Antes de que termine el último año CAPÍTULO 11
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CAPÍTULO 11

Las cosas estuvieron bien durante diecisiete días.

Lo sé porque los conté después.

Diecisiete días en los que Alex asistió a clases.

Diecisiete días sin peleas.

Diecisiete días en los que fue a sus citas.

Diecisiete días en los que empecé a pensar que quizá todo iba a estar bien.

El día dieciocho recibí una fotografía.

Número desconocido.

Alex.

En una fiesta.

Una botella en una mano.

Y algo más sobre la mesa.

Debajo había un mensaje.

Pregúntale a tu novio qué hizo anoche.

Sentí frío.

Alex había faltado ese día.

Le escribí.

Nada.

Volví a escribir.

Nada.

A las cuatro finalmente respondió.

Alex: Estoy bien.

Miré esas palabras.

Por primera vez las odié.

• • •

Lo encontré esa tarde detrás del gimnasio.

—¿Qué pasó anoche?

Alex levantó la mirada.

—¿Qué?

Le enseñé la fotografía.

Su rostro perdió el color.

—¿Quién te envió eso?

—No importa.

—Sí importa.

—¿Consumiste?

Silencio.

—Alex.

—No.

Lo miré.

Su mano fue hacia el pulgar.

No.

Ese era mi gesto.

Pero reconocí la mentira igualmente.

—No me mientas.

—No estoy mintiendo.

—Mírame y dilo.

Lo hizo.

—No consumí.

Quería creerle.

Muchísimo.

—Está bien.

Guardé el teléfono.

—Te creo.

Alex apartó la mirada.

Y supe que acababa de cometer un error.

• • •

Esa noche Emma me escribió.

Emma: ¿Has hablado con Alex?

Sofía: Sí.

Tardó.

Emma: Recaída.

Una palabra.

Eso fue suficiente.

Sentí algo romperse.

No porque hubiera recaído.

Su psicólogo ya había explicado que eso podía ocurrir.

Lo que dolía era otra cosa.

Me había mirado a los ojos.

Y había mentido.