Melissa Jenkins
Las primeras semanas de su investigación fueron frenéticas.
Pasaba horas revisando los informes de la policía, hablando con amigos y familiares de Emily, y visitando lugares que la joven solía frecuentar.
Cada pequeño detalle, cada pista, parecía abrir una puerta a la esperanza.
Melissa sentía que estaba cerca de descubrir la verdad y de poner fin al tormento de Mark.
Pero con el paso del tiempo y la falta de avances significativos, Melissa comenzó a sentir que estaba dando vueltas en círculos.
Cada vez que pensaba que estaba cerca de una revelación, se encontraba con un callejón sin salida.
La frustración y la desesperación comenzaron a nublar sus pensamientos.
Aquella mañana lluviosa, Melissa se levantó temprano y preparó el desayuno para sus dos hijos con desgano.
Mark ya se había ido, como solía hacer todos los días.
Desde que se había sumergido en el caso de Emily, cada vez veía menos a su esposo.
La imagen de Mark absorto en su búsqueda lo perseguía constantemente.
La tristeza y la preocupación en su mirada se habían convertido en una sombra constante en la casa.
Melissa sabía que su familia se estaba desmoronando mientras el caso la consumía a ella también. Cada día que pasaba sin encontrar una respuesta, se sentía más derrotada y desesperada. Su decisión de investigar por su cuenta parecía haberla llevado a un punto muerto.
Estaba a punto de darse por vencida y abandonar el caso para siempre. La sensación de impotencia la abrumaba mientras observaba a sus hijos comer en silencio y pensaba en la vida que se estaban perdiendo.
«No puedo seguir así, tengo que parar esta locura por el bien de mis hijos», pensó Melissa con los ojos llenos de lágrimas.
Pero lo que aún no sabía era que ese día lluvioso estaba a punto de cambiarlo todo.
Ese día, se levantó temprano, preparó el desayuno y despertó a los niños; Mark ya se había ido. Cada día veía menos a su marido.
Llevó a los niños al colegio, regresó a casa y se encerró en el despacho de Mark.
Pasó un rato mirando el cuadro donde estaban pegadas todas las informaciones del caso.
Luego, salió al supermercado, tenía que hacer la compra.
De camino, se paró en el Brew Haven, un pequeño café local, y se sentó en la barra al lado de un joven que hablaba con la camarera, Olivia Smith.
Olivia, siempre atenta, se dio cuenta de que Melissa estaba triste y entabló una conversación con ella.
—¿Todo bien, señora Jenkins? —preguntó dedicándole una sonrisa.
—Todo bien —mintió ella—. ¿Cómo estás, Olivia?
—Bien. Un poco cansada, desde que desapareció Emily me toca cubrir sus turnos, hasta que el señor Mitchell contrate a alguien. Sigue pensando que volverá en cualquier momento. Así que no está haciendo entrevistas .
—¿Tú también crees que se ha podido ir por su cuenta?
El joven sentado a su lado interrumpió la conversación antes de que Olivia pudiese responder a la pregunta.
—Por supuesto que sí. Emily era un alma libre. Seguro que se cansó de esto y se fue.
—Lucas, tú la conoces. Ella es nuestra amiga. No se iría así, sin decir una palabra —replicó Olivia molesta.
Melissa escuchaba atentamente la conversación. Tal vez Lucas sabía algo que no había dicho antes. Decidió intervenir.
—Disculpa, Lucas, soy Melissa, la esposa del inspector Jenkins. ¿Podrías contarme más sobre la última vez que viste a Emily? Cualquier detalle podría ser importante para encontrarla.
Lucas la miró sorprendido. No esperaba que la esposa de un inspector estuviera tan involucrada en la investigación.
Melissa, intrigada, le preguntó:
—¿Cuánto tiempo hace que conoces a Emily, Lucas?
—¿Y a usted qué le importa? —respondió de manera brusca y evasiva. Olivia lo miró con reproche y le llamó la atención por su falta de educación.
Lucas, enfadado, le hizo un gesto de desprecio a su amiga, después se levantó de su asiento y se fue del café sin despedirse.
Tanto Melissa como Olivia quedaron desconcertadas por la reacción de Lucas.
