ENTREVISTA 3
ANTONIO: ALUMNO, AMIGO Y MAESTRO
Anita y Toby Campion
Escritores
Mis recuerdos de Antonio siempre fueron muy singulares, uno de ellos fue que cuando yo llegaba a su oficina, en la casa de su hermana y su mamá, quien por cierto hacía “suspiros”, unos dulcecitos chiquitos muy deliciosos, siempre tenía preparados algunos para las visitas.
Siempre llegábamos a platicar sobre nuestro propio trabajo, cada uno de nosotros, de cómo fue que estábamos sirviendo a las comunidades.
Un día él comenzó a regalarme algunos libros muy interesantes sobre filosofía que tenía que ver con todo lo que era la tradición antigua de nuestros antepasados en el centro de México, de una persona que se firmaba como Ayocuan, él fue su maestro, si no me equivoco en el estado de Chihuahua y no puedo asegurar que fuera un personaje real.
Un día me mandó un libro y recuerdo que me dijo:
—Ay, maestra. Le mando un libro que acabo de escribir, pero por favor ¿Dígame si usted cree que vale la pena? Porque pues no sé, yo no soy escritor, usted dígame ¿Cómo lo ve?
Fue el libro de Regina. Cuando leí el libro, le contesté que era algo extraordinario, inédito, algo tremendamente importante. Por lo que su respuesta fue:
—Ay ¿De veras? ¿Pero usted cree que vale la pena?
Después descubrí que era abogado fiscal y que estaba casado con una persona que se llamaba Gabi (Gabriela Arévalo).
Toby: Por otra parte, recuerdo «fue en 1984» un episodio muy marcado en la vida de Anita.
Anita: Me encontraba en Ollantaytambo, Cusco, Perú, dando servicio junto con mi esposo Toby en un ashram, en el valle sagrado de los Incas, cuando recibí la triste noticia que mi madre había fallecido en la Ciudad de México.
Al darme el aviso, le pedí a mi familia que me esperara, para poder estar presente en el sepelio.
Mientras tanto, a larga distancia me propuse conseguir a alguien en Ciudad de México que me ayudara a embalsamar el cuerpo de mi madre para poder viajar y llegar a tiempo.
Fue entonces que, de corazonada, a la primera persona que le marqué por teléfono desde Perú fue Antonio Velasco Piña, quien me dijo:
—¿En qué le puedo ayudar?
Inmediatamente él supo el motivo de la llamada, pues en aquella época no había teléfonos celulares ni nada. Sabía que era algo especial o algo serio.
Así que, le pedí que se hiciera cargo del proceso de embalsamamiento del cuerpo de mi mamá, así como de todos los gastos, llegando a México le pagaría todo. Aún tengo presente su respuesta a mi dolorosa petición:
—Usted no se preocupe para nada. Voy hoy mismo, voy a recoger a su mamá, me la llevo a Gayosso y la esperamos con muchísimo gusto.
Nunca le pude decir que fue un favor tan grande, que solo un verdadero amigo lo pudo hacer. Siempre se lo voy a agradecer.
Durante 1988, cuando se hizo el Memorial de los 20 años de Tlatelolco mi esposo y yo recibimos una invitación de su parte, para llegar a Tlatelolco vestidos de blanco con una cinta roja.
Donde nos íbamos a reunir todas las personas que habíamos leído su libro, Regina dos de octubre no se olvida, pero no nos había hablado mucho del plan que tenía en mente, el cual era principalmente para mujeres, pues nos estaba invitando a mí y a otras 12 más, a formar un círculo.
El primer círculo de mujeres en el Momoxtli ceremonial de Tlatelolco.
Hicimos un círculo interno de 13 mujeres y alrededor muchísimas otras mujeres y le dijimos:
—Bueno, ya nos reunió y ahora ¿qué vamos a hacer? «Porque nosotros lo considerábamos como el maestro, que él nos iba a decir todo lo que teníamos que realizar».
—No, no, no, no, no, a mí déjenme, no, no. «Y se fue».
¿Qué íbamos a realizar? No sabíamos, entonces las 13 mujeres nos reunimos, pedimos guía y comenzamos a organizar círculos. A mí me tocó organizarlos en Los Ángeles, que por cierto aún siguen algunos de esos círculos. Actualmente no son solamente de muchachas jóvenes, sino que también de abuelas.
Velasco Piña tenía una visión espiritual muy elevada, la plasmó en esa visión de su libro de Regina, donde nos presentó por primera vez, lo sagrado femenino.
Antes de él, nadie hablaba de lo sagrado femenino, bueno, nadie tocaba el tema.
Él se subió 1/8 todavía mayor para presentarnos un arquetipo de la visión que él tuvo de lo que era lo sagrado femenino y para mí eso representó un paso muy grande, porque yo fui parte de una organización muy antigua de la fraternidad blanca.
Donde la enseñanza era para varones, se formaban grupos de jerarcas, pero a partir de todas estas enseñanzas, esa institución empezó a reconocer lo sagrado femenino, reconociendo a mujeres que nos daban la enseñanza y nos reconocían nuestros niveles de conciencia.
