7. Caso reabierto
Isabella se levantó temprano en la mañana, llena de anticipación por comenzar la investigación del misterioso cuerpo en el lago.
Había repasado mentalmente todos los pasos que daría en su mente.
Sin embargo, cuando llegó al departamento de policía y se reunió con el jefe Turner, sus expectativas se vieron frustradas.
El jefe Turner, con su semblante serio y ceño fruncido, la recibió en su despacho.
—Martins, ¿qué haces aquí? Hoy es tu día libre —le dijo en un tono seco.
—No puedo pensar en un día libre, cuando acabamos de encontrar un cuerpo semienterrado, jefe —le respondió Isabella con un poco de incredulidad, alzando las cejas.
—El informe forense aún no está completo. El forense jefe está esperando algunas pruebas adicionales antes de confirmar la identidad de la víctima y la causa de la muerte. No podemos avanzar sin esta información crucial —explicó Turner mientras se frotaba la sien.
Isabella frunció el ceño y suspiró con frustración. Había estado esperando ansiosamente para sumergirse en el caso, y esta demora le resultaba muy frustrante.
—¿No hay nada que podamos hacer mientras esperamos el informe del forense? Podemos recopilar más testimonios, buscar posibles testigos o revisar los registros de personas desaparecidas
—propuso esperanzada.
—Lo único que pudimos hacer fue tomar la declaración de los tres jóvenes.
Hasta que no sepamos quién es la víctima, no podemos hacer nada.
Lo siento, Martins, pero hoy no es el día para comenzar la investigación.
Tienes el día libre. Ve y disfruta mientras esperamos el informe del forense.
No tiene sentido presionar sin la información adecuada —sentenció Turner con firmeza.
Aunque Isabella estaba decidida a seguir adelante, comprendió la lógica detrás de las palabras de Turner.
Suspiró resignada y asintió lentamente—.
Está bien. Pero tan pronto como tengamos ese informe, estaré lista para trabajar —aceptó a regañadientes.
Turner sonrió ligeramente.
—Así me gusta, Martins. Descansa, relájate y desconecta por un día. Lo necesitarás para lo que viene —le aconsejó en un tono más suave. Isabella se retiró de su despacho con una mezcla de resignación y frustración.
Al salir del despacho de Turner, el teléfono empezó a sonarle.
Lo sacó del bolsillo rápidamente y respondió:
—¿Diga?
—¿Ya estás lista para nuestro paseo? —dijo una voz masculina animada al otro lado de la línea. Con todo lo que había pasado el día anterior, se había olvidado por completo de que había quedado con su vecino Aiden para recorrer las trillas que llevan hasta las montañas que rodean la ciudad.
—¡Aiden! Perdóname, me había olvidado por completo. Estaré preparada en una hora —respondió apenada.
Llegó a su casa apresurada y preparó una mochila con sándwiches y refrescos. Se quitó el uniforme de la policía y se puso su ropa de senderismo, más cómoda. Salió de casa y se encontró con Aiden en el rellano.
Aiden es un hombre en la treintena con cabello castaño y ojos vivaces que reflejan su personalidad amigable y extrovertida. Trabajaba como bombero y le encantaba entrenar al aire libre para mantenerse en forma.
Cuando Isabella llegó a Lakeview buscando un nuevo comienzo, Aiden fue su primer amigo en la ciudad y una persona esencial para su adaptación.
Después de un largo paseo por la trilla que atravesaba el bosque y subía a las montañas, llegaron a un llano y decidieron establecerse allí para hacer un pequeño pícnic.
Isabella sacó de su mochila una manta de rayas blancas y rojas que al cruzarse formaban cuadrados por todo el largo de esta; sacó los sándwiches que había preparado y los puso sobre la manta; finalmente sacó dos cervezas de la nevera portátil que había metido dentro de la mochila, las abrió y le tendió una a su vecino.
Aiden, que había estado esperando el momento adecuado para hablar, finalmente encontró la oportunidad.
—Nunca me has hablado de ti, de lo que hacías antes de mudarte a Lakeview —le dijo con precaución mientras mordisqueaba un sándwich.
