7. Hannah Turner
Había pasado casi una semana desde que habían cerrado el caso de Emily Adams.
Hannah se estaba adaptando muy bien en su nuevo trabajo como pasante en la policía.
Su padre estaba muy orgulloso de ella. Solían comer juntos todos los días en el pequeño restaurante que había al lado de la comisaría.
Sus días eran bastante tranquilos, en Lakeview casi nunca pasaba nada.
Así que tenía un trabajo bastante relajado.
Dado que tenía poco que hacer, se ofreció voluntaria para ayudar a su padre a organizar el papeleo del caso que acababan de resolver.
«Te mereces un descanso tú también, papá.
Déjame que me encargue del papeleo por ti», le había dicho.
Su padre al principio se negaba a coger unos días de descanso, pero al final cedió ante la insistencia de su hija.
Esa mañana, tras terminar de organizar los últimos papeles del caso, Hannah empezó a guardarlo todo en una caja para llevarlo al almacén donde se almacenaban todos los expedientes de los casos cerrados.
Fue entonces cuando encontró el CD con la grabación de la cámara de la sala de interrogatorios. Decidió verla.
«Tal vez esto me ayude en futuros casos», pensó.
Puso el CD en el ordenador y se puso a analizarla detalladamente.
En la grabación aparecía el sospechoso, Harrison Foster, confesando el crimen.
Hannah observó sus gestos y expresiones.
Después de ver la grabación varias veces se dio cuenta de que algo en el comportamiento de Harrison Foster no cuadraba.
No parecía verdaderamente arrepentido ni aliviado por confesar.
Su lenguaje corporal era rígido y su mirada fría.
Las palabras que decía no concordaban con sus emociones.
Hannah rebobinó la grabación y la volvió a ver varias veces, analizando cada detalle. Cada vez estaba más convencida de que Harrison Foster les había mentido. Algo no encajaba. Sentía que ese caso podría no estar tan cerrado como creían.
Decidió instalarse en la sala de audiovisuales, allí nadie la molestaría y podría seguir analizando el vídeo del interrogatorio a Foster.
Quería realizar un examen exhaustivo de su lenguaje corporal para estar segura antes de contárselo a su padre, el inspector Turner.
La joven estaba sola en la sala, sentada frente a una gran pantalla donde reproducía el vídeo una y otra vez.
La estancia permanecía en penumbra, solo iluminada por la luz azulada de la pantalla.
Hannah tomaba notas minuciosas en su libreta sobre cada gesto, mirada o cambio en el tono de voz de Foster.
Cuanto más analizaba la grabación, más convencida estaba de que algo no encajaba en la confesión de Foster.
Tenía que hablar con su padre cuanto antes.
Detenía la grabación en momentos clave y la analizaba fotograma a fotograma.
Quería captar los detalles más sutiles que delataran si Foster mentía.
Tras horas de un trabajo intenso, cuando sintió que había extraído toda la información posible, llamó a su padre por teléfono.
—Papá, creo que Foster no mató a Emily Adams.
Robert Turner acababa de llegar a la sala de audiovisuales después de la llamada de Hannah.
—He analizado meticulosamente el lenguaje corporal de Foster durante todo el interrogatorio —comenzó Hannah—. Voy a reproducirles algunos fragmentos donde se aprecian claramente incongruencias que indican que está mintiendo en partes de su confesión.
La joven puso en la pantalla la parte donde Foster describía el asesinato de Lucas. Su postura erguida, mirada fija y voz
firme denotaban total convicción en su confesión sobre este crimen.
Luego, reprodujo el momento en que le preguntaban por la muerte de Emily. El contraste era evidente: Foster desviaba la mirada, titubeaba, se frotaba el cuello repetidamente y daba respuestas evasivas.
—Aquí muestra claros signos de estar mintiendo. No está diciendo la verdad sobre la muerte de Emily —señaló Hannah.
Pasó a la parte donde hablaba de Melissa. De nuevo, el lenguaje corporal delataba su nerviosismo y falsedad.
Tras exponer todas sus observaciones detalladas, Hannah concluyó convencida:
—Foster miente sobre las muertes de Emily y Melissa. Debemos interrogarlo de nuevo centrándonos en aclarar lo que pasó realmente con ellas.
El inspector Turner observó orgulloso a su hija. La precisión de su análisis había sido impecable.
—¿Estás segura de ello? Acabamos de cerrar el caso. Si lo volvemos a abrir y nos hemos equivocado, podremos meternos en un gran lío.
—Estoy completamente segura de ello. Confía en mí.
—Excelente trabajo, Hannah. Prepárame un informe completo con tus observaciones. Yo llamaré a Isabella y Mark. Hay que volver a reabrir el caso.
—¿Y qué pasa con el alcalde?
—Yo me ocuparé de él. Confío en ti.