No entendían lo que había sucedido, pero algo en su actitud parecía ocultar más de lo que revelaba.
Melissa sintió que había encontrado una nueva pista en el caso de Emily, pero aún no podía imaginar hasta dónde la llevaría su investigación.
Melissa pasó el resto del día ocupada con las tareas cotidianas: preparó la comida, buscó a los niños en el colegio y ayudó con los deberes. Sin embargo, su mente seguía obsesionada con la extraña reacción de Lucas en el café. Repasaba mentalmente su actitud y sus palabras una y otra vez.
Fue entonces cuando algo llamó su atención. Se dio cuenta de un detalle crucial: Lucas se había referido a Emily en pasado. Si pensaba que Emily simplemente se había ido, ¿por qué hablaba de ella como si ya no estuviera presente en el mundo? Esto le pareció una contradicción intrigante.
¿Sería solo una forma de hablar o es que Lucas ocultaba algo? Melissa, decidida a obtener más respuestas, dejó a los niños con su vecina Ivone, era como de la familia, y se dirigió de nuevo
al café. Olivia aún estaba allí.
—Olivia, sé que te parecerá una pregunta extraña, pero ¿sabes dónde vive Lucas? Necesito hablar con él sobre Emily —dijo Melissa.
Olivia dudó por un momento.
—No estoy segura de poder darte esa información —respondió un poco cortada.
—Por favor, es muy importante. Puede que Lucas sepa algo que nos ayude a encontrar a Emily —insistió Melissa.
Finalmente, Olivia accedió a darle la dirección de Lucas, con la condición de que no le dijera a nadie quién se la había proporcionado.
—Si se entera de que se la he dado, se enfadara conmigo — dijo mientras le apuntaba la dirección en un trozo de servilleta.
Melissa agradeció efusivamente la información mientras le prometía que no revelaría quién le había dado la dirección y se dirigió al apartamento de Lucas, dispuesta a obtener las respuestas que buscaba.
Aparcó frente a la casa de Lucas, lista para hablar con él y obtener respuestas.
Sin embargo, justo cuando estaba a punto de salir de su coche, notó que otro vehículo se detenía en la entrada de la casa.
Un hombre salió del coche y llamó a la puerta.
Para sorpresa de Melissa, Lucas abrió la puerta y le dio un beso en la boca al hombre.
Melissa se quedó quieta, observando la escena sin ser vista.
Se mantuvo quieta en su coche, esperando a que el hombre se fuera antes de abordar a Lucas.
El tiempo parecía pasar lentamente mientras observaba la casa desde su automóvil.
Su mente daba vueltas, tratando de procesar todas las teorías que se le pasaban por la cabeza.
Finalmente, después de aproximadamente tres horas que le parecieron eternas, la puerta de la casa se abrió, y Melissa pudo ver claramente el rostro del hombre que había estado en la casa de Lucas.
Lo que vio la dejó sin aliento, y en un intento torpe de arrancar el coche y alejarse de la escena, presionó sin querer el centro del volante, haciendo así que la bocina sonase durante unos segundos.
Los dos hombres se giraron rápidamente en su dirección y, asustados, la miraron directamente.
Melissa apresuradamente condujo de regreso a su casa, sintiendo que su corazón latía con fuerza.
Sin embargo, no se dio cuenta de que un coche la estaba siguiendo. Sus manos temblaban mientras conducía, presa del pánico.
Al llegar a casa, se sirvió una copa de vino con manos temblorosas, tratando de calmarse. Pero sus pensamientos estaban dominados por lo que había presenciado en la casa de Lucas.
Después de un rato, escuchó que llamaban a la puerta. Miró la hora y se dio cuenta de que se había olvidado de recoger a sus hijos de la casa de su vecina. Respiró hondo varias veces para tratar de recuperar la calma antes de abrir la puerta.
Cuando finalmente abrió, su sorpresa fue inmensa.
—Lucas —dijo, notando que su voz temblaba. Su rostro palideció al verlo parado frente a ella. La situación se estaba volviendo cada vez más desconcertante, y Melissa sabía que debía enfrentarla de alguna manera.