Isabella, distraída, respondió vagamente:
—No tengo mucho que contar. —Intentaba mantener sus pensamientos lejos del caso del lago.
Aiden continuó preguntando, tratando de conocer más sobre la vida de Isabella antes de Lakeview. Pero sus respuestas eran distantes y breves.
—Hace meses que nos conocemos y no sé nada de ti. Nunca me has contado qué hacías antes de venir a Lakeview.
—Era policía — respondió esquiva.
Aiden miró con curiosidad a su amiga. Vivían puerta con puerta desde hacía un año, pero sentía que no la conocía absolutamente nada.
—Tenía una vida común, parecida a la de aquí. Pero con el ajetreo de una gran ciudad —volvió a responder vagamente al darse cuenta de que él la seguía mirando con curiosidad .
Aiden sintió que algo la preocupaba y decidió profundizar.
—¿Qué te trajo a Lakeview en primer lugar? ¿Tienes familia aquí o simplemente decidiste mudarte?
Isabella bajó la mirada hacia su plato, su expresión se volvió sombría.
—No, no tengo familia aquí. Vine por... un cambio de aires, supongo. No había mucho que me retuviera en mi antigua ciudad.
—Sus ojos se nublaron momentáneamente antes de volver a enfocarse en Aiden. Recordó sus últimos meses en Pittburgh, estos estaban marcados por la violenta separación de su exprometido y las mentiras a sus padres por ocultarles lo que realmente estaba sucediendo.
Aiden miró hacia el horizonte antes de continuar.
—¿Qué te llevó a convertirte en oficial de policía?
No quería convertir ese agradable momento en un interrogatorio. Pero sentía una enorme curiosidad e interés por la vida de su vecina.
Isabella reflexionó un momento antes de responder.
—Supongo que siempre me ha intrigado la ley y el orden, y quería hacer una diferencia en mi comunidad. Además, me gusta ayudar a mantener a la gente a salvo.
Aiden asintió con interés.
—Debe ser un trabajo emocionante pero desafiante, ¿verdad?
—Sí, definitivamente. A veces es difícil lidiar con la cruedad que algunos pueden infligir a otros —dijo Isabella, recordando algunos casos difíciles de su carrera.
—¿Qué hacías antes de ser oficial aquí? —preguntó Aiden, intentando averiguar más sobre su pasado.
Isabella suspiró, tratando de desviar su mente del caso del lago que seguía rondando sus pensamientos.
—Estuve comprometida por un tiempo, pero eso terminó. Luego, entré a trabajar en el departamento de policía. Me cansé de la gran ciudad y decidí que quería un cambio de aires .
Aiden, al ver la expresión de tristeza reflejada en el rostro de Isabella, decidió cambiar el rumbo de la conversación hacia temas más ligeros.
—¿Tienes algún pasatiempo o algo que te guste hacer en tu tiempo libre cuando no estás trabajando en casos?
Isabella sonrió ligeramente.
—Solía disfrutar mucho de la fotografía. Era una forma de escapar y relajarme. Pero hace mucho que no lo hago.
Aiden notó la melancolía en su voz.
—Deberías retomarlo. Podría ser una buena manera de desconectar de vez en cuando.
—Tal vez tengas razón. Después de todo, hoy es mi día libre,
¿verdad? —dijo Isabella, considerando la idea.
—¡Exacto! Y qué mejor momento para reconectar con esa pasión. Podrías empezar haciendo algunas fotos aquí, el paisaje es precioso. Luego, si te animas, podrías mostrarme tus fotos algún día —sugirió Aiden entusiasmado.
Isabella asintió pensativa.
—Sabes, creo que lo haré. Extraño la fotografía. Y tienes razón, este lugar es perfecto para inspirarme de nuevo.
Sacó su vieja cámara de la mochila, siempre la llevaba porque pensaba que volvería a fotografiar, pero eso nunca sucedía.
La sacó de la funda y empezó a enfocar el paisaje.
Se sentía bien volver a su antigua pasión.
Mientras miraba a través del lente, una sensación de paz la invadió.
Tal vez Aiden tenía razón, y este podría ser el comienzo de su reconexión con la fotografía.