Antes de que termine el último año CAPÍTULO 16
53%

CAPÍTULO 16

Hay cosas para las que nadie te prepara.

Los impuestos.

La muerte.

Y ver al chico que besaste tres veces sentado detrás de ti en Literatura fingiendo que nada ocurrió.

Alex no me había escrito.

Yo tampoco.

Habían pasado dieciséis horas.

No las estaba contando.

Valentina sí.

—Dieciséis horas —susurró.

—Cállate.

—¿Y nada?

—No.

—¿Ni un mensaje?

—No.

—¿Qué clase de psicópata…?

—Valentina.

Alex entró.

Mi estómago hizo una voltereta.

—Ahí viene —susurró ella.

—Puedo verlo.

Alex caminó hacia nosotros.

—Buenos días.

—Hola —respondí.

Demasiado rápido.

Se sentó.

Silencio.

Valentina nos miró.

—Esto es insoportable.

—¿Qué? —preguntó Alex.

—Ustedes.

Recogió sus cosas.

—Me cambio de sitio.

—¿Por qué? —pregunté.

—Porque siento vergüenza ajena.

Se fue.

Alex y yo quedamos solos.

—Entonces… —dijo.

—Entonces.

—Ayer.

—Sí.

—Ocurrió.

—Sí.

—Bien.

—Bien.

Silencio.

—¿Te arrepientes? —preguntó.

Lo miré.

—No.

Su cuerpo pareció relajarse.

—Yo tampoco.

—Pero…

—Sabía que había un pero.

—No sé qué significa.

Alex pensó.

—Podría significar que nos besamos.

—Gracias, genio.

—De nada.

—Hablo de nosotros.

—No tiene que significar nada todavía.

Aquello me molestó.

Y no sabía por qué.

—Claro.

Me giré.

—Sofía.

—¿Qué?

—Eso no significa que no quiera que signifique algo.

Volví a mirarlo.

—Entonces ¿qué significa?

Alex se inclinó hacia mí.

—Que quiero volver a besarte.

Sentí calor en las mejillas.

—Estamos en clase.

—No dije ahora.

—Bien.

—Aunque…

—Alex.

Sonrió.

—Después.

Y de repente el día mejoró considerablemente.

• • •

Después no ocurrió.

Porque Emma apareció.

—Sube —dijo desde el automóvil.

Alex me miró.

—Lo siento.

—Está bien.

—Mañana.

—¿Mañana qué?

Sonrió.

—Sabes qué.

Emma tocó la bocina.

—¡ROMEO, SUBE!

Casi me ahogo.

Alex cerró los ojos.

—Voy a matarla.

Yo no podía parar de reír.

—Adiós, Romeo.

—No empieces.

—Buenas noches.

—Te odio.

—No parece.

Su propia frase.

Alex me señaló.

—Eso fue bajo.

Subió al auto.

Emma me saludó exageradamente.

Yo respondí.

Y mientras se alejaban pensé que quizá no necesitábamos decidir qué éramos todavía.

Quizá podía disfrutarlo.

Por una vez.

Sin plan.

Sin calendario.

Sin saber cómo terminaba.

Aunque nunca había sido especialmente buena con las historias cuyo final no podía controlar.