Antes de que termine el último año CAPÍTULO 25
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CAPÍTULO 25

No terminamos.

Eso sorprendió a todos.

Incluidos nosotros.

—Entonces ¿siguen juntos? —preguntó Valentina.

—Sí.

—¿Y Sofía se va?

—Sí.

—¿Y están bien?

Alex y yo nos miramos.

—No —respondimos.

Valentina frunció el ceño.

—Extrañamente sano.

—No te acostumbres —dijo Alex.

Decidimos algo.

No hablar de agosto todos los días.

No fingir que no existía.

Pero tampoco dejar que nos robara los meses que quedaban.

El verano que nos quedaba.

• • •

Hicimos una lista.

Idea de Alex.

Sorprendentemente.

COSAS QUE HACER ANTES DE QUE SOFÍA NOS ABANDONE.

—Cambia el título.

—No.

—Alex.

—Democracia.

—Somos dos.

—Y yo tengo dos votos.

Le quité el papel.

Escribí:

COSAS QUE HACER ANTES DE AGOSTO.

—Aburrido.

—Maduro.

—Peor.

La lista incluía:

Ver el amanecer.

Ir a la playa.

Comer en aquel restaurante horrible que Valentina adoraba.

Tomarnos una fotografía decente.

Terminar el proyecto.

Ir al baile.

Graduarnos.

Y una última cosa que Alex había escrito al final.

No desperdiciar el tiempo estando tristes por el tiempo.

—Eso ni siquiera tiene sentido —dije.

—Para mí sí.

No lo borré.

• • •

Cumplimos la primera un domingo.

A las cinco de la mañana Alex estaba afuera de mi casa.

—Te odio.

—Buenos días.

—Es de noche.

—Técnicamente.

Subí al automóvil de Emma.

—¿Dónde está ella?

—Durmiendo.

—¿Entonces quién conduce?

Alex levantó las llaves.

Lo miré.

—Bájate.

—Tengo licencia.

—No confío en ti.

—Qué romántica.

Llegamos a un mirador.

Nos sentamos sobre el capó.

El cielo empezó negro.

Después azul.

Después naranja.

—Bonito —dije.

—Esperaba más entusiasmo.

—Tengo sueño.

Alex me pasó un brazo por los hombros.

Apoyé la cabeza en él.

—Sofía.

—¿Sí?

—Cuando te vayas…

Cerré los ojos.

Habíamos prometido no hacer esto.

—No quiero que sientas que tienes que llamarme todos los días.

Lo miré.

—¿Estás terminando conmigo preventivamente?

—No.

—Parece.

—Solo digo que quiero que vivas.

—También puedo vivir y llamarte.

—Lo sé.

—¿Tú quieres terminar?

Su respuesta fue inmediata.

—No.

—Entonces deja de prepararte para que te abandone.

Alex se quedó callado.

Ahí estaba.

Otro miedo.

—No voy a desaparecer —dije.

—No puedes prometerlo.

—No.

Tomé su mano.

—Pero hoy estoy aquí.

Me miró.

—Hoy.

—Y mañana decidimos otra vez.

Sonrió.

—Mañana decidimos otra vez.

El sol apareció.

Y por un rato dejamos de contar cuánto faltaba.