Antes de que hablen 4. Harrison Foster
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4. Harrison Foster

Mark e Isabella llegaron temprano a la universidad. Mientras caminaban por los pasillos buscando la oficina de Foster, Isabella comentó:

—Espero que el profesor Foster pueda darnos alguna pista sobre Lucas.

—Sí, necesitamos que nos aclare por qué esta su huella junto a una mancha de sangre perteneciente a uno de sus exalumnos, ahora desaparecido —respondió Mark.

Llegaron justo a tiempo para interceptarlo antes de la primera clase del día.

Al llegar al despacho de Foster, no había nadie. Bajaron a recepción, donde le informaron que el profesor había llamado para avisar de que no podría ir a trabajar ese día por motivos personales. Pero consiguieron su dirección residencial: 1258, Pine Road en Lakeview.

—Rayos, tendremos que ir a buscarlo a su casa —se quejó Isabella.

—No hay opción, vámonos ya —apuró Mark.

Condujeron rápidamente hasta la dirección. Era una casa grande, de dos plantas, con un amplio y prolijo jardín.

Tocaron el timbre y salió Foster. Mark e Isabella contuvieron una exclamación de sorpresa. A excepción de algunas arrugas de expresión en el rostro y unas pocas canas en el pelo, seguía exactamente igual que hace seis años, cuando Mark habló con él por primera vez.

Tras presentarse, le informaron que necesitaban interragarlo sobre su exalumno Lucas Anderson. Al escuchar ese nombre, notaron que Foster palideció levemente, aunque intentó disimularlo rápidamente.

—¿Lucas Anderson? —repitió—. No me suena.

—Era su alumno y amigo de Emily Adams.

—Ah, sí, algo me suena. Pero hace años que no sé nada de él.

¿Qué necesitan saber? —preguntó Foster, evidentemente nervioso.

—Preferiríamos hablar de esto en la comisaría —insistió Mark. Sabía que Foster mentía. «No se acuerda de Lucas, pero tiene fotos con él en la playa», pensó.

—Miren, si no estoy detenido, prefiero quedarme aquí. Pasen y hablamos —propuso Foster, tratando de mostrarse tranquilo.

Mark e Isabella accedieron, algo molestos por la situación. Mark comenzó a interrogar a Foster en la mesa del comedor.

Isabella, sin decir una palabra, se paseó lentamente por el salón observando todo a su alrededor.

Recorrió con la mirada los estantes repletos de libros, probablemente de literatura clásica a juzgar por los lomos desgastados. En el centro había una elegante mesa de cristal con un florero encima, lleno de flores frescas que desprendían un agradable aroma por toda la estancia.

Sobre la mesa había también unas velas aromáticas apagadas.

Isabella pensó que le daban un toque acogedor al ambiente.

Se fijó en los cuadros con pinturas de paisajes bucólicos colgados en las paredes. Y las cortinas de encaje que cubrían los ventanales, aportando un aire romántico.

Todo en esa casa tenía un delicado toque femenino muy marcado.

Volvió junto a los dos hombres cuando escuchó que Mark le preguntaba a Foster por su esposa.

—Hace años que me dejó —contestó vagamente.

Isabella enarcó las cejas, sorprendida. Eso no cuadraba para nada con la clara presencia femenina que se evidenciaba en cada detalle del lugar. Pero prefirió no decir nada aún, y siguió observando atentamente las reacciones de Foster.

—¿Hay alguien que pueda colaborar que estuvo aquí la noche pasada? —continuó preguntando Mark.

—Estuve solo toda la noche. Vivo solo desde que...

Justo en ese momento, una voz femenina los sorprendió a todos.

—¡Cariño, ya llegué!

Foster palideció mortalmente. Ante ellos apareció una mujer joven, que los miró desconcertada. Mark e Isabella intercambiaron una mirada atónita. ¿Qué estaba pasando allí?

Al salir de la casa, Mark e Isabella decidieron hablar con los vecinos y gente de la universidad para obtener más información sobre Foster.

Empezaron por su vecino de al lado, el Sr. Morris. Al preguntarle por la esposa de Foster, el hombre pareció desconcertado:

—¿Esposa? No sabía que Foster estuviera casado. Es un tipo reservado, siempre está en casa cuando no está en la universidad.

—¿Y nunca ha visto a su esposa entonces? —insistió Mark.

—No, jamás. Siempre lo veo solo, a veces recibe visitas de jóvenes, pero nada más. Nunca imaginé que tuviera esposa, no parece del tipo familiar.

Mark e Isabella se miraron extrañados.

—La única mujer que he visto saliendo de esa casa es a esa joven de pelo castaño —continuó el vecino.

Isabella y Mark se miraron sorprendidos. Le preguntaron al vecino desde cuándo veía a esa joven, y les confirmó que desde hace un par de meses.

Luego fueron a la universidad y hablaron con el director Anderson, quien también aseguró no saber que Foster estuviera casado .

Finalmente, de vuelta en la comisaría, buscaron en la base de datos. Efectivamente, no había registro alguno de que Foster hubiera estado casado antes.

—Esto no me cuadra —dijo Mark—. En la época que desa-pareció Emily nosotros hablamos con la mujer de Foster. Por eso fue descartado como sospechoso. Su mujer había colaborado con su coartada.

Los detectives intercambiaron una mirada, llegando a la misma conclusión: Foster les había mentido. Pero ¿por qué les mintió? ¿Qué más les estaría ocultando? ¿Quién era esa mujer con la que habían hablado entonces?

Mientras tanto, en la comisaría de Bennington, Turner seguía investigando la desaparición de Lucas, pero sin ningún avance. No había rastros de él, no se había comunicado con Anna ni nadie cercano. Turner temía lo peor. La frustración lo invadía.

De repente su móvil sonó, era Mark. Le contó que acababan de salir de la casa de Foster con Isabella y lo que había ocurrido allí.

Turner escuchaba atentamente, pensativo. Cuando Mark finalizó su relato, Turner respondió:

—Esto se está complicando demasiado. Creo que lo mejor es que vuelva hoy mismo a Lakeview. Aquí en Bennington no estamos avanzando en la búsqueda de Lucas y la policía local se puede ocupar e informarme si hay novedades.

—Tienes razón —dijo Mark—. Te esperamos entonces esta tarde en la comisaría para analizar todo.

—Perfecto, salgo para allá ahora mismo. Nos vemos en unas horas —finalizó Turner.

Cortaron la comunicación. Turner rápidamente hizo los arreglos para regresar.

Sentía que todas las piezas del rompecabezas estaban en Lakeview y no en Bennington.

Debían trabajar juntos para atar cabos y descubrir qué estaba pasando realmente y sobre todo hacer frente a la difícil conversación que tenía que mantener con Mark.