2. La decisión
La noche envolvía Willowbrook con su manto estrellado y la brisa fresca de las montañas de Vermont acariciaba las calles.
Incapaz de conciliar el sueño, Mark Jenkins decidió dar un paseo por las calles tranquilas y a esas horas vacías.
El sorprendente encuentro con su antiguo compañero de la policía, Robert Turner, lo había sumido en un conflicto interno.
La reaparición de Turner en su vida lo forzaba a enfrentar su pasado y los oscuros recuerdos que tanto había intentado dejar atrás.
Caminaba sumido en sus pensamientos de vuelta a casa, cuando se percató de que Sarah, su vecina, estaba sentada en su porche disfrutando de una taza de té.
Mark dudó unos segundos si ir a sentarse a su lado, necesitaba compartir sus pensamientos.
Pero antes de que pudiera decidirse, escuchó la voz de Sarah:
—¿Tú tampoco puedes dormir? —le preguntó con cara de cansancio, pero una pequeña sonrisa en los labios.
Mark, aún dubitativo y confundido sobre si debía hablar con Turner, no le contestó, pero se dirigió hacia el porche y se sentó a su lado.
Sarah miró a Mark, preocupada por la expresión de tormento en su rostro.
—Sabes, Mark, si alguna vez necesitas hablar, estoy aquí para ti —dijo con amabilidad, ofreciéndole apoyo.
Mark suspiró, incapaz de apartar de su mente la reaparición de Turner y la difícil decisión que enfrentaba .
—Sarah, hay veces que por mucho que intentamos hacer lo correcto, siempre habrá la duda de si podrías haberlo hecho mejor. ¿Hice bien en mudarme aquí con mis hijos? ¿Y si hubiera cumplido la promesa de llevarlos de vacaciones, seguiríamos todos juntos? —expresó Mark con pesar.
Sarah no entendía bien a qué se refería, pero decidió dejarlo continuar.
—El pasado ha decidido regresar —prosiguió Mark—. Hubo una tragedia, Sarah, un drama que cambió mi vida. Me alejé de todo para proteger a mis hijos. No quiero que vuelvan a pasar por una situación parecida —explicó.
Sarah escuchó atentamente mientras Mark compartía cómo su vida se convirtió en un torbellino de emociones, culpa y tristeza.
—Mark, es normal que esos recuerdos sigan acechando tu mente. Pero también es importante recordar que no puedes culparte por lo que ocurrió —aconsejó Sarah con suavidad después de que Mark terminase de contarle lo que pasó antes de mudarse a Willowbrook.
Mark asintió, agradecido por las palabras reconfortantes. Continuó compartiendo detalles sobre la visita de Robert Turner y el caso de Emily.
—Turner, mi excompañero, me visitó, Sarah. Hablamos sobre un caso sin resolver, el caso de Emily, una joven que desapareció misteriosamente en 2017 —explicó Mark.
Sarah lo miró con interés, consciente de la importancia del caso para él.
—Debe ser importante si vino a verte después de tanto tiempo. ¿De qué se trata? —preguntó con curiosidad.Mark vaciló, no estaba seguro de querer hablar del tema. Finalmente, decidió compartir más sin entrar en detalles dolorosos.
—Es un caso complicado, un misterio sin resolver. Emily desapareció y nunca encontraron su cuerpo, pero ahora lo hallaron .
Quieren que vuelva a ayudar, pero no sé si debo involucrarme de nuevo después de todo lo que pasó —confesó Mark.
Sarah comprendió la situación y cómo podía estar afectando a su amigo. Asintió con empatía, dispuesta a escucharlo y brindarle su apoyo.
—Entiendo por qué eso podría estar causando conflicto en tu interior. Mark, te preocupas profundamente por la seguridad de tus hijos. Pero también recuerda que mereces estar en paz, tal vez al descubrir qué le pasó a esa joven, consigas cerrar viejas heridas
—aconsejó Sarah.
Mark asintió en silencio, agradeciendo las palabras de su amiga.
La conversación entre ambos continuó mientras la noche avanzaba, y Mark se debatía internamente sobre si involucrarse una vez más en un caso que le había robado la paz en el pasado.
—Gracias por escucharme, Sarah. Tu apoyo significa mucho para mí —expresó Mark con gratitud.
Sarah sonrió amablemente y le aseguró que estaría a su lado, cualquiera que fuera su decisión.
Mark, aún indeciso, con una sensación de nostalgia y pesar, se despidió de Sarah y regresó a su hogar.
Se dirigió a la habitación de sus hijos, donde ellos dormían pacíficamente, ajenos al dilema que enfrentaba su padre.
Los observó dormir por un momento, sintiendo la responsabilidad de protegerlos y el anhelo de justicia por Emily.
Finalmente se acercó a ellos, les dio un beso en la frente a cada uno y salió cerrando la puerta con cuidado de no despertarles.
Decidió darse una ducha de agua caliente para aliviar tensiones. Sabía que debía tomar una decisión difícil, pero confiaba en que haría lo correcto, tanto para su familia como para honrar la memoria de Emily.
Agradecía profundamente el apoyo y la comprensión de Sarah.
Hablar con ella le había ayudado a aclarar sus pensamientos y sentimientos.
Aunque la decisión final dependía solo de él, se sentía reconfortado al saber que no estaba solo y que, sea cual sea el camino, sus seres queridos estarían a su lado.
El sol comenzó a asomar tímidamente por las ventanas del hotel Willowbrook Inn.
En una de las habitaciones, Robert Turner yacía profundamente dormido.
La noche anterior había sido larga y agotadora.
