8. La verdad
Olivia llegó puntual como siempre, con su bolso colgando del hombro y mirada segura. La hicieron pasar a la sala de interrogatorios, donde Turner e Isabella ya la esperaban. Hannah y Mark observaban atentos desde el otro lado del espejo.
Isabella comenzó con las preguntas, mirando fijamente a Olivia.
—¿Por qué nos mintió, Olivia?
—No sé a qué se refiere, inspectora —dijo Olivia poniendo cara de sorpresa y pestañeando rápidamente.
—Su relación con Foster. Dijo que empezaron hace apenas unos meses.
—Y así fue —insistió Olivia mientras retorcía un pañuelo entre sus manos.
—Déjese ya de mentiras —dijo Turner irritado, dando un golpe en la mesa—. Sabemos toda la verdad. O empieza a hablar con honestidad o tendremos que acusarla de cómplice .
Olivia dio un respingo en la silla.
—Pero si yo no he hecho nada —se defendió con la voz temblorosa y los ojos llorosos.
—Lo sabemos todo, Olivia —dijo Isabella.
—Está bien. Empezamos a salir hace seis años, lo conocí en verano. No sabía que iba a ser mi profesor en la universidad — confesó finalmente.
—¿Por qué mintió? —preguntó Isabella inclinándose hacia ella.
—No quería meterlo en problemas por relacionarse con una alumna —dijo Olivia bajando la mirada.
—¿Qué más nos está ocultando? —insistió Turner. Olivia negó con la cabeza.
—Nada, lo juro. Es todo lo que sé —suplicó. Sus ojos empezaban a llenarse de lágrimas.
Isabella y Turner siguieron presionando a Olivia con más preguntas incisivas, buscando sonsacarle toda la verdad. Ella se resistía, pero eventualmente tendría que ceder.
El interrogatorio no avanzaba, Olivia seguía sin colaborar. De repente, Mark irrumpió en la sala con paso decidido.
—Turner, sal un momento, te tengo que informar de una nueva prueba que tenemos contra Olivia —dijo mirándola fijamente.
Olivia palideció al escuchar eso. Turner salió unos momentos al pasillo.
—Tenemos que decirle que Foster ha confesado que ella era su coartada la noche de la desaparición de Emily; por lo tanto, nos mintió —sugirió Mark susurrando.
—Pero no tenemos pruebas de ello —rebatió Turner frunciendo el ceño.
—Lo sé, Rob, pero no la veo con ganas de cooperar. Es un farol, una treta para presionarla —explicó Mark.
Turner accedió a intentarlo. Volvieron a entrar y Mark encaró a Olivia.
—Se acabó el juego, Foster nos lo ha contado todo. Nos confirmó que usted le dio una coartada falsa la noche que desapareció Emily. Ahora es cómplice de encubrimiento —dijo señalándola con el dedo.
Olivia abrió los ojos como platos y se puso aún más nerviosa. Sabía que, si Foster realmente había hablado, ella estaba perdida. Entonces empezó a contar toda la verdad tartamudeando.
—Cuéntenos la verdad —la presionó más Turner.
Olivia no aguantaba más la presión, las lágrimas empezaron a bajarle por las mejillas mientras se tapaba la boca con las manos.
Sentía que no podía más con este secreto.
La estaba atormentando desde hacía tantos años.
Entre sollozos y tras los últimos gritos de Mark gritándole que confesase, se derrumbó y empezó a hablar.
—Está bien, les diré lo que pasó esa noche...
Había conocido a Harrison en el verano del 2016, no tenía ni idea de que luego sería mi profesor y mucho menos que estaba casado.
Empezamos a salir durante unos meses, hasta que un día descubrí que estaba casado y que su esposa estaba embarazada.
Decidí dajarlo en ese momento, pero Harrison insistía e insistía en que siguiéramos viéndonos.
»Unas semanas después, Lucas me contó que estaba saliendo con uno de sus profesores.
Sentí cómo se me paraba el corazón al escuchar quién era ese profesor.
Tuve una discusión con Harrison después de eso, le dije que no quería volver a verlo, pero el me prometió que rompería con Lucas y que dejaría a su mujer.
Que solo necesitaba algo más de tiempo. Yo estaba perdidamente enamorada de él.
Lo quería con locura. Así que acepté seguir viviendo esa situación.
Una noche recibí una llamada de Lucas, se le notaba desesperado y angustiado.
Me dijo que no sabía qué hacer, que Emily acababa de irse furiosa de su casa.
Al parecer había descubierto su relación con el profesor Foster y estaba que echaba chispas.
Decía que iba a denunciarlos, que eso no era ético.
Yo estaba a punto de terminar mi turno en el trabajo, así que le dije a Lucas que me esperara, que en cuanto cerrase iría para su casa y que juntos hablaríamos con Emily para convencerla de que no se lo contase a nadie.
Poco después me volvió a llamar diciéndome que Harrison había ido a verlo esa noche y que él le contó lo que había ocurrido, su discusión con Emily.
Me dijo que Harrison se puso furioso, le empezó a gritar y a zarandearlo violentamente por los hombros.
Luego Harrison salió corriendo detrás de Emily para tratar de alcanzarla.
Lucas intentó seguirlo, pero no pudo alcanzarlos, así que decidió volver a su casa, temblando de miedo, y esperar allí a que Harrison volviera.
»Unos minutos después, yo había cerrado la cafetería y me dirigía a la casa de Lucas cuando los vi en la carretera. Harrison había bloqueado el paso del coche de Emily con el suyo. Ella se estaba bajando hecha una furia, con el rostro desencajado por la rabia. Estaban gritándose improperios.
