ENTREVISTA 12
Espíritu Campesino
Enrique Macario
Tiempero
A Don Antonio, la primera vez que lo conocí, fue en una ceremonia a la que me invitó Don Lauro de la Cruz, estaba Masaru Emoto, Emilio Fiel y el Coyote Alberto Ruz. Fue un encuentro como más bien de varios personajes en Iztac.
Yo no estaba tan adentrado en este camino espiritual, sino que recibí la invitación, de hecho, me tocaba trabajar y por alguna razón, estuve ahí, no hubo como tal un acercamiento con él, pero lo conocí, lo saludé y pues tal vez dos, tres palabras, interactuábamos, y ya después pues estuvimos varias veces en la ceremonia que se hizo previa al 15 de septiembre del Bicentenario en el paso de los volcanes.
Cuando empiezo a conocer y saber quiénes son estos personajes, es algo muy impresionante, porque es cuando uno se pregunta qué hago yo aquí o por qué estoy aquí en este círculo.
Entonces, a mí se me hacía muy bonito estar ahí y quien me invitó fue Carmen Meza, amiga de Antonio, subimos allá con Moni Ygotoku a la isla y precisamente hicieron la invitación de que iba a haber esa reunión.
Mueve mucho el saber que todas las personas que estaban en ese momento, en esa reunión, en ese círculo, eran porque tenían algo que realizar más adelante.
Estaban preparando a todos los que estábamos ahí en ese momento, no sabíamos incluso ni para qué, ni por qué estábamos ahí, pero Don Antonio, Don Lauro, Coyote y los demás, ya sabían por qué nos estaban reuniendo.
La gente que llegó en ese momento, ya sabían qué labor tenían que hacer cada uno en su espacio.
Ya con el tiempo desarrollamos esa intuición o esa misión dentro en el que cuando se presentan estas situaciones, pues, simplemente atendemos ese llamado al que venimos a realizar nuestra tarea aquí en este plano.
Yo creo que todos esos mensajes, todas esas citas, pues, están dentro de nosotros.
Nada más estamos esperando que alguien nos las mencione, escucharlas de alguien incluso son ciertos vehículos que se nos presentan para poder llegar a esas reuniones, a esas ceremonias, ahora lo veo de esta manera.
Volví a convivir con Don Antonio en una caminata en Chapultepec, bueno una de tantas, escucharlo hablar…
de hecho Olga me invitó a una charla que tuvo, una de tantas también, fue como ir acercándose un poquito más e irlo escuchando de lo que él hablaba.
Y ya después escucho también esta parte del libro de Regina.
Me prestan el libro y me pongo a leerlo y a través de este y otros libros que me prestan voy ubicando quién es Antonio Velasco, qué hace, a qué se dedica.
Ya en las caminatas, me parece coincidimos también en una en Teotihuacan y así fuimos teniendo esos pequeños acercamientos con él, poder hacerle algunas preguntas y obtener respuestas de su parte, fue algo tan enriquecedor.
Escuchar esa parte de la que él mencionaba siempre, el Despertar de Conciencias, creo que ellos son o han sido los que simplemente con el solo hecho de hablar, de escuchar sus voces, despiertan la conciencia que uno como misión trae dentro y la labor tan grande que tienen que realizar en este plano.
La perspectiva que tengo con todo este movimiento sobre la volcana y el Popocatépetl es que todo esto vino a ser como una revolución, voltearnos el rostro hacia los volcanes, además lo que he notado, es que aquí nosotros, como gente que vivimos a diario cerca de las montañas, a veces se nos hace cotidiano el caminar por esos bosques, el subir a la montaña, recolectar hongos, subir por leña.
A veces se va perdiendo un poquito esa esencia, pero de la manera que lo presenta Antonio, tan solo en sus libros, ocasiona en la gente que vivimos cerca de las montañas se vuelve a reactivar esa esencia que nosotros ya tenemos dentro, de poderlo volver a mirar como lo veían nuestros abuelos, nuestros antepasados y esa parte creo que ha influido mucho a través de ellos, a través de quienes están en estos lugares y danzan, y como mueven esa energía, como las que realizaba Antonio, como las que realiza Laura y todos los guías que tenemos hoy en día.
Para mí son, han sido y van a seguir llegando profetas, porque ellos son nuestros guías, son los que nos van diciendo cómo, cuándo e inclusive hasta en donde actuar.
Recuerdo que en una ocasión allá arriba en el paso de los volcanes, previo al 15 de septiembre del Bicentenario que me tocó estar ahí, también le decía a alguno de ellos:
- “Oigan, aquí en mi comunidad somos cinco mil habitantes, ¿y por qué yo estoy aquí? - le decía, ¿Por qué estoy solamente yo aquí?”
Y me decía él, no recuerdo su nombre:
- “No, no estás solo, mira a tu alrededor, todos nosotros estamos contigo, de todos nosotros te puedes apoyar en lo que tú gustes, en lo que tú necesites, todos somos parte de ti, y tú eres parte de nosotros.”
