ENTREVISTA 2
El legado de mi Abuelo
Alejandra Pérez Reguera
Escritora
Conocí a Toño desde mi infancia, era amigo de mi papá, así como el resto de la pandilla: Ana Luisa Solís, Helena Guardia y Nicolás Núñez, he de confesar que todos ellos me causaron un trauma, que después con el tiempo se borró, ya que de pequeña crecí pensando que tenía un papá que estaba completamente loco, porque creía en energías, en Tlatelolco, las pirámides y todas esas locuras.
En mi adolescencia y juventud, el momento que más recuerdo, fue cuando iba en sexto semestre de preparatoria, teníamos que leer el libro de Tlacaélel y hacer un trabajo de equipo, en ese instante mi papá loco, pasó a ser mi papá ¡Súper Guau!
porque conocía al autor, quien iba a imaginar que resultaría ser el amigo famoso de mi papá y obviamente fuimos a entrevistarlo en la calle de Alumnos.
Recuerdo que, en el primer encuentro con Toño, siendo yo niña, me pregunté: —¿Quién es este personaje?
«por mi mente pasó» ¡Qué señor! — Desde entonces me atrajo su gran energía, lo pensaba como un ser, que evidentemente, no lograba entender y me causaba mucha curiosidad.
Con el tiempo empecé a tener un acercamiento con el tema de Regina, por supuesto, al estar un poco más cerca de Toño, la amistad entre ambos fue surgiendo.
Con el paso del tiempo, fui entendiendo más sobre el tema, hubo un acercamiento más profundo con todo aquel grupo de amigos, al compartir ideas y pensamientos, sin embargo, la que me abrió el camino hacia Piña fue Ana Luisa Solís, pues me había invitado al curso de “Milagros Semanales”, que se llevaba a cabo en casa de Laura Esquivel y fue ahí donde surgió el vínculo más fuerte con Toño.
Y ahí, a partir de ahí, mi relación con él empezó a crecer.
Ahora bien, el momento donde se vuelve por completo la unión de la amistad, fue cuando tuvimos la enorme bendición de trabajar juntos en la delegación Coyoacán.
Debo mencionar que intentar volver a Toño Velasco Piña y Alberto Ruz en burócratas, fue alquimia pura, debido a que Toño no tenía ni idea de cómo usar el celular, lo usaba obligadamente por su cargo, pero siempre con la batería descargada y guardado en el cajón de su escritorio.
Con el tiempo se fue, ligeramente, actualizando en esos aparatos tecnológicos y se integró al mundo burocrático, pero fue él quien enamoró con sus pensamientos, su forma de ser, a toda la gente de la delegación, desde los puestos mayores como el delegado, los sindicalizados, que por cierto son duros de roer y al resto del personal, no podían más de amor por el maestro Velasco Piña.
A causa de todas aquellas veces que iba a su oficina, me iba enterando de toda su vida, de anécdotas hermosas e intrigantes: como su lugar de nacimiento, pues en su acta de nacimiento indica que fue registrado en el Estado de Guerrero, pero él no nació ahí, sino en otro lugar.
Me gustaría resaltar, la anécdota del río Mixcoac, según me contó que cuando era un niño, como de unos 8 años y su hermano tendría 6 años, en la escuela le habían enseñado que el río llega al mar y él quería conocerlo, entonces ambos hermanos y sin ningún adulto, se dispusieron a caminar indefinidamente siguiendo todo el río para llegar al final de éste y encontrarse con el mar, perdieron la noción del tiempo durante su travesía , hasta que unos policías los encontraron y los regresan a su casa.
Toño tocó el corazón y se ganó el respeto de absolutamente todos, aunque de vez en cuando el maestro nos hacía varias diabluras, una de ellas fue en el Aniversario de la Revolución o el 16 de septiembre, no lo recuerdo bien, había un evento en la Casa de Cultura y Toño no llegaba, entonces nos fuimos preocupando, al grado de terminar hablándole a Gabi (Gabriela Arévalo, su esposa), eran las 11:00 a.m. y Piña no llegaba, lo cual fue rarísimo, porque una de sus características máximas eran la puntualidad.
Todos nos imaginamos cualquier cosa, pero nunca creímos que nuestro querido Toño vio en algún oficio que, en una escuela, se iba a celebrar un concurso del Himno Nacional y obviamente para él era como su máxima fascinación en la vida.
Él se quedó ahí por horas en la escuelita, escuchando sonoramente el Himno y todos creyendo que se había desaparecido o pasado algo desagradable, sin embargo, él estaba absolutamente feliz y complacido escuchando, nuestro bello Himno en voz de los niños.