»Cuando me acerqué corriendo, Emily pareció aliviada de verme, supongo que temía que Harrison le hiciera daño.
Traté de calmarla, pero no había forma. Intenté convencerla de subir a mi coche para llevarla a su casa; en esas condiciones era mejor que no cogiera ella el coche, estaba muy nerviosa.
Pero entonces Harrison me agarró fuerte del brazo, clavándome los dedos, y me detuvo.
Me dijo que, si la dejaba ir, ella contaría todo y eso arruinaría su carrera, que podría incluso ir a la cárcel y me convenció para que le ayudase a llevar a Emily a su casa.
»Harrison intentó sacar a Emily del coche a la fuerza y en el forcejeo ella resbaló y se golpeó la cabeza contra el asfalto.
Me asusté mucho, pensé que estaba muerta.
La llevamos a casa de Harrison, yo estaba temblando y sollozando de nervios.
Insistía en que teníamos que llevarla al hospital, pero él se negaba gritándome.
Decía que si hacíamos eso lo acusarían de intento de asesinato, que lo perdería todo y que con toda seguridad acabaría en la cárcel.
»Intentamos calmarnos y pensar qué hacer.
En un intento de tranquilizar a Harrison, me acerqué a él y lo abracé; él me devolvió un beso.
Justo en ese momento Emily recobró la consciencia y nos vio.
Al principio estaba un poco desorientada, no sabía dónde estaba.
Se levantó temblorosa pero furiosa al mismo tiempo.
Cuando se dio cuenta de lo que acababa de ver, empezamos a discutir más y no sé cómo pasó, pero llegamos a las manos.
Intentó correr hacia la puerta de atrás, gritando que lo iba a contar todo.
Me entró el miedo, así que agarré un busto de mármol que había en la estantería y la golpeé en la cabeza en un arrebato.
Yo no quería matarla, de verdad que no quería.
»Estaba asustada y no sabía qué hacer. Cuando anocheció, Harrison puso su cuerpo en el maletero del coche de Emily y me dijo que lo siguiera en mi coche.
Se detuvo en el sendero a las afueras del pueblo, ese que sube a la vereda de las montañas.
Sabíamos que nadie transitaba por ahí, ya que el terreno es inestable.
Abandonamos su coche allí. Luego pasó el cuerpo de Emily a mi coche y me hizo conducir hasta el bosque cerca del lago y cavamos un hoyo para enterrarla.
»Yo insistía en que fuéramos a la policía, que todo había sido un accidente, pero él no me dejó. Me gritó que si decía algo me condenarían por asesinato y que él se encargaría de que pagara por lo que había hecho.
Olivia terminó su relato entre llantos y lágrimas. Miraba hacia abajo en un intento de esconder su vergüenza.
—¿Qué pasó con Lucas? —preguntó Turner, que no sentía ni una pizca de pena por ella.
—No estoy segura... Harrison me dijo que tenía que verlo porque lo habían interrogado y quería asegurarse de que no supiera nada. No me enteré de que lo había matado hasta que lo detuvieron, lo juro —contestó Olivia sollozando.
—¿Fue Harrison el responsable de la muerte de Melissa? — volvió a preguntar Turner.
—Sí —contestó llorando desconsoladamente.
—¿Qué pasó con ella?
—Un día Harrison llegó a mi casa empapado, con la ropa manchada y rasgada.
Me dijo que Melissa no dejaba de investigar el caso de Emily y estaba a punto de descubrir la verdad.
Los había visto juntos a él y a Lucas en casa de Lucas y no sabían cuánto tardaría en atar cabos sueltos.
Así que Lucas fue a hablar con ella a su casa mientras Harrison esperaba en el coche.
Al ver que Lucas tardaba, supuso que Melissa ya lo había descubierto todo, así que invadió la casa y la mató —contestó Olivia llorando.
—¿Cómo la mató? —preguntó Mark con angustia.
—Mark, tal vez no deberías... —dijo Turner.
—Quiero que lo diga —insistió Mark con la voz quebrada.
—No, no lo sé —titubeó Olivia antes de seguir—. Solo sé que luego Harrison se peleó brutalmente con Lucas, lo golpeó salvajemente y después de eso Lucas se marchó de Lakeview herido y aterrorizado.
—¿Foster te contó todo esto? —preguntó Turner.
—No le quedó de otra, llegó a mi casa sucio y manchado de sangre de los golpes que le había dado a Lucas.
Dijo que lo hizo para protegerme, que todo lo que ha hecho ha sido para protegerme, que no podía perderme.
Unos días después, antes de que Lucas se marchara, me dijo que Melissa no había descubierto toda la verdad. No tenía que haberla matado.
Mark ya no quería escuchar más, no podía soportarlo.
Salió de la sala dando un portazo, con el rostro desencajado.
Su mujer había muerto por nada, la mataron en vano en un arranque de ira.
Y todo era culpa suya. Si no se hubiese obsesionado con ese caso, si le hubiese dedicado más tiempo como le prometió, ella seguiría aquí.
No se habría puesto a jugar a detectives y seguiría viva.
En la sala, el interrogatorio continuaba.
—¿Por qué no te reconocimos cuando confirmaste la coartada de Foster?
—No fueron ustedes quienes hablaron conmigo ese día, inspector —dijo Olivia dirigiéndose a Turner—. Fue uno de sus oficiales. Le dije que mi nombre era Mónica Foster.
—¿Lucas sabía de tu relación con Harrison?
—No.
Antes de que se la llevaran detenida, Olivia agregó:
—A veces el amor nos ciega. No sabemos lo que somos capaces de hacer hasta que no amamos intensamente a alguien.
—Eso no es amor. El amor no mata —contestó Isabella con desprecio.