Un busto de mármol
Después de arrestar a Foster, Turner se dirigió a Mark:
—Mark, ve a registrar a fondo la casa de Foster en busca de más evidencia.
—No, yo quiero participar en el interrogatorio —protestó Mark .
—Estás demasiado alterado, este caso te afecta personalmente. Es mejor que no seas tú quien lo interrogue —respondió Turner con firmeza.
—¡Maldición! Está bien, iré a revisar la maldita casa otra vez
—accedió Mark de mala gana. Mientras Mark se dirigía nuevamente a la casa, Turner e Isabella subieron al coche patrulla para ir a la comisaría. Siguieron al vehículo que iba delante de ellos donde un oficial trasladaba a Foster esposado.
Ya en la pequeña sala de interrogatorios, hicieron sentar a Foster frente a una mesa metálica. La sala era fría y apenas iluminada por una lámpara colgante.
Turner se ubicó frente a Foster, mirándolo fijamente con sus ojos azules. Isabella encendió la cámara en una esquina para grabar y luego se sentó al lado de la mesa.
—Muy bien, Foster. Hora de hablar —dijo Turner secamente.
—Quiero a mi abogado. No voy a decir nada —respondió Foster desafiante.
—Tenemos pruebas más que suficientes para demostrar que mataste a Lucas. Su ADN estaba debajo de sus uñas —insistió Turner, arrojando las fotos del cadáver sobre la mesa.
Foster ni se inmutó. Siguió con la mirada fría y en silencio.
Isabella intervino entonces con tono suave:
—Sr. Foster, sé que debe haber una explicación, quizás fue en defensa propia... Si coopera podemos ayudarlo.
Pero Foster siguió impasible, negándose a hablar. Miraba al frente, evitando contacto visual.
Tras horas de interrogatorio sin resultado, agotados y frustrados, decidieron suspenderlo hasta que llegara el abogado. Se dieron cuenta de que así no conseguirían nada.
Turner confiaba en que Mark pudiera encontrar evidencia crucial en la casa de Foster que los ayudara a hacerlo hablar. Isabella le dijo a Turner que iba a la casa de Foster para echarle una mano a Mark con la inspección. Cuando llegó, Mark estaba inspeccionando el salón.
—No hay nada más que un montón de libros —le dijo Mark a Isabella cuando la vio entrar—. ¿Cómo ha ido el interrogatorio?
—No ha dicho nada —dijo Isabella con pesar.
—Maldita sea. Ese maldito sabe lo que le pasó a Melissa. ¡Tenemos que hacerle hablar!
—Y lo haremos. No se va a librar de esta —intentó animarlo Isabella.
Mark le contó que ya inspeccionó la habitación de Foster y la cocina. Le enseñó a Isabella unas fotos que encontró en la mesilla de noche. Isabella reconoció enseguida a Foster joven con una chica abrazados en la playa. Le dio la vuelta y leyó: «Verano del 2017, Daytona Beach».
—Mark, esta foto es del 2017—señaló Isabella.
—Sí, ya lo vi —confirmó Mark.
—Pero dijeron que Foster y Olivia se conocieron hace unos meses —dijo Isabella pensativa. Mark frunció el ceño. Era cierto, según la información que tenían, esa relación era reciente.
—Algo no cuadra aquí —concluyó Mark.
Isabella seguía mirando la foto fijamente. Ese paisaje le resultaba familiar, con una noria azul al fondo.
—El paisaje... me resulta familiar —dijo finalmente.
Mark volvió a mirar la foto con atención. Al cabo de unos minutos, sacó su móvil y buscó una foto.
—¡Es el mismo lugar! —dijo mostrándosela a Isabella—. Y el mismo año. ¿Salía Foster con Olivia y Lucas a la vez?
Sin responder, Mark le envió ambas fotos a Turner.
Luego, él e Isabella se adentraron más en la casa de Foster, que parecía una biblioteca antigua por la enorme cantidad de libros y documentos.
Isabella pasó suavemente su dedo por los lomos de los libros en las estanterías, leyendo los títulos.
Muchos trataban sobre historia y mitología antigua.
En una mesa encontró revistas académicas con artículos del propio Foster, pero nada llamó su atención .
Mark abrió cajones del escritorio llenos de papeles desordenados. Revisó las hojas buscando pistas, pero solo parecían apuntes y manuscritos sin importancia.
Cuando parecía que ya no quedaba nada relevante, Isabella se detuvo frente a la estantería del fondo, examinando los adornos que sujetaban los libros. Se trataba de un par de bustos de mármol, dos torsos desnudos de mujer, uno en cada extremo.
—Mark, creo que encontré algo... —dijo en voz alta.
Mark se acercó rápidamente. Isabella le señaló una de las estatuillas, indicándole que la analizara. Al hacerlo, Mark abrió los ojos con sorpresa.
—Está rota por atrás... —comentó mientras tomaba el busto y lo giraba.
Efectivamente, la espalda del torso estaba partida por la mitad, como si le hubieran propinado un fuerte golpe. La colocó junto a la otra, intacta, para compararlas. Ambas debían formar un juego decorativo.
—Parece que fue golpeada con un objeto contundente o…
—reflexionó Mark.
—Creo que hemos encontrado el arma homicida de Emily Adams —completó Isabella.
Llevaron las dos piezas de mármol al forense. Tras unos minutos, este confirmó que la pieza hallada junto al cadáver de Emily encajaba perfectamente con la encontrada en casa de Foster. No quedaban dudas, habían hallado el arma del crimen.