ANTONIO ENTREVISTA 4 #3
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ENTREVISTA 4 #3

Por otro lado, hubo una reportera «muy mañosa» que se llama Anabel Hernández, ha hecho muchos libros de los narcos y en esa época hizo uno con otro cuate, que se llamaba Los brujos del poder, sacan el libro diciendo que Rebeca y yo íbamos a los Pinos a hacer brujerías con Fox y cualquier cantidad de cosas, ella vino a mi casa y yo tenía un diario de todo en internet, de todo el viaje de lo que nos había pasado al hacer el musical de Regina porque era una cadena, pues era un libro «Toño hizo un libro de todo el musical» de todas las experiencias mágicas, místicas, casuales» y me dice Anabel:

—Oye, pero es que aquí tú estás diciendo que pasó esto… Que te revelaron…

—A ver, te voy a explicar dos cosas, que hay dos mentes que tengo que tener, una si yo voy a componer una canción, me tengo que poner en el estado de conectarme con…

, me tengo que conectar para componer una canción y ahí sí me habla, se me mueven las manos, no sé qué pasa pero sale, pero estoy en ese estado, no puedo estar en ese estado para hacer un casting, para contratar a los actores, pagarle al teatro la nómina, hacer la publicidad, ahí me tengo que meter en un modo matemático, tengo esas dos partes, entonces si tú me dices: «¿Es cierto todo lo que te pasó?

», digo: «Claro que es cierto» para sacar, para que yo pudiera materializar esta música y esta creación artística, es totalmente cierto en el lado de que tengo que hacer una cosa operativa, mundana, que no puedo pensar de que la gente va a llegar por sí sola, pues tengo que poner espectaculares en el periférico y armar una conferencia de prensa y tengo estos dos lados.

A ti no te conviene y obviamente no vas a poner que hay un lado racional y un lado irracional, que los tienes que balancear porque eso no te vende libros, tú tienes que decir que llegó el brujo a decir el no sé qué, para que generes escándalo y vender.

—No, no, cómo crees.

—Yo ya te dije la neta, pero ya sé lo que vas a escribir, no me chupo el dedo, no me cuentes.

—No, no, cómo crees, lo voy a poner así, objetivo, balanceado. «Por supuesto que no lo hizo».

Finalmente, ya pasaron más de 20 años del estreno del Musical de Regina y creo que lo vamos a tener que volver a hacer y también sé que esto va a pasar cuando Regina quiera que pase.

También sé que aprendí muchas cosas «Rafael Perrín dirigió en aquel entonces el musical, era un director de teatro» y muchas de las cosas que yo traía en la cabeza de lo que tenía que pasar…

No pasaron, porque él al momento de hacerlo dijo: —No esto no va a funcionar comercialmente, la gente no va a entender—, desde un punto de vista como de director escénico y nunca entendió que nosotros no estábamos haciendo una obra de teatro, sino, estábamos haciendo un ritual, era otro rollo completamente distinto.

Para comprender mejor, pongo el musical «está en iTunes, Spotify en todo están las rolas», de repente empiezo a ver las escenas y veo cómo tendrían que ser.

También llego un punto en que digo: —¿Quién tendría que ser el director?

— en algún momento dije: —Había un director que se llamaba Nicolás Núñez «tenía una cosa de teatro experimental en la UNAM» y Nicolás tiene que ser—.

No, pero tiene que ser comercial y ahora como que llegue a la conclusión de que yo lo tengo que dirigir, siempre decía: —Es que yo no sé dirigir, yo no puedo—.

Bueno, ya sé hoy que la próxima vez que se haga lo voy a tener que dirigir, me voy a tener que aventar.

Exploremos un poco la idea de que hay una escena que fue una de las peleas, porque Lucero tenía a su mamá que todo opinaba y tenía su corte de aduladores, como todos los artistas, y yo contraté a dos chicas: una se llamaba Regina Reyes «una maquillista fuera de serie, fue nominada al Óscar por el maquillaje de la película Frida que interpreto Salma Hayek y se ganó el BAFTA de la academia inglesa por ese maquillaje», ella fue la que le hizo el maquillaje a Lucero de Regina, que era como de unas plumas pegadas en los ojos y otra amiga hizo el vestuario «mandaron a traer plumas de no sé dónde» era una cosa parecida de diseñador de plumas de colores entre muy sencillo, pero muy elegante, una cosa padrísima y de repente la diseñadora que tenía para todo lo demás, le llega y le hace un vestido todo blanco de plumas con un Quetzalcóatl, un penacho gigante que parecía bailarina de las Vegas y llega “le dora la píldora” a Perrin y a la mamá y dicen: —¡Te vez divina así Lucero con el vestido de las plumas gigantescas—.