Todo lo que Antonio captó de su preparación interna, espiritual, sublime nos lo dejó en sus libros.
Toby: Yo recuerdo muy bien, cuando leí por primera vez el libro de La mujer dormida…
, ese libro tuvo mucho impacto en mí, en mi perspectiva sobre México.
Y siempre tuve la corazonada de que el mismo Antonio fuera el autor de ese libro.
Cuando lo mencionábamos insistía en que él no era el autor sino su maestro de Chihuahua, Ayocuan.
Anita: En un lugar muy especial energéticamente hablando, muy cercano a los volcanes en Amecameca, la Aldea de los Reyes, ahí se reunieron personas de nuestros antepasados, por eso fue llamada así.
La familia de Antonio, tenía una casa en la Aldea de los Reyes, en el libro de Regina nos describe el nacimiento de Regina en esa casa, la cual se sigue utilizando para celebrar el 2 de octubre, que no se olvida.
Los círculos de mujeres empezamos a celebrarla ahí, tomando en consideración que ahí fue el inicio de ese estado de conciencia, de esa persona, de ese arquetipo femenino de Regina que nos inspiró a todas nosotras en los círculos de mujeres.
La Aldea de los Reyes es un lugar muy especial energéticamente, cerca de Amecameca y los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl.
Toby: Anita, ¿Antonio conocía a Nachita tu amiga que vivía en la Aldea de los Reyes?
Anita: Si, porque ella era maestra de yoga también en el Instituto.
Toby: ¿Posterior a la fundación de los círculos estuvo involucrado en los siguientes años? O ¿Se mantuvo lejos de las actividades femeninas?
Anita: Le preguntábamos algunas cosas y él nos daba alguna señal o palabritas
Fue muy interesante para mí, porque en aquella época de los 60’s, 70’s y 80’s, empezaron a llegar a México muchos maestros de diferentes lugares del mundo, nosotros considerábamos a Velasco Piña como nuestro maestro y él se negaba siempre.
Esa es una enseñanza muy grande que Antonio nos dio a todos a su manera, como él manejó su ego, su importancia personal. Nunca se puso como líder o maestro, nunca nos decía qué cosa deberíamos de hacer, nos orientaba o daba una palabrita:
—Ustedes son las mujeres, ustedes ya tienen el arquetipo de Regina, ustedes ya saben.
Para mí Antonio Velasco Piña, fue y será el ejemplo de mayor integridad en el trabajo impersonal, con una conexión espiritual enorme en forma práctica a todos nosotros que lo seguimos, nunca pretendió que fuéramos estudiantes o discípulos, siempre considerados sus amigos.
El me introdujo a un grupo muy interesante donde se encontraba Ana Luisa Solís y algunas otras personas en el Bosque de Chapultepec. Hacían ejercicios que habían aprendido dentro de la disciplina de la danza y pudo estar presente en algunos de ellos.
También, en algunos recorridos por el Bosque de Chapultepec, visitando al “Sargento”, los ahuehuetes, entre otros lugares y toda la explicación que Antonio nos daba sobre los lugares sagrados energéticos de la Ciudad de México de Tenochtitlan.
Para mí fueron momentos inolvidables, porque, aunque yo nací en la Ciudad de México, nunca tuve la oportunidad de ponerme en contacto en aquella época con maestros tradicionales y cuando él empezó a sacar todo ese conocimiento que él tenía, pues queríamos considerarlo como nuestro maestro y nunca se dejó llamar con ese título.
Antonio siempre fue un ejemplo muy grande y nos dejó un gran legado, el cual fue el trabajo que nosotros hacemos por los demás, sin buscar elogios, títulos, insignias, pagos o reconocimientos, sino que todo lo que se realice se haga de corazón.
Que se haga de una manera humilde, desinteresada, para que nosotros, en nuestro propio desarrollo, podamos alcanzar profundidades importantes de nuestra mente y corazón, en el servicio a los demás.
No necesitamos un nombre, ni un grado especial, ni ser maestros de mucha gente para poder vivir una vida correcta de acuerdo a la tradición de nuestros antepasados.
Para mí Antonio Velasco Piña ha sido el mayor ejemplo de integridad, él no quería que fuéramos sus estudiantes ni sus discípulos, éramos sus amigos siempre.
Para finalizar, quiero dar gracias a todos los antepasados que pudieron inspirar de tal manera a ese hombre que ahora llamamos Antonio Velasco Piña, además también como esposo y un padre ejemplar y me siento muy agradecida de que el universo logró que se entrecruzara en nuestras vidas, para poder compartir nuestra amistad, cariño y sus enseñanzas sublimes de la nueva era de acuario.
Lo llevo en mi corazón, tengo memorias muy lindas de nuestro gran amigo, sabemos que él sigue dando, en donde se encuentre en estos momentos, su servicio impersonal con mucho amor y entrega.