8. Mármol
Después de dos días en la sala de autopsias, el forense Morgan acababa de finalizar el informe. Su expresión era seria mientras tomaba el teléfono y marcaba el número de Robert Turner, el jefe de policía de Lakeview.
—Jefe Turner, soy el forense Morgan. Quería informarle que el informe de la autopsia está completo.
—Entendido, Morgan. Gracias por la rapidez. Nos vemos en su despacho.
Después de colgar, Turner buscó en su agenda el número de la oficial Martins.
—¿Diga? —contestó Isabella al otro lado de la línea.
—Soy Turner. El forense ha terminado el informe.
Quedaron en encontrarse directamente en el despacho del forense. Cuando Isabella llegó, Turner la estaba esperando en el pasillo.
—Jefe, ¿sabe algo ya?
—Sí. Morgan acaba de terminar el informe. Vamos a su despacho.
Juntos entraron al despacho del forense, donde Morgan les extendió el informe. El forense comenzó a explicar la causa de la muerte.
—Aquí está el informe de la autopsia. Por el estado de descomposición de la víctima, hemos podido determinar que lleva muerta entre 5 y 7 años.
La causa de la muerte fue un traumatismo craneal severo debido a un fuerte golpe en la cabeza.
Vamos a la sala de autopsias para que puedan ver el cuerpo y obtener más detalles —dijo mientras se levantaba e invitaba a los oficiales a acompañarlo a la sala de al lado.
La sala de autopsias era un lugar frío y estéril.
El doctor Morgan se acercó a una camilla situada en un lateral de la sala donde el cuerpo estaba cubierto por una sábana blanca.
El forense destapó el cuerpo con cuidado, revelando así los restos de lo que un día fue una persona.
Lo poco que se podía apreciar eran trozos de tela, pelos enredados y las pocas partes del tejido que quedaban.
—Como pueden ver, el cuerpo se encuentra en un avanzado estado de descomposición.
Sin embargo, hemos logrado recuperar algunos pelos y muestras de tejido para el análisis de ADN.
A Isabella le era imposible mantener la vista en el cuerpo.
Turner en cambio se echó hacia delante para poder observar el cadáver más de cerca.
—¿Cómo murió? ¿Hay signos de lucha? —preguntó Turner.
—La causa de la muerte fue un fuerte golpe en la cabeza, posiblemente con un objeto contundente. Debido a su estado no podemos determinar si tenía signos de lucha o si fue sorprendida —explicó el forense.
—Necesitamos conocer la identidad de la víctima lo antes posible —dijo Isabella, que seguía mirando hacia el techo, para mantener la vista lo más alejado posible de los restos de lo que un día fue una persona.
—Lamentablemente, debido al avanzado estado de descomposición, la identificación visual es imposible.
Sin embargo, como mencioné, hemos recuperado algunas muestras de ADN que podrían ayudar en la identificación.
Hasta entonces solo puedo aportar que la víctima es una mujer de entre 20 y 25 años —respondió Morgan.
—¿Cuándo tendrá lista la prueba de ADN? — preguntó Turner.
—Procesaré las muestras de ADN de inmediato y se las enviaré al laboratorio para su análisis. Les informaré tan pronto como tengamos resultados —aseguró el forense.
Luego de salir del despacho, Turner e Isabella intercambiaron miradas preocupadas. Sabían que tenían un caso desafiante entre manos.
Turner decidió tomar la iniciativa:
—Isabella, necesitamos volver a revisar todas las desapariciones de mujeres de entre 20 y 25 años en nuestra jurisdicción.
Esta podría ser una pista importante para identificar a la víctima.
Además, debemos ampliar la búsqueda a todo Vermont.
No sabemos si es local o fue llevada aquí desde otro lugar.
Isabella asintió y sacó su libreta para tomar notas:
—Entendido, jefe. Comenzaré de inmediato la revisión de casos y coordinaré con otros departamentos en Vermont para obtener información adicional sobre desapariciones recientes que coincidan con el perfil.
—Perfecto, Isabella. Mantente en contacto conmigo a medida que avances.
Esto es prioridad. Cuanto antes la identifiquemos, más cerca estaremos de resolver el caso —concluyó Turner.