Después de un exhaustivo viaje en coche hasta Willowbrook, el reencuentro con su compañero de la policía y el que había sido uno de sus amigos más íntimos durante tantos años...
El cansancio era tanto físico como emocional, lo que lo llevó a un sueño profundo e ininterrumpido.
Ni siquiera escuchó la llamada entrante en su teléfono ni el tono de notificación de un mensaje entrante.
El teléfono siguió vibrando en la mesilla de noche durante las primeras horas de la mañana cuando finalmente se detuvo.
Cuando Turner se despertó, se frotó los ojos y se estiró en la cama. Miró su teléfono y notó que tenía varias llamadas perdidas y un mensaje de Isabella. Se apresuró a leer el mensaje:
«Creo que he encontrado algo. Llámame cuando leas esto». Tras leer el mensaje, se apresuró a devolverle la llamada, embargado por la curiosidad de saber qué es lo que había descubierto. Estaba a punto de marcar el número de Isabella cuando llamaron a la puerta de su habitación.
Se apresuró en ponerse la bata y, al abrir la puerta, se encontró con Mark Jenkins, quien lo miró con una expresión seria.
—Buenos días, Robert. ¿Tienes tiempo para tomar un café? Necesitamos hablar —dijo Mark. Turner asintió y, sin hacer esperar a su amigo, se preparó rápidamente para el día. Ambos hombres bajaron juntos y se dirigieron a la cafetería del hotel.
La cafetería del hotel era un lugar acogedor, decorado en tonos cálidos que le daban un ambiente relajado y agradable.
Grandes ventanales permitían la entrada de luz natural, y las mesas estaban dispuestas de manera que los comensales podían disfrutar de unas vistas increíbles a las montañas que rodeaban Willowbrook.
Las sillas acolchadas invitaban a los huéspedes a tomar asiento y relajarse mientras disfrutaban de su comida o bebida.
El suave murmullo de las conversaciones y el aroma del café recién hecho llenaban el aire, creando un ambiente tranquilo y acogedor.
Después de ordenar dos tazas de café, encontraron una mesa tranquila en un rincón. Mark miró a su antiguo compañero y comenzó la conversación.
—Robert, sabes que después de la tragedia me mudé para dejar atrás el pasado, para dedicarles más atención a mis hijos. Pensaba que, si dejaba esa vida de policía atrás, ellos estarían a salvo.
—Lo sé, Mark —contestó Robert.
—Recuerdo cómo solíamos ser más que compañeros en la policía.
Éramos amigos, casi como hermanos. —Mark hizo una pausa, recordando los momentos en que habían compartido risas, preocupaciones y experiencias en el pasado—.
A veces siento que la vida nos separó, no solo como amigos, sino por todo lo que ocurrió hace cinco años.
Turner asintió, mirando a su viejo amigo con nostalgia.
—Lo entiendo, Mark. Aquel caso nos cambió a ambos. Pero no importa cuánto tiempo haya pasado, seguimos siendo amigos, hermanos —dijo Robert con sinceridad.
Mark reflexionó sobre las palabras de Turner y cómo su amistad había resistido las pruebas del tiempo y las tragedias.
—Ayer, me hablaste sobre Emily. —Mark hizo una pausa, pensando en cómo abordar la difícil conversación sin mencionar lo que había sucedido con Melissa—.
Me hiciste recordar lo que dejé atrás, también me recordaste por qué tomé la decisión de alejarme de todo esto, pero también me hiciste darme cuenta de por qué elegí ser policía —dijo Mark.
Turner asintió, reconociendo la carga emocional de lo que habían enfrentado juntos en el pasado.
—Comprendo tus reservas, Mark. Y sé que lo que ocurrió en 2018 sigue siendo un misterio en tu mente.
No puedo cambiarlo que sucedió, pero el caso de Emily no tiene relación con lo que pasó hace cinco años.
Sé que no resolver su caso te pesó tanto como a mí, por eso te entregaste tanto en el siguiente caso.
Ahora tenemos la oportunidad para hacer lo correcto, para cerrar un capítulo pendiente.
—Robert miró a su amigo con seriedad—. Sé que eres un buen inspector, Mark, y tu experiencia podría ser crucial para resolver el caso de Emily; además, ya estas familiarizado con el caso.
Sus padres necesitan saber lo que le ocurrió a su hija, nosotros necesitamos cerrar este caso para seguir con nuestras vidas. Lakeview necesita respuestas.
Mark reflexionó nuevamente y se sintió conmovido por la amistad y la confianza que siempre habían compartido.
—Está bien, Robert. Estaré en Lakeview mañana. Ayudaré con el caso de Emily, pero quiero que sepas que lo hago por ella y su familia, no por mí —afirmó Mark.
Turner asintió con gratitud. Ambos hombres sabían que enfrentar el pasado sería doloroso, pero era un paso necesario para encontrar la verdad.
Después de terminar su café, se despidieron en el hotel. Mark se fue, y Robert subió a su habitación. Llamó a Isabella para que le actualizase sobre las novedades que habían tenido lugar en su ausencia y escuchó con atención mientras ella compartía los detalles sobre lo que había descubierto.
—Llegaré a Lakeview en tres horas. Necesitamos reunir todos los hechos antes de comenzar esta nueva fase de la investigación — dijo Turner antes de finalizar la llamada.
Tras la conversación con Isabella, Robert se preparó para abandonar el hotel. Cogió las llaves de su coche y se dirigió hacia el parking . Con determinación en sus ojos, condujo de vuelta a Lakeview, donde el pasado y el presente se entrelazarían una vez más en su búsqueda de respuestas.