ENTREVISTA 5
Sembrador de auténticos corazones
Ana Luisa Solís Gil
Escritora
Cuando Juan terminó de leer el libro, lo cerró y salió.
Yo esperaba con ansia que el lo terminara para poder leerlo.
Resulta que Antonio tenía su oficina de trabajo a una cuadra de donde vivíamos; Juan fue a buscarlo y lo conoció; Juan era actor y trabajaba en el Taller de Investigación Teatral de la UNAM, junto con Nicolás Núñez su hermano, mi hermanita Helena Guardia y otros miembros del Taller.
Juan invitó a Antonio a un ensayo del Taller en el Espacio Escultórico del Centro Cultural de la Universidad Nacional de Autónoma de México.
Yo comencé a leer el libro... Cuando Juan regresó de conocer a Antonio, me dijo:
—Conocí al autor, lo invité a un ensayo ¡Es un ser maravilloso!
Juan y Antonio hablaron por mucho tiempo, platicaron horas, realmente mi relación con Antonio comenzó cuando ellos se hacen muy amigos.
Una tarde Antonio llegó al Espacio Escultórico a ver el trabajo ritual de Tloque Nahuaque que estábamos haciendo en ese mágico lugar rodeado de piedras volcánicas que es el Espacio Escultórico.
Yo estaba trepada arriba de uno de los túmulos que marcan los cambios de estación leyendo Tlacaélel…
y de repente lo vi venir a los lejos, vi a un señor flaco, alto, delgado, con un suéter de Perú.
Conocerlo aquella tarde fue un momento memorable en mi vida.
Cuando llegó todo el equipo del taller de investigación teatral lo saludamos, nos presentamos y ya a partir de allí empieza una vida nueva para mí, si bien ya era interesante todo este ambiente del teatro ritual, todavía hoy por hoy, ya casi son más de 40 años, fue un antes y un después la llegada de Antonio a mi vida, nos hicimos muy cercanos y amigos.
Luego, comenzaron las enseñanzas de Antonio.
Nos invita a llevar a cabo una serie de estudios sobre la historia sagrada de la humanidad «Antonio era y sigue siendo como mi padre de otros tiempos».
Nos dejaba leer libros, investigar, nos invitaba a unas sesiones que se hacían cada ocho días en una casita por la colonia Roma, allá nos veíamos, los martes.
Su gran amigo de entonces y de siempre «ya estarán juntos en el cielo» “Paquito” Lerdo de Tejada, fue muy importante en la relación que tuvimos con Antonio y Paco también se integró al trabajo del Taller de Investigación Teatral y por años hicimos caminatas, ceremonias, reuniones y meditaciones juntos.
Por los años 80’s, se sentía que pasaban muchas cosas en México, era como un nuevo tiempo, después del 68, había una inquietud de un despertar espiritual.
En la ciudad había dos restaurantes vegetarianos, uno que estaba en la colonia Roma y otro que estaban en el centro de la Ciudad de México, ahí nos encontrábamos también para comer y hablar sobre el despertar espiritual.
Era como un pequeño boom, pero se podía observar que era exponencial, había una librería esotérica, Juan y yo estábamos leyendo, estudiando y redescubriendo el México profundo, justo en ese tiempo conocimos a Antonio.
Lo veíamos con mucha frecuencia, nos visitaba y venía a nuestras casas, venía a comer, nos íbamos a caminar, nos platicaba de Regina, que era una Dakini mexicana, nosotros todavía no entendíamos mucho toda la historia que traía encima.
Antonio nos hablaba del despertar de México, del despertar de la conciencia, lo importante que era caminar de una manera sagrada.
Nos hablaba de cómo la historia de la humanidad tenía una visión que se conocía poco, la visión de la historia sagrada de la humanidad, que no era una historia horizontal con datos y números de mil y tantos a mil y tantos antes de Cristo, después de Cristo, sino que había una historia sagrada de la humanidad que nos llevaba a una verticalidad cósmica, en donde el planeta estaba involucrado con el cosmos, que todo era consciente, todo estaba vivo y que nosotros formábamos parte de ese, como decíamos entonces: —Formamos parte del caldo cósmico de la vida.
Sobre todo, estábamos muy activos, estudiando las leyendas y el conocimiento profundo de México, de Quetzalcóatl, el Nahui Ollin (la Flor de los Cuatro Vientos), Tloque Nahuaque, era toda una vorágine de cosas que hacíamos en el Taller, donde se iban apareciendo los mitos, los ritos, las leyendas, las ceremonias, los nictémeros (velaciones) mucho trabajo también con Octavio Paz y su poema Piedra del Sol, mucho trabajo con ciertas antiguas lecturas que nos abrían cada vez más la conciencia y también mucho trabajo participativo de ir a ciertos lugares a conocer personas, lugares a donde nosotros abrevábamos de la sabiduría de esos seres que íbamos conociendo en el camino y Antonio formó parte de todo ese mundo que abría cada día más mi corazón.
Desde entonces supe lo que era que te doliera el corazón por la sabiduría ancestral.
