ANTONIO ENTREVISTA 5 #2
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ENTREVISTA 5 #2

—¡Ay Dios mío! Esta florecita de cuatro petalitos con un circulito ahí adentro ¿Pa´ qué la voy a observar? Pues es una flor verdad «¡Y si, veía la flor y de a poco fui entendiendo la cuatridad, los rumbos y las estaciones!».

—Porque de eso se trata esta flor y de todas las culturas del mundo.

Y era así como me decía:

—Ahora vas a repetir este mantra: «siguiendo sus instrucciones de Tara, porque Tara era muy importante para Regina» Om Tare tu Tare, Ture Soha…

Poco a poco fui comprendiendo y cuando Antonio publica el libro de Regina, dos de octubre no se olvida. ¡Me cayeron muchos veintes! Escuchar a Juan y Antonio hablar, para mí fue verdaderamente un privilegio estar sentada oyéndolos a los dos. Cuando Juan muere, Antonio me dice:

—Bueno ¿por qué no mejor te vas con Nicolás y Helena a vivir a la India, a estudiar, ya Nicolás y Helena tienen el permiso del Dalai Lama para estudiar artes escénicas del Tíbet.

—No, no, no, a mí no me metas en eso, yo ahorita estoy en mi duelo, se acaba de morir Juan, yo no quiero viajar a ningún lado…

Recuerdo que llegó un día al departamento, donde vivía con Juan, se sentó y me dice:

—Haber Ana Luisa, prepara un té…

—Nomás tengo de manzanilla.

—Pues es el que me gusta y es el único que tomo, quiero té de manzanilla.

Y sí, siempre pedía té de manzanilla, entonces le preparo el té y dice:

—Bueno, mientras yo me tomo el té, vas agarrar una escoba y vas a barrer la alfombra.

Yo nomás obedecía, sí él me decía, ponte de cabeza yo lo hacía, pero me decía:

—Tienes que cambiar toda esta percepción, tienes que vivir tú duelo, pero al mismo tiempo, tienes que cambiar la percepción, yo creo que no hay cosa más dura y dolorosa en este mundo que perder a tu compañero de vida o a tu compañera de vida «Y de repente corrigió».

Bueno, si se te muere un hijo, es lo más duro…

Y a él le pasaron las dos cosas, se le murió su hijita y su Gabi, realmente fui testigo de su gran dolor. Entonces me dijo:

—Te vas a ir a partir de mañana, durante no sé cuántas semanas, si puedes diario bien y si no, lo más que puedas, vas a ir a hacer tu caminata y te vas a ir a visitar a la Virgen de Guadalupe y le vas a llevar su lucecita a Juan y allá vas a ir, si puedes diario.

Pues así lo hice y realmente fue un duelo muy luminoso, la ausencia aparente de Juan se convirtió en compañía silenciosa y entendí que la muerte como tal no existe.

Yo tendría entre 30 y 32 años cuando esto ocurre, finalmente hablando con él me convence, pero además ni me pidió permiso.

Antonio envió una carta membretada que decía: Asociación de amigos del Tibet.

Mandó la carta al Secretario del Dalai Lama y le dijo: —que no iban a ir nada más Nicolás y Helena, sino que también iba yo, que si me concedía el permiso de llegar hasta allá con ellos— y el Secretario del Dalai Lama dijo: —que sí, que con mucho gusto—, me enseñó la carta:

—Ya estás aceptada, ahora te toca viajar con Nicolás y Helena.

—Es que todavía no me siento preparada…

—No importa, allá vas a terminar de prepararte, allá va a pasar todo lo que más quieras que pase, ahorita ya vete.

Así era Toño, no le daba mucha importancia «aparentemente» y claro que le daba importancia y ahí están las cartas que nos escribimos durante un año de estancia en India en McLeodganj, en Dharamsala.

Durante un año estudiamos una danza sagrada que se llama Citlalmina, una danza tibetana que se hermana con una danza mexicana.

Antonio nos hizo crear lazos entre México y el Tíbet.

Con su ejemplo y sabiduría nos hizo amar a nuestra nación México, recuperar nuestras raíces y deshacernos mentalmente del colonialismo europeo del cual había estado secuestrada desde que nací.

También, a través de Antonio conocí y participe de las danzas concheras, en las velaciones viví todo un universo de religiosidad profunda.

Eso fue durante siete años. Por meses sino por años, estuvimos estudiando tambor con “Pera” Esperanza Martínez, capitana de los concheros de la mesa del Santo Niño de Atocha.

Pera quería muchísimo a Antonio, tenían una muy buena relación y siempre apoyó llevando la danza conchera en los peregrinajes que hacíamos de Tlatelolco al Zócalo.

Además, Antonio fue un experto en tejer círculos de nueva mexicanidad.

Intuía como reunirnos y hacer comunidad de diferentes temas y actividades.

Era un sembrador de auténticos corazones y nos tejía amorosamente para que nos conociéramos.

Y también sabía quién tomaba el camino del ermitaño o la soledad.

Él nunca te decía lo que tenías que hacer, él te mostraba y de repente te decía:

—Bueno, pues estaría bien que, pues que te fueras a visitar la zona Olmeca y después la zona Maya, y después la zona Zapoteca, luego que también visiten aquí, Teotihuacan, Tula, Xochicalco...

