6. Celebraciones
Turner decidió hacer una barbacoa en su casa para celebrar que habían cerrado el caso.
—¡Buen trabajo a todos! ¡No podría pedir un mejor equipo que vosotros! —brindó alzando su botellín de cerveza.
Se pasaron la velada compartiendo historias y recordando los viejos tiempos. Isabella se reía de las anécdotas que Turner contaba sobre las locuras que él y Mark hacían en su época juvenil.
—Eso fue lo que me enamoró de ti —dijo Lisa, la mujer de Turner, dándole un suave beso en la mejilla.
—Tú estabas incluso más loca que nosotros —la pinchó su marido con una sonrisa en los labios. Cuando terminaron, antes de marcharse, Mark llamó la atención de todos.
—Hemos cerrado el caso. Ese criminal pasará el resto de su vida en prisión. Muchas gracias por ayudarme a descubrir lo que le pasó a Melissa. Pero ahora tengo que volver a mi vida. Me marcho por la mañana.
Todos se quedaron en silencio hasta que Turner dijo:
—Creía que te quedarías.
—Te prometí ayudar a resolver el caso de Emily, pero estoy retirado, Rob. Tomé esa decisión por el bien de mis hijos y voy a mantenerla.
—Te echaré de menos —le dijo Isabella mientras se levantaba para darle un abrazo con una mirada triste.
—Y yo a ti.
Lisa miró a Robert, sabía que su marido se había hecho ilusiones con tener a su mejor amigo de vuelta.
Él le devolvió una mirada triste con una media sonrisa y después se levantó para acompañar a Mark e Isa hasta su coche.
La velada había terminado con una sensación agridulce de felicidad por cerrar el caso y tristeza por la marcha de su querido y viejo amigo.
A la mañana siguiente, Mark se levantó temprano, con su maleta ya hecha, dispuesto a regresar a Willowbrook.
Dejó la maleta al lado de la puerta y se dirigió a la cocina para prepararse un café antes de emprender el viaje.
Se llevó una sorpresa al encontrarse a Isabella esperándolo con una taza de café recién hecho.
—¿Pensabas irte sin despedirte? —le dijo ella con tristeza.
—Nos despedimos anoche, Isa.
—Espero que te vaya todo bien, Mark. No olvides venir a visitarme.
Se dieron un largo abrazo. Mark se terminó su café, cogió su maleta y salió hacia su coche, aparcado enfrente del edificio de Isabella.
Mientras conducía de vuelta a casa, Mark sentía una mezcla de emociones.
Por un lado, la satisfacción de haber resuelto el caso y haber hecho justicia por Melissa. Pero también la tristeza de dejar
atrás a sus viejos amigos y compañeros.
Sabía que había tomado la decisión correcta al retirarse para estar con su familia. Aun así, una parte de él echaría de menos la emoción de la investigación policial y el trabajo en equipo para resolver crímenes.
Horas más tarde, Mark había aparcado delante de su casa. Se quedó un momento reflexionando sentado frente al volante. Al cabo de unos minutos salió del coche y se dirigió a la casa de al lado. Sarah abrió la puerta y al darse cuenta de que era él, rápidamente lo abrazó.
—¡Mark! ¡No sabía que venías hoy! ¿Hasta cuándo te quedas?
—Hemos cerrado el caso —contestó devolviéndole el abrazo.
—Pasa, cuéntamelo todo.
Sarah preparó dos tazas de café, le tendió una a Mark y luego se dirigieron al salón. Se sentaron uno al lado del otro.
Mark relató todos los detalles del caso y cómo finalmente se hizo justicia. Cuando terminó de hablar, Sarah, que lo conocía muy bien, sabía que algo le atormentaba.
—¿Qué te pasa? Te conozco, sé que algo te preocupa.
—Ha sido un golpe muy duro descubrir la verdad sobre la muerte de Mel. Me está costando procesarlo.
—Todo se va a arreglar, Mark —le dijo Sarah.
Después lo abrazó fuertemente, sin decir nada más. Ese abrazo expresaba todo el amor y apoyo que ella sentía por él. Perdidos en el momento, sus labios se encontraron en un tierno beso.
Aunque no habían formalizado nada aún, ambos sentían una conexión especial.
Después de que Mark se hubiese marchado, Isabella volvió a la cama.
Turner le había dado unos días de descanso.
«Tienes que descansar y reponer fuerzas, llevas días sin dormir con este caso», le había dicho.
Ella decidió que lo mejor era hacerle caso y no discutir.
Al final él tenía razón, en los últimos días apenas había dormido.
Se pasó toda la mañana en la cama, apenas se levantó para comer. Estaba realmente agotada. Después de comer volvió a quedarse dormida en el sofá. Eran pasadas las diez cuando escuchó el timbre. Tardó unos minutos en asimilar que llamaban a la puerta y levantarse a abrir.
—¿Estás bien? No te he visto en días —le dijo Aiden cuando abrió la puerta.
—Todo bien, solo necesitaba descansar.
—¿Has cenado? —preguntó él levantando una bolsa de comida con el eslogan del restaurante mexicano que le encantaba.
Isabella se echó a un lado para dejarlo pasar. Se instalaron en el salón, donde pusieron una película mientras cenaban. No habían vuelto a hablar desde aquel beso. Estaba dispuesta a abordar el tema cuando terminase la película. Pero no le dio tiempo a hacerlo. Aiden tomó la iniciativa.
—¿Isa? ¿Puedo preguntarte algo? —dijo nervioso.
—¡Claro!
—¿Qué sientes por mí?
Isabella no se esperaba esa pregunta, así que se quedó muda. Hacía ya algún tiempo que sentía algo por Aiden, pero no sabía si estaba preparada para empezar una relación. Finalmente dijo:
—Aiden, yo... —sentía que no le salían las palabras.
—Da igual —dijo él con tristeza—. No quiero estropear nuestra amistad. Creo que es hora de irme —finalizó mientras se levantaba y se dirigía hacia la puerta. Su media sonrisa denotaba la tristeza en su rostro.
Isabella seguía muda, no sabía cómo decirle lo que sentía. Así que no hizo nada, se quedó mirando la puerta mientras Aiden desaparecía por ella.