Precisamente ahí estaba Don Antonio y todo eso que han cambiado, ese despertar de lo que habla él en su libro, en alguno de sus libros, el despertar de la mujer o la comunidad, yo lo concibo como ese recobrar, esa esencia mística, espiritual de la conexión del ser humano que vive aquí en esta zona, recobre esa conexión con la montaña, con los bosques, con los animales, con el agua, eso es lo que nos ha venido mostrando toda esa parte y sí ha ayudado bastante todo lo que ellos han hecho, todo lo que nosotros, poquito, hemos aportado, pero ellos han sido siempre nuestros guías.
Ahora nosotros, en mi espacio veo a la gente que, aunque son pocos los que están sintiendo eso, aún sin conocer a Don Antonio ya los demás guías que estuvieron ahí, nos dejaron esa labor tan bonita, esa energía para nosotros amasarla y poderla distribuir aquí en donde estamos y que se sigue dando ese proceso de despertar de conciencia del ser humano.
Es un hallazgo muy importante de Don Antonio sobre la conciencia que tienen los volcanes, comunicarse con ellos las mismas comunidades, formando una conexión muy cotidiana entre los pueblos allegados a los volcanes, el comunicarse con ellos, hasta les dicen Don Goyito, Doña Rosita, le llevan las ofrendas, ha sido toda una retroalimentación, esa conexión con la Tierra desde que nacimos, nacimos en un petate sobre la Tierra, junto al fueguito, así nacimos nosotros todavía y Don Antonio trae una parte que viene a ayudarnos a retomar esa conexión, para que no se nos olvide pero el también se da cuenta que eso ya no lo tienen en la ciudad, por eso se da esa retroalimentación y se concreta ese equilibrio, en el conocimiento.
Ahora lo que está surgiendo de entrelazar ese conocimiento que traen Don Antonio y los demás con lo que hay aquí, pues son los frutos que se están dando son muy benéficos para nosotros, la gente que se está sumando a las diferentes actividades que se están realizando en el bosque, en la montaña, pues es gente con conciencia, ahora sube la gente a plantar un árbol con conciencia, sube a caminar y lo hace de una manera consciente, suben a recolectar hongos de una manera consciente.
Retomando sus palabras que decía, cada paso que damos es sagrado, una de sus palabras creo que recuerdo mucho es:
“Todo lo que hagamos es sagrado”
“Todo lo que hacemos, es sagrado”
Porque desde que nos levantamos, desde que nos ponemos el primer zapato, ponemos el primer pie en la tierra, empieza a ser sagrado, aquí nada deja de serlo, lo que hagamos es sagrado, entonces, ahora la gente tal vez hasta inconscientemente lo está haciendo.
Cuando yo estuve en esa primera ceremonia con Don Antonio, estaba ahí pero no sabía ni a qué iba, ni por qué iba, pero ahora así lo veo.
Se hacen las peregrinaciones a Chalma, a Cacaxtla, a la Basílica, la gente va y muchos dicen pues voy porque me gusta, pero nosotros quizás ahorita ya sabemos realmente por qué lo están haciendo, porque son caminos sagrados, son caminatas sagradas, que nuestros antepasados las hicieron y cuando ellos hacían una caminata, ellos sabían la energía que se mueve en esas caminatas.
Recuerdo alguna de las primeras caminatas que hicieron de Cholula a la Basílica, Fernando y su amigo llegaron a la casa a preguntarme:
- “Oye, nos podrás recibir aquí en tu casa porque vamos a realizar una peregrinación adelante”
De esa forma nos permiten a Olga y a mí acompañarlos y tal vez mostrarles un poquito de cómo aprendimos nosotros con Antonio, con Lulu, con Toño Olivera cómo caminamos y nosotros sin saber que sólo íbamos nada más a acompañar a las caminatas a Don Antonio, sin embargo, él nos estaba instruyendo para nosotros compartir con alguien más y decirle, así se camina.
Creo que muchos de nosotros, tenemos ya esa semillita adentro y lo que escuchamos, lo que vemos, pues es nada más para irla moldeando para que germine y vaya creciendo y el día de mañana de ese fruto.
Y el libro de Regina precisamente, para mí, en lo personal, pues el impacto que generó creo que fue ese despertar en mí, esa parte que ya estaba y con las letras, con lo que menciona ahí, con los viajes que hace, es un libro impactante porque te lleva hasta el lugar, hace que te imagines cuando están en la cueva con el Lama Rinpoche.
Antes yo sentía pena de caminar hacia un lugar, llevar flores, digo, la gente aquí del campo tenemos otra manera de vivir, otras costumbres y un hombre llevar flores, ir vestido de blanco hacia una ceremonia, pues era un poquito complicado, no por lo que uno sentía, sino por el qué dirán.