ENTREVISTA 10
Caminando juntos: La última firma
César Daniel González Madruga
Escritor Ambientalista
A Toño lo conocí por medio de sus libros, recuerdo que, en la preparatoria, el primer libro que leí de Toño fue “El círculo Negro”, me hizo comprender con otros ojos los amarres de la política mexicana.
En esa época Toño era politólogo, daba clases en la facultad de ciencias políticas y era muy conocido.
Ese fue mi primer acercamiento que recuerdo.
En una etapa de mi vida, cuando estaba en búsquedas más espirituales, leí el libro de “La mujer dormida debe dar a luz”, con prólogo de Toño, deseaba generar alianzas para promover la ley de los derechos de la Madre Tierra, hacer congresos para unificar a la humanidad, juntar gente de todo el mundo que viniera a hablar de temas, de despertar de la conciencia, fue cuando coincidí con Toño Velasco Piña, nos refirió en su momento a Gerardo Said, lo invité a comer, a partir de ahí se fue formando un vínculo muy especial, fui su alumno y me atrevo a decir que fui uno de sus mejores amigos en los últimos años de su vida.
Nuestra amistad fue más como de apapacho.
Tuve la oportunidad y la dicha de que me diera clases particulares, nos íbamos a su despacho y leíamos algunos de sus libros: “Regina”, “Tlacaélel”, “En la guerra”, “El retorno de lo sagrado”, entre muchos más.
Antonio me ayudó a forjar mi criterio, el planteamiento de mis propuestas para la dialéctica de mis discursos, tener más solidez de argumentación y sobre todo afirmar mis creencias.
Hicimos un chorro de locuras juntos, me invitó a participar en varios eventos.
Recuerdo que en algunas marchas y caminatas que no podía asistir Antonio, como por ejemplo a Chapultepec, cuando fuimos a saludar al sargento, él no pudo asistir y yo realice los mismos recorridos que él nos había enseñado con el espíritu profundo de la mexicanidad y todo lo que nos enseñó Toño.
En la actualidad sigo llevándolo a cabo.
Toño estaba muy interesado en el tema de Ciudad Juárez, Chihuahua, el cual siguió de manera muy puntual sobre las muertas de Juárez y toda la guerra espiritual que se suscitó durante ese tiempo.
Aquella información que recopiló Toño la podemos encontrar referida en otro de sus maravillosos libros, el cual tituló “El retorno de las águilas y los jaguares”, ese libro es prueba fiel de lo que pasó, fue completamente cierto y en ese lugar hay un trabajo espiritual envuelto de una corriente de defensa del feminismo.
Debo mencionar que cuando Toño fue a Ciudad Juárez, lo acompañe, ya tenía una edad avanzada, ya se encontraba enfermo e iba con bastón y a pesar de todo yo lo veía como un roble.
Una de las pláticas que recuerdo, fue cuando me contó sobre el banco y el fraude que le tocó vivir.
Los ahorros de su vida con los que tenía pensado retirarse, se los habían quitado.
Quienes lo conocieron sabían que era muy previsor en todo y por supuesto sobre su retiro económico.
Lo iba a administrar él mismo a través de una cuenta que tenía en el banco y fue en el periodo de la pandemia cuando le vaciaron su cuenta dejándola en ceros, fue a reclamar inmediatamente al darse cuenta, pero el banco solo le dio largas, sufrió maltrato y esta situación le provocó frustración y enojo, para colmo al salir del banco se cayó y nadie lo ayudó, vuelvo a mencionar que Toño ya traía la enfermedad.
Dicho incidente con el banco duró más o menos como dos meses, solo le daban largas y nada se solucionaba, a pesar de que se levantaron denuncias, pero las oficinas de gobierno no dieron respuesta, ya sabes ¡México mágico!
Entonces, fue cuando se le ocurrió a Toño clausurar el banco de manera simbólica.
Le pidió a Océlotl, un amigo y a Colibrí, mi esposa que siempre me acompañaba en todas las anécdotas que cuento ahora, organizar a un grupo de danzantes y sahumadoras en poco tiempo, pues fue de un día para otro, para que apoyaran en la protesta de nuestro amigo afectado.
Los pocos que acudieron de corazón al llamado, se reunieron de manera muy discreta con Toño.
Recuerdo que ese día, acompañé a Toño al interior del banco para nuevamente reclamar con mayor contundencia, que notarán que él no estaba solo y no íbamos a permitir que le hicieran fraude.
Estuvimos esperando al menos una hora en un banco vacío, pues había pandemia; el gerente, se notó que no nos quería recibir con el pretexto de que estaba en una llamada por Zoom.
- ¡Qué imprudencia tener sentada, más de una hora, a una persona de la tercera edad, enferma y esperando en un lugar vacío!
- La verdad me dio mucho coraje esa situación y siendo sincero me salió el chahuistle, me levanté y fui a meterme a la oficina del gerente del banco y recuerdo que me dijo:
• “Señor no puede pasar, estoy en un zoom” -
Le respondí:
• “Pues que bueno, para que todos los que están en el zoom, sepan que tú eres un ladrón, un corrupto que nos estás haciendo aquí esperar…”
El tipo, como pudo apagó la computadora y en ese momento entró Toño también a la oficina y solo así, fue como el gerente empezó, según a investigar, moverse de un lugar a otro, entraba y salía; nosotros no nos movimos para nada, pero notó en nuestros rostros la gran molestia, que terminó por decirnos que, teníamos que esperar, que tenían que enviar papeleo a un lugar y que era un proceso largo como de tres meses, sin embargo Toño dijo que no se movería de la oficina, hasta que no le resolvieran o clausuraría el lugar, fue en ese momento que entendí para qué eran las sahumadoras.