Retomando la escena, cuando están los guardianes y va subiendo Regina llegaba esta star de las Vegas vestida de blanco y lentejuelas y fue una pelea por que el vestido que yo quería era más sencillo y yo quería que usara ese, pero Perrin me hizo “grilla” para que la mamá y Lucero me convencieran que ella quería salir con el otro vestido, eso fue lo que sucedió y la imagen así de Lucero con el vestidazo.

De igual manera, el otro día oyendo el musical veo la escena y ¡Wey la vi, así es!

todos cuando llaman a los guardianes «todos los que bailan», todo el vestuario es completamente de negro y todos son sombras que brincan en la pirámide.

Cuando va subiendo Regina empieza a subir una figura así con un penacho gigante, pero es una como silueta recortada de 4 metros de altura, del tamaño casi del escenario, los guardianes así chiquitos, va subiendo este gigante que es Cuauhtémoc y en eso se prende la luz cuando canta Regina: —¡He vueelto por tiii!

— y delante de esa sombra esta una niña chiquita con su morralito de la UNAM, sus lentecitos y los guardianes así de ¿¡Qué es esto!

? ¿¡Qué está pasando!? vi la escena y dije: —Así es como tiene que ser— y así empecé a ver toda la obra.

El final que cantaba Jano «como Jano había empezado» habíamos hecho nosotros un final donde Regina se iba y ahí hice una canción que hoy no me lo explico, porque esa la hice en Xalapa entre los árboles, la empecé a oír y es una melodía que si la cantas y la quieres repetir sin que te des cuenta la estás repitiendo en otro tono y si la vuelves a repetir se repite en otro tono y en otro tono y en otro tono, se repite 12 veces en todos los tonos que existen.

Entonces el monumento de la muerte se va orquestando, orquestando, orquestando, va creciendo, creciendo y creciendo, se arma y luego se va desintegrando, desintegrando, desintegrando, desintegrando, desintegrando hasta que termina exactamente como empieza.

Y es una melodía que en ningún momento sientes que cambio de tono que es el:

“Miiiraaa con los ojos que no miiiraaan y veraas laa realidaad taal como eees, porque si crees que tu pensaaar es el reflejo de tu ser, ten en cueenta que el hogaar donde germina tú conciencia es el silenciooo y si tocaas lo queee no palpaan tus maanoos sentirás lo que no entiende la razóoon, más allá de los sentidos se fabrican los sentidos de una música perfecta es la música que aquel silencio orquesta… Tarararara, tarararararara…”.

Pero esa canción terminaba en silencio y tenía que quedarse en el teatro cuando se va la luz, se van todos y se va deshaciendo.

Al final el ultimo que queda es Técpatl «el niño que vendía chicles», ahí conectas que ese niño es el que le dio el boleto a Antonio para ver el musical y es el último que se va, fluía el moco de todo el teatro y al último se va Regina y en ese silencio que te quedabas, así como sepulcral, yo tenía como acabarlo y también me la cambio «el director Perrín» dijo: —No, aquí tiene que cerrar Antonio— Entonces, volvía a poner a Jano haciendo el papel de Antonio que había compuesto el musical «según él como dándome guayabaso» que decía: —No, es que yo tengo que contarle esta historia a el mundo, pero ¿Cómo lo haré?

... Voy a componer un musical— y cantaba Jano cerraba: —Porque yo soy tú, porque tú eres yo…

Todo es lo que es… Compartimos la misma misióoon tarararan…

— Y se va el telón acababa Jano con el vozarrón, y ese no era el final que yo quería «el que había imaginado», pero a Perrin se le hacía como muy pobre el final.

Y el final que yo había visto «lo había visto con Alex» era que todo el teatro tenía luces alrededor, como un estadio de futbol que nunca habías visto alumbrando al público y en el momento que se iba Regina queda todo en silencio y de repente se prende la musiquita del: tan tararan y la que aparece en el centro del publico Regina, pero de niña, diciéndole a todo el público: —Porque yooooo soy tú, porque tú eeeeres yo…

todo es lo que es… compartimos la misma misióoon…

— y se va corriendo por el escenario, se va y: —taaan taaan taaan «y se encienden las luces alumbrando al público» taaaaan, «así como estadio de…

tú eres lo que sigue» taaaaaaaannnnn—, como pasándote la bolita…

yo soy tú, tú eres yo, pero haber… Lo que sigue eres tú.

Para concluir, la semilla que plantó Antonio Velasco ya floreció, siento yo mucha más gente, espíritus, presencias, cosas, siento que me mandaron aquí a trabajar algo, que lo voy a cumplir y decirle a Toño: “Que vayan como el póquer… Como veo doy…”