CAPÍTULO 21
El padre de Alex tuvo un accidente.
No grave.
Pero suficiente.
Había bebido.
Se había caído por las escaleras.
Emma llamó a una ambulancia.
Alex faltó al instituto.
Yo lo encontré esa tarde en el hospital.
—Te dije que no vinieras.
—Y yo tengo un historial excelente siguiendo tus órdenes.
Alex estaba sentado en una silla del pasillo.
Me senté junto a él.
—¿Cómo está?
—Bien.
—¿Y tú?
—No sé.
Eso era progreso.
Antes habría dicho bien.
—Estoy enfadado —continuó.
—Puedes estarlo.
—Y después me siento culpable por estar enfadado.
—También puedes.
—Quiero irme.
—Entonces vete.
—No puedo.
Miró hacia la habitación.
—Es mi padre.
No respondí.
—Lo odio algunos días.
Su voz se quebró.
—Y después recuerdo cómo era antes.
Me tomó la mano.
—No quiero convertirme en él.
—No eres él.
—¿Cómo sabes?
—Porque estás aquí preguntándotelo.
Me miró.
—Eso suena como algo que diría mi terapeuta.
—Debería cobrarte.
Sonrió débilmente.
Entonces su teléfono vibró.
Emma.
Alex contestó.
—Sí.
Escuchó.
—Está bien.
Colgó.
—¿Qué pasó?
—Lo van a ingresar en un programa.
—¿Él aceptó?
—Sí.
Alex parecía incapaz de creerlo.
—Dijo que necesita ayuda.
Sentí que apretaba mi mano.
—Quizá esta vez…
No terminó.
No quería tener esperanza.
Lo entendía.
—Un día a la vez —dije.
Alex me miró.
—¿Mañana decidimos otra vez?
Sonreí.
Nuestra frase.
—Mañana decidimos otra vez.
• • •
Esa noche llegué a casa agotada.
Mi madre estaba en la cocina.
—¿Cómo está Alex?
—Mejor.
—¿Y tú?
—Bien.
Ella me miró.
—No hagas eso.
Fruncí el ceño.
—¿Qué?
—Decir "bien" cuando no lo estás.
Sonreí.
Alex estaba contagiando a todo el mundo.
—Estoy cansada.
Mi madre me abrazó.
—Ve a dormir.
Subí.
Abrí la computadora.
Tenía un correo nuevo.
Programa Nacional de Becas - Actualización de solicitud
El corazón se me detuvo.
No.
Todavía no.
Cerré la computadora.
No lo abrí.
No podía.
Alex estaba en un hospital.
Su padre estaba entrando a rehabilitación.
Yo no podía recibir esa noticia hoy.
Como si ignorar un correo pudiera detener el futuro.