Toño le pidió a Colibrí que se metiera con las sahumadoras y el copal prendido, entonces empezaron a sahumar el banco, se inició con el saludo a los cuatro rumbos:
• “…al rumbo del Oriente le pedimos a Quetzalcóatl que venga a clausurar este lugar de corrupción, de robo, de maltrato a los adultos mayores…”- rumbo por rumbo.
De pronto se escucharon sonar las alarmas, imagínate las de fuego, las de seguridad, un escandalero.
Lo más sorprendente fue que nunca llega la policía a tiempo, pero ese día llegó inmediatamente, los policías se encontraban afuera listos para sacarnos a macanazos.
Hasta atrás se quedó una de las sahumadoras, quien estaba grabando y les empezó a decir a los policías, explicándoles la situación:
- “… mire le hicieron esto y le vaciaron su cuenta…”
Y una de las policías le contestó:
• ¡A mi tía le acaban de hacer los mismo!
Y se detuvieron los policías, nos dejaron terminar de hacer el ritual, Toño iba con bastón, ya le costaba trabajo caminar, los policías fueron hacia nosotros dos para ayudarlo a bajar y acompañarlo hasta su carro.
Al día siguiente, yo seguía pensando cómo hacer aún más borlote al banco, me acuerdo que íbamos en el carro y Toño venía bien divertido, pero como si hubiéramos salido de un standupero, risa y risa; yo todavía le fui contando mis planes maquiavélicos y él me respondió:
• “…créeme que esto jamás se les va a olvidar”
Pasó un día más y yo seguía planeando, cuando me marcó Toño y me dijo:
• “Oye, ya me devolvieron todo mi dinero”
¡Santo remedio! ¿no? Posteriormente saqué una columna, más que mencionando al banco, alertando a toda la gente que tengan familiares, como adultos mayores, cuidado con este tipo de fraudes.
A las personas de la tercera edad hay que cuidarlos, apapacharlos y saber que este tipo de cosas pasan y no dejarnos.
Con todas esas anécdotas maravillosas que viví con mi querido Toño, puedo decir que el legado que me dejó es el asumir estoicamente; con responsabilidad de lo que uno se sume con el compromiso del espíritu mexicano, donde al encontrarlo decir: ¡sí, protesto!
Porqué requiere de valores y seguridad para enfrentar escenarios de guerras casi perdidas y es un compromiso muy especial de vida al que te entregas.
Otra anécdota, yo realmente empiezo a caminar de forma empírica con el libro de Paulo Coelho, pero después cuando conozco a Toño, comienzo a caminar con más significado, las caminatas para mí, son una forma de practicar mi espiritualidad y puedo tardar diez días, no quiero dejar de caminar y no paro, es mi forma de conectar, además de preparar mi cuerpo de forma física, mental y emocional para determinadas caminatas que hago durante el año.
Y eso fue porque lo empecé con Toño, tras muchísimas caminatas le decía, ahora voy a caminar por todo el país, Toño, ¿Cómo vez? :
• “¡Muy bien, muy bien!”
Finalmente, en mi lápida tengo muy claro que quiero que diga: “Peregrino” y eso lo aprendí andando con Toño.
La última vez que vi con vida a Toño, me regaló el libro “Amor y destino en Palacio Nacional” que habla de su historia cuando caminaba por amor, para conquistar a su esposa.
Cada vez que me regalaba un libro, le pedía que me lo autografiara.
Tengo todos sus libros autografiados con algún mensaje dedicado y le pedí lo mismo y me dijo:
• “No, lo platicamos cuando lo hayas leído y ya te lo autografió…”
Me llevé el libro a casa y la siguiente vez que lo vi, fue cuando lo iban a incinerar…
Lo más triste fue que no se llevó a cabo un funeral normal, debido a la pandemia de COVID 19, nos costó encontrar una funeraria y solo lo podíamos ver a través de unas vitrinas por unos cuantos minutos, llorarle y avanzar porque no debíamos tardar.
Estuvimos muy pocas personas presentes, Alberto no pudo asistir, ya que también se encontraba delicado de salud, pero para él era muy importante y le pidió a Vero llevar el bastón de Regina, para que lo acompañará el día de la incineración.
Así le toco en ese tiempo a Toño irse y ahí fue donde nos despedimos.
Como a los 15 días del fallecimiento de Toño, me
caí de una altura de aproximadamente 7 metros, me rompí siete huesos.
¡De milagro no me maté! Me la pasé 3 meses en cama, sin saber si volvería a caminar Y yo que quería morirme como peregrino ¡y el doctor me dice: - “no sé si vuelvas a caminar”-, pues eran depresiones muy fuertes, además de los dolores.
En ese momento agarré el libro de Toño “Amor y Destino en Palacio Nacional”, fue bellísimo, como tener a Toño junto a mí, pues ese caminar por su esposa a lo largo de México, llegar a Colombia, cruzar por Panamá por amor, era como caminar con él y decir: - “Aunque ahorita no puedo, el amor me va a sacar de esta también”-