Isabella asintió nuevamente y se retiró para comenzar a trabajar en la revisión de casos y en la ampliación de la búsqueda.
Regresó a su oficina y comenzó a revisar meticulosamente los expedientes de desapariciones de mujeres jóvenes en Lakeview y jurisdicciones cercanas.
Cada detalle era importante. También se puso en contacto con otros departamentos de policía en Vermont para obtener información adicional sobre desapariciones en los últimos 7 años que pudieran coincidir con la víctima.
Las horas fueron avanzando y cuando quiso darse cuenta ya era más de medianoche. Sabía que el agotamiento no la dejaría avanzar más y que debería irse a casa a descansar.
Al salir de su despacho, vio que la luz de la oficina del jefe Turner estaba encendida. Se acercó y llamó a la puerta. Turner estaba sentado detrás de su escritorio con expresión cansada. Al ver entrar a Isabella, levantó la vista del expediente que tenía sobre la mesa.
—¿Sigues aquí, Martins?
—Estaba terminando de revisar las desapariciones que me enviaron de otros departamentos del estado, jefe.
—¿Has encontrado algo? —dijo Turner con esperanza.
—Nada —respondió Isabella agachando la cabeza. Turner volvió a mirar el expediente sobre su mesa.
—Ya es muy tarde. Vete a casa, Isabella.
Isabella salió, dejando a Turner sumergido en sus pensamientos y en ese misterioso expediente. De camino a casa, no pudo evitar preguntarse si lo que leía Turner tenía relación con el caso.
A la mañana siguiente, mientras Lakeview cobraba vida, Isabella se preparaba para otro día de trabajo. Su mente estaba llena de pensamientos sobre el caso.
Cuando estaba por salir, sonó su teléfono interrumpiendo sus pensamientos.
Era el Dr. Morgan informando que tenían los resultados del ADN.
Sin perder tiempo, Isabella se apresuró a recoger el informe en el laboratorio del forense.
Con el sobre en mano, Isabella se dirigió al despacho de Turner.
Al llegar, vio que el jefe estaba absorto en el mismo expediente de la noche anterior.
Golpeó suavemente la puerta y entró.
Turner levantó la vista con expresión cansada pero expectante.
—¿Martins?
—Jefe, el forense tiene los resultados del ADN —dijo Isabella entregándole el sobre.
Turner lo abrió con manos temblorosas. Sus ojos recorrieron el informe rápidamente, pero luego se detuvo pálido como la nieve.
—No puede ser... —murmuró rebuscando entre las páginas del expediente que había estado leyendo y que ahora tenía apoyado sobre la mesa.
—¿Qué pasa, jefe? —preguntó Isabella preocupada.
—La víctima... es Emily Adams —susurró Turner con incredulidad y angustia.
—Emily Adams... —repitió Isabella intentando recordar.
—Desapareció hace 6 años. Interrogamos a allegados, buscamos pruebas... Nunca pudimos resolverlo. Y ahora el ADN coincide con el de Emily.
Isabella solo había oído del caso a través de sus compañeros. Recordaba que en alguna ocasión al patrullar las calles con otro oficial este le había comentado sobre el caso de una chica que había desaparecido hacía tiempo y que nunca habían logrado resolver.
—¿Está seguro, jefe? —preguntó necesitando confirmación.
Turner asintió lentamente, sin apartar la vista del informe. No había dudas.
La noticia los dejó sin palabras. Por la mente de Turner surgían preguntas: ¿qué le pasó a Emily? ¿Qué ocurrió la noche que desapareció? Ahora sabían que ya no se trataba de una desaparición, sino de un asesinato. ¿Pero quién lo habría cometido?
¿Tenía Emily algún enemigo? Estaba claro que había un asesino suelto desde hacía 6 años.
Tenían que reabrir la investigación desde cero. Pero primero debían informar a los padres de Emily. De vuelta en su despacho, Turner le explicó a Isabella todo lo que habían encontrado en 2017.
Pasaron horas revisando expedientes buscando pistas por dónde empezar. Al darse cuenta de la hora, Turner invitó a Isabella a cenar mientras hacían un descanso antes de seguir con los primeros pasos de esa desaparición que ahora se revelaba como un homicidio.