Así que, la amistad entre él y yo fue creciendo como relación familiar, él me hacía el gran honor de llamarme su nieta, me fue adoptando, la verdad fue que Toño se convirtió en mi máximo confidente, le contaba todas mis cuestiones tanto laborales, como amorosas y recuerdo mucho esos consejos, frases y dichos de abuelo. Cómo el que me decía:
—“…de matrimonio y mortaja del cielo baja”.
Como diciendo… No te aferres y fluye. Siempre orientado al amor y libertad en sus palabras «cosas en el cotidiano», creo que eran de las lecciones más maravillosas de Toño, a mí esa frase me marcó mucho.
Recuerdo cuando fuimos a ver la película de Yogui, de Alberto Ruz a Cuernavaca y en el camino, como siempre, nos fue contando miles de cosas y entre ellas nos dijo:
—…es que, en la vida, todo es cuestión de percepción, por eso yo no me enrollo con nadie, porque cada quien tiene su perspectiva de las cosas.
De igual manera, en términos de la administración pública, de las anécdotas favoritas que tuvimos con Toño, al término de nuestro periodo, fue en el momento que nos hicieron una auditoría tremenda, ya con el tiempo descubrimos que seguramente alguien interno, alguien en los cielos nos la había mandado, porque como éramos: Laura Esquivel, Alberto Ruz, Alejandra, Toño Velazco y yo, no habíamos hecho nada malo con los fondos, pero habíamos hecho mil y una locuras que no habíamos documentado.
Fue una cosa horrible, muy estresante, pero salimos de la administración limpios.
La auditoría tuvo que entrevistar a Toño y contestar un examen escrito, le preguntaron: —¿Cuál era su misión, visión y objetivos?
«típico de la burocracia». Entonces, Toño contestó con su puño y letra: —“Elevar la conciencia de los habitantes de Coyoacán”—, y todo el documento iba en ese tenor, al final el auditor se comportó de manera intolerante, por lo que mi abuelo le dijo: —que la verdad él no merecía el honor de ser mexicano y que, si por él fuera, pediría que le quitaran la posibilidad de cantar el Himno Nacional—.
Ósea, estaba completamente furioso con ese señor, pero lo más maravilloso y hermoso fue que en esa burocracia, él transmitió su mensaje.
Así mismo, un día me dijo:
—Oye, ya tengo la solución a lo que hay que hacer, agarramos todos los documentos de la administración de la Casa de Cultura Reyes Heroles, vamos allá al centro, a la fuente y lo quemamos todo, así ya, sí lo quemamos, nadie tiene cómo comprobar nada, nadie tiene cómo buscar nada.
¿Ustedes creen que fue broma? No, Toño estaba absolutamente convencido que lo que yo tenía que hacer era quemar los papeles y me quiso convencer fervientemente que la única forma de que no nos culparán de algo.
¿Cómo logré que desistiera de su idea? Recuerdo que le dije que: —podíamos meter en un gran problema al delegado—, al cual todos estimábamos mucho y teníamos un gran respeto.
Pero antes de eso, Toño estuvo completamente convencido de que yo lo que tenía que hacer como directora general de Cultura de Coyoacán, para evitar la burocracia, era quemar los papeles.
Anécdotas como estas hay muchísimas… Como fue tocando los corazones de las personas.
Toño hizo una cruzada, visitó todos los barrios de Coyoacán llevando sus conferencias, fue a todas las casas de cultura llevando su palabra, su vida y su forma de ver la historia de México y la del mundo, sembró semillas en los que le permitieron que entrará a su corazón.
Además, recuerdo muy bien cuando fuimos a Teotihuacan, cuando vinieron los Lamas.
También tuve la oportunidad de acompañarlo al encuentro de Masaru Emoto y lo llevamos a los volcanes, a la luz, al Iztac.
Así que Toño, siempre se mostró humilde, humano, recibía absolutamente a toda la gente, fue una persona sin filtro, aspecto que me impresionó, jamás en su vida le dijo que no a nadie, y en ese sentido, también tuvo una cantidad de anécdotas maravillosas, una de las cuales me impactó mucho cuando me la contó:
—Un día una señora muy bonita y elegante me invitó a cenar, me senté en la mesa y me empezó a presentar gente, pero en la mesa no había nadie, bueno al menos no que yo la viera, empezó a servir los alimentos y bebidas, pero no había nadie a los ojos físicos, pero para ella, había mucha gente.
Y entonces, para empezar a comer, no sabía qué hacer, así que, mejor espere a que ella comenzara a comer y hacia lo que ella hacia para no regarla¡ y así fue la historia¡
Por otro lado, el amor ideal.
