Antes de que hablen E-mails
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E-mails

Los inspectores Robert, Isabella y Mark llegaron temprano en la mañana al apartamento de Lucas, ubicado en el tercer piso de un viejo edificio en el centro de la ciudad. La casera les había facilitado una copia de la llave para poder ingresar.

Al entrar al lugar, se encontraron con un apartamento pequeño y descuidado.

«Vaya, este lugar es un desastre», pensó Isabella, arrugando la nariz al percibir un ligero olor a encierro en el ambiente.

Había platos sucios apilados en el diminuto fregadero de la cocina, la cama estaba deshecha con sábanas arrugadas y almohadas en el suelo, y ropa tirada por todo el suelo del dormitorio.

—Revisemos su ordenador, puede haber pistas útiles ahí — sugirió Mark dirigiéndose al escritorio junto a la ventana, donde había un iMac. Se sentó en la silla que había justo enfrente del escritorio y presionó el botón de encendido, pero apareció una pantalla solicitando contraseña.

—Rayos, está protegido. Necesitamos adivinar o jaquear la contraseña para poder ingresar —dijo Mark frustrado mientras se rascaba la cabeza.

—Tranquilo, Mark, no te desesperes. Tengo una idea —lo calmó Robert—.

Llamemos a Anna. Ella podría saber la contraseña.

Turner marcó el número de Anna. Le explicó brevemente la situación.

Anotó en un papel los números que le indicaba ella al otro lado de la línea y le pasó el papel a Mark, que introdujo la contraseña en el ordenador.

—Estamos dentro —le dice Mark a Turner.

—Has sido de gran ayuda, Anna, muchas gracias —dijo Turner con gratitud y colgó el teléfono.

—Perfecto, revisemos sus archivos —dijo Isabella acercándose al escritorio con entusiasmo.

Mark abrió el explorador y revisaron minuciosamente carpeta por carpeta. No encontraron nada relevante a primera vista, solo algunos documentos de trabajo, música y películas descargadas.

—Veamos su correo electrónico, algo debe haber ahí —sugirió Mark abriendo el programa de correo. Había decenas de mensajes sin leer, la mayoría relacionados con el trabajo de Lucas en el periódico.

—Filtra por fecha y pon el año 2017, cuando Emily desapareció —indicó Robert mientras ojeaba por encima del hombro de Mark.

Mark tecleó las fechas y encontraron varios intercambios con Emily donde se pasaban apuntes y tareas de la universidad. «Nada que nos sirva aquí», pensó decepcionado. Isabella se había alejado del escritorio y empezado a registrar la habitación de Lucas.

También había correos con su amiga Olivia Smith. Y luego detectaron una gran cantidad de mensajes con un remitente llamado «Harrison».

—Esperen, creo que tenemos algo aquí —dijo Mark abriendo uno de los correos—. Estos mensajes son muy cariñosos, parecen de una relación amorosa.

Cuando Mark estaba por abrir otro correo para leer su contenido, Isabella lo interrumpió.

—Chicos, miren lo que encontré debajo de la cama. Una caja llena de viejas fotografías.

Robert y Mark se acercaron rápidamente a examinarlas.

Eran principalmente instantáneas antiguas de Lucas en la playa abrazado con un hombre.

Lucas parecía tener como unos cinco años menos que ahora.

El hombre al que abrazaba aparentaba algo más mayor, pero en muy buena forma y muy atractivo.

Había más fotos de los dos caminando tomados de la mano, más fotos en la playa y algunas en lo que parecía la antigua casa de Lucas.

En una de las fotos se les veía besándose.

—Creo que acabamos de descubrir la identidad del hombre misterioso que visitó a Lucas la noche que Emily desapareció — les dijo Turner a sus compañeros.

—Sabemos cómo es, pero no su identidad —contestó Isabella.

—Sí lo sabemos —le contestó Mark mirando la foto.

—¿Quién?

—Es el profesor de Emily y Lucas —le dijo Turner.

—Harrison Foster —terminó de aclarar Mark.

Mark y Robert habían reconocido a Harrison Foster nada más ver la foto.

—¿Creéis que es el mismo Harrison que el de los correos electrónicos? —preguntó Isabella volviéndose hacia la pantalla del ordenador.

—Es posible —contestó Turner—, tenemos que hablar con Foster inmediatamente. Isabella, llama a la universidad y averigua lo que puedas sobre Foster. Cuando tengas algo me avisas enseguida.

»Mark, ve a la oficina del forense a ver si tienen listo el informe de la huella parcial. Yo seguiré revisando los correos electrónicos.

Robert empezó a revisar los correos electrónicos entre Lucas y Harrison. Conforme avanzaba, su expresión se tornaba más y más grave. En uno de los mensajes, encontró algo que lo dejó completamente en shock .

Al cabo de un rato Isabella entró en la habitación.

—Acabo de hablar con la secretaria de la universidad. Foster continúa trabajando allí —no terminó la frase—. ¿Robert? ¿Estás bien? —dijo al darse cuenta de que Turner no le estaba prestando atención y de que estaba más pálido que un fantasma.

Turner no respondió. Su expresión era ausente.

—¿Qué ocurre? —preguntó Isabella.

Robert, que seguía sin decir ni una palabra, giró la pantalla del ordenador en dirección a Isabella invitándola a leer lo que él acababa de descubrir. Isabella dudó un momento, pero finalmente se acercó y empezó a leer el correo tan perturbador que le estaba mostrando Turner.

Su expresión cambió a una de absoluto shock , igual que Robert. Cuando terminó de leer, dijo:

—Esto es muy grave. Hay que decírselo a Mark inmediatamente. Robert asintió con la cabeza, visiblemente consternado. Se quedaron unos minutos en silencio que parecieron horas, procesando la impactante información que acababan de descubrir.

Luego Robert dijo:

—Yo me encargaré personalmente de decírselo a Mark. Esta noticia va a destrozarlo.