Una huella
Mark llegó apresurado a la oficina del forense. El penetrante olor a desinfectante y productos químicos inundó sus fosas nasales apenas cruzó la puerta. Un hombre mayor con bata blanca lo recibió amablemente.
—Buenos días, soy el inspector Mark Jenkins. Vengo por los resultados de la huella parcial encontrada en la escena del crimen de Lucas Anderson.
—Sí, inspector, lo estábamos esperando. Déjeme buscar el informe... Aquí lo tiene. —Le entregó un fólder amarillo con varias páginas—. Analizamos meticulosamente la huella y pudimos identificarla. Pertenece a un tal Harrison Foster .
Mark sintió un escalofrío recorrer su espalda. Esto confirmaba las sospechas que habían surgido tras encontrar las fotografías en el apartamento de Lucas. Harrison Foster había estado en la escena del crimen la noche de la desaparición de Lucas.
—Muchas gracias, doctor, ha hecho un trabajo excelente. Esta información es de gran ayuda para orientar la investigación — dijo Mark estrechándole la mano con gratitud.
Salió rápidamente de la morgue y se dirigió al apartamento de Lucas. Al llegar, encontró a Robert e Isabella sentados en un incómodo silencio en la desordenada sala.
—La huella coincide con Harrison Foster —les informó Mark. Robert e Isabella intercambiaron miradas cargadas de significado.
—Bien, es hora de volver a Lakeview y hablar directamente con Foster —sugirió Isabella.
—Tienes razón, no perdamos más tiempo —asintió Mark.
—Id vosotros, yo me quedaré aquí para ayudar en la búsqueda de Lucas.
Mark salió a buscar el coche que había aparcado a pocas calles del apartamento de Lucas. Isabella se acercó a Robert y le preguntó en voz baja:
—Robert, ¿cuándo piensas contárselo a Mark? Merece saberlo, es tu amigo.
—Descuida, se lo diré apenas vuelva a Lakeview. Necesito procesar bien esa información primero y decidir cómo decírselo.
—Está bien, pero no tardes mucho. Guardarle un secreto así no me parece justo y más cuando le afecta directamente a él.
—Lo sé, créeme que encontraré el momento adecuado para decírselo.
Isabella asintió no muy convencida. En ese momento Mark tocó la bocina del coche indicando que ya estaba listo para marcharse.
—Bueno, me voy. Por favor, no tardes en contárselo. No sé cuánto tiempo podré ocultarle esto.
—Mantenme informado de cualquier novedad —contestó Turner.
Isabella se despidió y subió al coche con Mark. Partieron rumbo a Lakeview con la esperanza de encontrar pronto a Harrison Foster y obtener más respuestas.
Mark e Isabella llegaron a Lakeview muy entrada la noche. Estaban agotados después de manejar por horas y no tenían la dirección de Foster, pues la universidad no les había proporcionado esa información. Decidieron entonces que lo mejor sería irse a descansar.
—Oye, si quieres puedes quedarte en la habitación de invitados de mi casa —le ofreció Isabella cuando él aparcó delante de su casa.
—¿En serio? Eso sería genial, gracias. Cualquier cosa es mejor que ese motel de mala muerte donde me estoy hospedando.
—No hay problema, para eso son los amigos.
Llegaron al apartamento de Isabella y dejaron sus cosas en la habitación de invitados.
Estaban tan cansados que decidieron ir directos a dormir.
Pero pasada una hora, ninguno de los dos podía conciliar el sueño pensando en el caso.
Isabella bajó a la cocina, donde se encontró a Mark sentado en el sofá mirando el móvil.
—¿Tampoco puedes dormir? —le preguntó al verla.
—Sí, no he podido pegar ojo.
—Yo tampoco. Estoy dándole vueltas al caso en mi cabeza.
—Igual que yo. No logro entender qué pudo haber pasado con Lucas.
Isabella fue a la cocina y sacó dos cervezas de la nevera. Le ofreció una a Mark y se sentó a su lado para conversar.
—¿Crees que Foster está involucrado en la desaparición de Lucas de alguna manera?
—No lo sé. Es extraño que su huella apareciera en la escena junto a esa mancha de sangre .
—Cierto, pero no tenemos pruebas de que Lucas esté muerto.
Tal vez solo se vieron y luego le pasó algo a Lucas después.
—Puede ser. Hasta no hablar con Foster no sabremos qué ocurrió realmente.
Siguieron conversando de otros temas más amenos y se dieron cuenta de que tenían muchas cosas en común. Mark le contó a Isabella sobre Sarah, su vecina que lo ayudaba cuidando a sus hijos.
Hablaba de ella con mucho cariño.
—Se nota que te agrada esa Sarah. ¿Sientes algo por ella?
—Bueno, es una buena amiga, nada más. Además, no podría tener nada con nadie. Eso sería como traicionar la memoria de mi esposa.
—Mark, estoy segura de que Melissa querría que fueras feliz y rehicieras tu vida. No deberías negarte esa posibilidad solo por lealtad a ella.
Mark se quedó pensativo con las palabras de Isabella. Tal vez tuviera razón después de todo.
—Y tú, Isabella, ¿hay alguien especial en tu vida?
—No, por ahora estoy soltera. Después de lo que pasó con mi prometido, sentí que necesitaba un tiempo para mí misma, para sanar y volver a estar bien.
—Te mereces a alguien que te valore y te haga feliz. Estoy seguro de que pronto llegará esa persona especial.
—Gracias, Mark, eres muy dulce. Y tú también te mereces volver a encontrar el amor y la felicidad. Estoy segura de que Melissa querría eso para ti.
—Tienes razón, tal vez ya sea hora de que siga adelante y vuelva a darme una oportunidad en el amor. Melissa siempre será parte de mí, pero no puedo vivir anclado en el pasado.
Isabella le dedicó una sonrisa cálida y puso su mano sobre la de él en señal de apoyo. Luego de un rato más de charla amena, decidieron que ya era muy tarde e intentaron dormir un poco antes de retomar la búsqueda de Foster por la mañana.