Fue de admirar la relación tan bella que tuvo Antonio y doña Gaby, la confianza y el amor que mostraban, siempre me pregunté: —¿cómo se hace para encontrar un señor así?
Su caminar enamorado de la vida, de Gabi su esposa en especial.
Creo que también fue de las cuestiones más bonitas que me tocó ver en términos de lo que llamamos, el amor de pareja, cómo la cuidó, la procuró y sobre todo mostró una dedicación fiel.
En particular, amor a primera vista, la primera vez que vio a Gabi, fue en un elevador donde ella laboraba y Toño quedó flechado desde ese momento, supo que tenía que trabajar ahí mismo, pues quedó completamente enamorado y deseaba estar cerca de ella todos los días.
Así que, de su travesía a Sudamérica Piña, me contó con frecuencia que durante su estancia en Colombia, conoció a un ex convicto, recién llegado y considerado como el sabio del pueblo y en varias ocasiones, escuchó las confidencialidades amorosas de mi abuelo, una de ellas fue del viaje que realizó para conquistar a la mujer de sus sueños y el sabio al escuchar tal travesía le contestó «sin tapujos simple y sencillamente»: —que estaba bien tanto viaje pero ¿acaso ya se lo había hecho saber a ella?
—. Y fue ahí que Toño decidió escribirle una carta haciéndole saber todo el amor que sentía por ella y Gabi contestó con el mismo sentimiento, situación que provocó que Toño pidiera ayuda a un tío para regresar a México, lo cual sucedió, lo llenó de alegría y felicidad.
Otro momento de dicha, fue cuando Gabi le dijo: —que estaba embarazada a través de una carta—, simulando que era de parte del bebé hacía a él.
Yo siempre adoré su relación con Gabi, ese amor tan grande que tuvieron, él siempre lo equiparó y lo comparé con el amor que tiene mi papá por mi mamá; muy entregados ellos y ellas también a su forma, sabiendo que están con unos personajes completamente locos.
Gaby le decía que sus libros, tenían que ser libros de texto en los manicomios.
Su legado a nivel de México. Toño habló del “injerto”, hablando de México y España, de cómo el injerto hizo que la planta se fortaleciera, fue una forma para entender a mi país.
Su legado en términos de la visión de mexicanos, a nivel de congruencia, que mantuvieran esta cuestión de caminar su palabra como Toño, de realmente predicar lo que se dice.
Su legado fue que la vida que tocaba la transformaba con su presencia y congruencia, fue un maestro absoluto.
¿Cuál fue su gran legado para mí? Fue de las mejores cosas que me pudo pasar en mi vida, conocerlo.
De las cosas que más me impactaron de él, era el verlo, su cotidiano, su disciplina, su cuestión sin juicios y sin prejuicios, abriéndole a quien fuera, la posibilidad de ser escuchado y creo que era uno de sus principales legados.
De igual modo, una de las cuestiones que me fascinaron fue: ¿Cómo este señor es el maestro espiritual de quién sabe cuántos mexicanos?
, para mí eso fue uno de los mayores legados de Toño Velasco Piña y creo eso, porque sabía escuchar.
Razón por la cual le dictaron sus libros, otra cosa maravillosa, escribía los libros a mano, él fue escuchando, fue dictando y Gabi los transcribió a máquina.
Cuando estuvimos en Coyoacán siguió escribiendo sus libros a mano y mantuvo ahí sus cuadernitos de cómo los fue escribiendo a mano.
Marisela, su secretaria, fue la que le transcribió, aparte de su esposa Gabi.
Otra de sus mayores enseñanzas, fue el confiar, porque todos en su momento, supimos que hubo situaciones en su vida personal que no estuvieron tan sencillas y él solo confiaba.
Económicamente, hubo momentos muy complicados.
Una vez le hicimos una trampita con Laura Esquivel, Adolfo y mi papá, así que le dijimos que querían hacer de su libro El Círculo Negro, una película con él.
Era importante que quedara, porque Toño no hubiera aceptado la ayuda así nada más, entonces le pagamos, los derechos de autor de la película, pero en realidad no había tal…
En definitiva, digamos siempre que la luz va a encontrar obstáculos, en el caso de los Lamas en Teotihuacan o el caso de Lucerito.
Es lo que él decía: —el balazo del guarura, hizo que la gente supiera de la obra de teatro y supiera de Regina—, esta cuestión de cómo en la aparente oscuridad, después, hacía que la luz tomará más brío o pudiera salir.
Finalmente, es una cuestión de discurso, confía y suelta. Siempre en su respuesta había una sabiduría, consuelo y escucha: —¡Aquí la que decide es Regina! Como en eso, como en todo—, entonces para mí también es esa la lección de confianza, otro de sus grandísimos legados.