Definitivamente fue el padre, amigo, guía y flecha de mi crecimiento espiritual.
También se convirtió en el asesor principal de los montajes que hacíamos en el Taller, él estuvo muy involucrado con nosotros por muchos años, yo a su lado siempre, hasta en los últimos meses de vida.
Por otra parte, conocimos el rostro sagrado del Bosque de Chapultepec, como nadie lo conocía antes, nos enseñó a caminar por el bosque, nos hablaba de la escuela de Flor y canto, de la puerta prehispánica del mercado de las Flores.
Nos mostró la ruta sagrada de Teotihuacan, entender porque era una ciudad sagrada y cómo presentarle nuestro respeto.
Me acuerdo que decía que Teotihuacan era una ciudad viva y muy importante, en ella se reflejaba además de la cultura Maya-Tolteca, se podían conocer y observar tres instancias: Teotihuacan como una universidad de alto conocimiento, ahí llegaban los seres a despertar la conciencia y tener un contacto auténtico con todo lo que existe, incluyendo el cosmos, por eso le dicen La Ciudad donde los Seres se hacen Dioses.
En un primer nivel, era una universidad.
En un segundo nivel, Teotihuacan como una caja de resonancia, toda una ciudad musical, era ecoica, contenía ecos secretos de otros tiempos, cantos, música, armonía por lo mismo que constituye una geometría sagrada.
La Ciudad de Teotihuacan aparentemente no se oye, pero todo el tiempo está resonando, vibrando.
Ahora sabemos que los ecos ancestrales están vivos y resuenan todo el tiempo, aunque con nuestros oídos cotidianos no los escuchamos.
El tercer rostro de Teotihuacan «nos platicaba Antonio», es que era una ciudad cósmica, un lugar en donde realmente los seres podían entrar y salir inter dimensionalmente a muchos lugares, arriba en los cielos, con los seres de las estrellas y los lenguajes cósmicos de la creación.
Todo lo que nos platicaba Antonio era para mis oídos y mis ojos, palabra viva… provocaba que todo mi ser vibrara al escucharlo y me decía a mí misma: —¿Quién hizo este ser? ¿quién es— A veces me contestaba… un enviado...
Yo no dejaba de dar gracias a Dios que me lo hubiera puesto en mi camino, porque todos estábamos igual vibrando y resonado con su sabiduría.
Juan fue muy cercano a él y si nos visitaba mucho, estuvo cerca de nosotros y nos acompañó en la transición de Juan hasta que dejó su cuerpo y se fue al Sol «Eso fue en 1985».
Se debe agregar que, una de las cosas que hacíamos con Antonio fueron las caminatas por las rutas sagradas dentro de la Ciudad de México, en Chapultepec, las del Tepeyac a Tlatelolco, de Chapultepec al Zócalo y de Tlatelolco al Zócalo, para él era muy importante que camináramos en silencio Olmeca, es decir, en silencio interior y de una manera sagrada para reconectarnos con las energías de la Tierra, las energías del Cosmos y despertar esas energías que recorren las venas de nuestro planeta.
También nos hizo conscientes de que México era un punto geográfico muy importante para el despertar de la conciencia de la humanidad.
Además, nos contaba de Regina antes de que terminara de escribir el libro, nos contaba y nos dejaba asombrados:
—Regina subió la pirámide cuando llegó.
Pero bueno Regina venía del Tíbet y yo le decía:
—Antonio ¿quién es esa Regina? ¿de qué estás hablando?
—Pues mira, es una historia muy larga, llevo muchos años escribiendo, pues es la novela que me encargaron escribir, porque fui testigo de su vida, pero no la he podido terminar porque es un trabajo muy grande.
—Antonio ¿cuánto tiempo llevas escribiendo esa novela?
—Pues ya voy para los 19 años.
—Prométeme que ahorita mismo llegas y le pones punto final en tu casa, acábala ya. Porque yo quiero saber muy bien de qué se trata toda esta historia de Regina la Dakini mexicana.
Así mismo, en esa época nos invitaba mucho ir a los volcanes, platicábamos mucho con él de nuestras vidas, quienes éramos.
Antonio se interesaba mucho por saber quién eras, qué hacías, qué te interesaba, no era un ser curioso, era un ser bondadoso, que realmente se interesaba por la vida del otro.
A veces pensaba: «que bien me hace sentir la presencia de Antonio», porque me hace formar parte de algo que no se ni que es, me siento cobijada con él, me siento bien y me hace formar parte de algo que está en los territorios de los mundos invisibles, por explicarlo de alguna manera.
Además, nos hablaba mucho de las edades de la humanidad, ya sabemos las etapas de la humanidad.
La etapa de oro, heroica, humanista y de rebaño.
Fue muy revelador cuando nos hablaba de las culturas más importantes de México: Olmeca, Maya, Zapoteca y Náhuatl desde el ombligo Tolteca.
Nos orientaba para que aprendiéramos el arte de la contemplación como el códice Borgia, el calendario Solar, el Nahui Ollin...
—Vas a ver/contemplar muy bien esta florecita y ahí te vas a quedar observando.