ENTREVISTA 11 #2
Así mismo, para mí esto es parte de la historia con Don Antonio, es parte de lo que él reconecta, lo que él está aportando, pues creo que primero dejó una puerta muy abierta hacia sentirnos orgullosos de estar aquí, sentirnos orgullosos de ser planetarios y poder limpiar nuestras miradas del odio, del recelo y ver las cosas en su dimensión sagrada.
Todo tiene una dimensión absolutamente sagrada.
Si la sabemos ver, entonces hay que abrirnos a encontrar lo sagrado en cada momento, es lo que nos acerca a hacer lo que él define como auténticos mexicanos.
Hago una pequeña pausa, por ejemplo, como parte de su legado en esta caminata.
Cuando hicimos la siguiente caminata al otro año (2022) con el propósito de regresar la energía que se había movido.
Porque se nos dijo: —que era prudente hacerla de vuelta—, ya que se movió la energía y llegamos hasta el Templo Mayor y también a Tlatelolco, gritando: ¡Méxhico…
Méxhico y luego en voz baja dijimos Meeexhhiiiicooooo!
Cuando platicamos con algunos maestros sobre esa caminata antes de hacerla les dijimos: —Estamos pensando hacer la ruta de regreso para el próximo año, para conectar con la energía de vuelta y limpiándose el canal, ¡muy buena idea!, dijeron, y vamos a pasar a los volcanes de regreso en el 2022—.
Así fue como llegamos. a los volcanes en el 2022, a una casa de unas personas que nos abrieron su patio para que pudiéramos acampar ahí y encendiéramos nuestro fueguito. A la hora de despedirnos, me dicen:
—¿Alguien quiere compartir la palabra?
Vienen a mí estas palabras de agradecerles a ellos su hospitalidad, su generosidad, su apertura, y les digo:
—Desde lo que yo entiendo, los hace a ustedes, auténticos mexicanos, porque están ustedes conectando a través de la energía del corazón, permitiendo nuestro paso con amor y el águila que representa el espíritu baja hacia la tierra y la serpiente que representa la Tierra, sube al mismo tiempo y ustedes desde su hogar, son parte de este flujo que permiten al recibirnos como peregrinos… Y se pusieron a llorar.
Fue algo muy bonito, sentí como Don Antonio estuviera dictándome: «Recuérdales lo que es ser un auténtico mexicano». Y cuando se los dije, conectó algo en ellos y así que, el auténtico mexicano puede estar en cualquier lugar, nos hace parte de su legado.
Finalmente, pasé de un rechazo a la identidad como mexicano y, además, a sentir que Meexxhhiicoo, es una sílaba sagrada.
Son sílabas sagradas que me conectan con una espiritualidad, con una hermandad, también creo que eso también es parte de su legado, lo que hace con el movimiento del 68, que se guardó en muchos corazones.
Poder interpretar la historia como algo sagrado y poner en lugares importantes la energía mexica, la energía de Tlacaélel, pero también al mismo tiempo la energía con Cortés.
Es importante conectar con la parte sagrada, para mí, de alguna manera, ahora en mi corazón tengo a Tlacaélel, Moctezuma, a la Malinche y tengo a Cortés, empiezo a sentirme súper orgulloso, porque aquí empezó una mezcla planetaria importantísima.
Aquí finalmente se conectaron todas estas conciencias, para empezar a vivir un solo corazón y tanto Cortés como la Malinche, Moctezuma, todos eran parte de Méxhico, todos eran auténticos mexicanos, que estaban buscando hacer esta conexión desde su ignorancia, con las limitantes y misión que cada quien tenía, porque el universo es perfecto «también, lo aprendemos con Don Antonio», y creo que, lo más importante de su legado: Es conectar con lo sagrado, recordarlo que está en todas partes, en todo momento, que lo podemos hacer en cualquier lugar, puede ser en tu casa «como que desistí de esas grandes hazañas», para decir: —aquí con tu hijo, sé un auténtico mexicano, aquí con tu hijo, con tu ahijado, con tu mamá.
Así que, gracias a esto tiempo después, cuando ya había fallecido el maestro, me invitó Mónica Ygotocu al cuarto de Regina, estuve ahí como por tercera vez y me compartió cosas muy bonitas, me dijo que: — Don Antonio estaba hablando a través de ella—.
Me dio un agradecimiento que me hizo llorar y me dijo algo que elijo ponerlo en mi corazón que: —Don Antonio y yo siempre habíamos sido maestro y discípulo desde hace varios años—.
«Incluso habíamos sido monjes en la pirámide en algún momento y por eso nuestra conexión se hacía fuerte en la pirámide de Cholula».
Por consiguiente, ya no estoy en las grandes acciones, pero quiero continuar un poco cuando me siento discípulo de él, o cuando siento esta conexión que Mónica nos hizo, me lleva a otra misión, aun sin estar él sigue guiando cierta visión y yo busco esto que empecé a aprender con él y que ahora lo voy viendo desde un lugar diferente, que es recuperar lo sagrado de nuestra historia, los altos valores que vienen en un montón de formatos, que nos permitan ser lo que realmente podemos ser, creo que México tiene un potencial increíble, pero nos tenemos que volver a contar la historia para recordarla, es decir, pasarla por el corazón y entrar en el estado «no el más elevado», porque siempre tendremos errores, pero sí algo más cercano a esas alturas a las que podemos volver a llegar, mucha riqueza cultural.
En conclusión, ni uno de esos pasos los hubiera dado yo, sin los libros de Don Antonio, sin haberlo conocido y que me hubiera dado esta palabra de: —¡Ándale!
¡Síguele!… ¡Y vete por allá!—. Y ya en la ceremonia él no pudo estar, pero sí nos acompañaron maestros de muchos lugares, gracias a esta apertura que Don Antonio, él también en los videos invitó a la gente, dijo: —Súmense a esta convocatoria y vamos a hacer un acto de sanación por México—, «uno entre miles, pero que igual de importante que las gotitas del Océano… ».