Mi hermano Ernesto y yo, por años recorrimos las rutas mexicanas a las que nos enviaba Antonio, caminamos en silencio todos esos lugares sagrados llenos de poder y que sostienen puntos/espacios sagrados del planeta, eso es bien importante para nuestras conciencias, nuestro conocimiento, para hacérselo saber a las generaciones, saber en qué territorio estás parado ¿Cuál es tu tierra?

, ¿Cuál es tu territorio?, ¿Está vivo?, ¿Está muerto o dormido?

, ¿Cómo le haces?, ¿Por dónde caminas?, ¿Por dónde entras?

Y Toño se las sabía de todas. Por ejemplo, yo de niña iba muchísimo a Palenque, pero íbamos muchísimo, pues Palenque está a una hora de Villahermosa y me acuerdo que llegábamos a jugar, nos poníamos a jugar de niños con los lacandones y ahí estaba un abuelito que fue muy famoso, el abuelito Nakin, yo llegaba de niña, me sentaba en sus piernas, él se ponía a hacer sus flechitas, jugaba y él me hablaba en lacandón, pero todo era como si fuéramos una sola familia, él ya nos conocía desde niños, entonces entrábamos a Palenque, nos bañábamos, ahí en los baños de la Reina, donde aprendí a nadar y entonces un día Antonio me dice:

—Pues qué bien que conozcas Palenque, pero yo te voy a enseñar a entrar a Palenque, te voy a decir cuál es la puerta de entrada, y qué es lo que tienes que hacer y por dónde tienes que caminar hasta llegar a donde sale el Sol en el templo de las Cruces.

Palenque es un lugar de renacimiento y de despertar de la conciencia con sus manantiales.

Por otro lado, hay muchos misterios alrededor de Antonio.

Había un tal Manuel que dicen fue su maestro, pero yo nunca lo conocí, luego está Don Carlitos, el guardián del Bosque de Chapultepec y Don Domingo Díaz Porta.

Su amigo más cercano fue “Paquito” Francisco Lerdo de Tejada.

Me atrevo a decir que tenía una gran intuición y era guiado por maestros invisibles de otros tiempos.

Su labor fue grande, así como grande su corazón.

Luego, cuando regresamos de la India ya había salido el libro de Regina…

, estuvimos en la presentación en el Palacio de Minería.

Enseguida, se hizo muy famoso y se convirtió en un Best Seller, vino a remover y cambiar la conciencia de los mexicanos despertando nuestras conciencias y amor por Méxhico.

No obstante, el libro tuvo muchas críticas en contra, pero aparecieron muchos lectores.

Era un texto que ya necesitaba México para despertar, Regina…

es un libro que México necesitaba para despertar y ahí está Tlacaélel…

, que es un libro que ya se lee en las escuelas, en las secundarias.

Toda su obra se despliega en el camino que nos ayuda a despertar, ser mejores mexicanos y seres en este planeta.

Otro punto es, bueno quiero recordar algo que vivimos cuando empezábamos a trabajar con él, fue en la casita de Regina, en Aldea de los Reyes, esa experiencia fue única, fuimos un grupo chiquito, en ese grupo también iba Juan, Nicolás y Helena, creo que un amigo nuestro, pero no estoy segura que se llama Héctor Soriano o Jaime Soriano, no sé cuál de los dos, pero llegamos a la casita donde nació Regina y no dormimos en toda la noche, no había luz y medio nos alumbramos con unas velas que estaban por ahí… y entonces nos dijo Antonio:

—Bien, pues vamos hacer un trabajo…

Nos dio una carta y nos preguntó que: si fuéramos hombres ¿cómo nos llamaríamos? y si fuéramos mujer ¿cómo nos llamaríamos? Entonces escribimos en un papel, durante unas horas nos comportamos y actuamos como si fuéramos de ambos sexos:

—Entonces ahora las mujeres van a hacer un trabajo de varones y los varones van a hacer un trabajo de mujeres, se van a separar, cada quien va a hacer sus trabajos iniciáticos y luego van a venir acá y van a poner el nombre que les llegue de cada uno de sus trabajos.

Yo sentía que estaba viviendo en un cuento de dimensiones fantásticas, todo era asombroso y lo hacía con el mejor empeño.

Luego, nos mandó a dormir un rato a un panteón que estaba cerca de la casita, para que trabajáramos la impermanencia, recuerdo que era noviembre y recién había pasado el día de muertos, porque las tumbas estaban adornadas de flor de cempaxúchitl y hacía mucho frío.

El panteón estaba luminoso como en mi vida he visto un panteón y ya ahí escogí una tumba, le pedí permiso al muertito sepultado y me quedé acurrucadita encima de la lápida «pues me mandaron hacer esto con permiso».

Después, volvimos a la cabaña y nos dio la tarea de estudiar en contemplación el Quincunce (la flor de los cuatro vientos), la piedra del Sol y nos compartió dos mantras: el de “Tara Verde” ´Om Tare Tu Tare Ture Soha´ y otro que visualizábamos en tres colores, blanco, rojo y azul, Om Ah Hum.