonio Velasco Piña, es como el canal cuántico de Regina, es el testigo que origina que muchos que entran, tanto como él, hayamos recibido esta iniciación luminosa, en el sentido más humilde que se puede expresar.