Antes de que hablen Isabella Martins
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Isabella Martins

Isabella había aceptado patrullar las calles esa noche.

Con su radio en el cinturón y el uniforme impecablemente planchado, recorría las tranquilas calles de la ciudad en su patrulla.

Si bien las noches solían ser apacibles en Lakeview, esa noche había lidiado con los incidentes habituales: una llamada por ruido excesivo en una fiesta de universitarios, un gato atrapado maullando asustado en un árbol y una acalorada discusión doméstica que había requerido su intervención para mediar entre la pareja.

Eran situaciones típicas, pero Isabella estaba decidida a hacer su parte para mantener la seguridad de la comunidad y abordaba cada situación con profesionalidad y empatía.

Las cálidas luces de las farolas iluminaban las calles vacías y silenciosas, y el relajante sonido de los grillos acompañaba el suave murmullo de la radio de la patrulla.

Isabella suspiró aliviada mientras comprobaba su reloj.

Faltaba solo una hora para terminar su turno.

La noche había sido tranquila. Por fin le tocaba descansar y tenía planes para el día siguiente: una esperada excursión por las verdes trillas que daban a las montañas con su vecino y amigo Aiden.

Sin embargo, en ese momento, el sonido de su radio la sacó bruscamente de sus anticipados pensamientos.

Una llamada entrante la hizo fruncir el ceño con gesto grave.

La voz del despachador resonó en la cabina de la patrulla mientras le informaba sobre una extraña situación en las cercanías del lago.

Isabella activó rápidamente las luces intermitentes de la patrulla mientras se dispuso a dirigirse hacia el lago, con la intriga y la cautela propias de una experimentada oficial de policía.

La aparente tranquilidad de la noche estaba a punto de romperse por completo.

Condujo rápidamente, con las luces azules y rojas de la patrulla cortando la densa oscuridad de la noche.

La llamada del despachador le había proporcionado pocos detalles, pero había captado la urgencia y gravedad en su voz.

Mientras se acercaba al lago, una profunda sensación de inquietud la invadió, como si su instinto le advirtiera que algo estaba terriblemente mal.

Cuando llegó al lugar indicado, se dio cuenta de que era la primera en llegar. La escena ante sus ojos era surrealista. Los tres adolescentes que habían llamado a la policía la miraron con rostros pálidos y ojos muy abiertos llenos de angustia y temor.

—Buenas noches. Soy la oficial Isabella Martins. ¿Pueden decirme qué ha sucedido aquí? —preguntó con voz tranquila y profesional.

—Nosotros... estábamos caminando por la orilla del lago, cuando de repente Alex tropezó con algo enterrado en la tierra

—contestó Matt con voz temblorosa mientras Alex permanecía en estado de shock , con la mirada perdida.

—Sí, parecía como si estuviera semienterrado ahí, cerca de los árboles. No podíamos creerlo cuando vimos qué era. Fue horrible —aportó Eric mientras se estremecía al recordar la escena.

—¡Fue espantoso! No sabíamos qué hacer, así que llamamos de inmediato a la policía tan pronto pudimos reaccionar

—agregó Matt abrazándose a sí mismo en un gesto de autoconsuelo.

Isabella asintió con gesto grave y sacó rápidamente su radio.

—Aquí la oficial Martins. He llegado al lugar indicado. Necesito refuerzos y a los forenses de inmediato. Tenemos una posible escena del crimen.

Después de asegurarse de que refuerzos y criminalística estaban en camino, Isabella se centró en asegurar la escena. Encendió su linterna y comenzó a iluminar meticulosamente el área circundante. El resplandor de las potentes luces de la patrulla ayudaba a distinguir detalles en la semioscuridad.

—Muy bien, chicos, les agradezco que hayan llamado a la policía tan pronto. Ahora necesito que se queden aquí y no toquen ni alteren nada más. Manténganse a una distancia segura del lugar. Pronto llegarán más oficiales y tendremos que tomarles declaración formal de los hechos.

Los tres jóvenes asintieron nerviosamente mientras Isabella continuaba examinando el lugar y tomando notas meticulosas.

Sabía que cada detalle sería importante para la investigación criminal que se avecinaba, y estaba lista y concentrada para enfrentar el mayor desafío de su carrera hasta el momento.

Había algo oscuro y siniestro en ese lago, y ella estaba decidida a llegar al fondo de ello, sin importar lo que tuviera que descubrir o enfrentar.

El rugido de un motor se escuchó a lo lejos mientras Isabella continuaba coordinando meticulosamente la escena del crimen.

Pocos minutos después, un vehículo oficial del departamento de policía aparcó cerca de donde ellos se encontraban.

De él descendió el jefe de policía, Robert Turner.

Isabella se acercó rápidamente para darle la bienvenida.

—Jefe Turner, gracias por venir tan rápido.

—Martins, ¿qué tenemos aquí? —preguntó Turner con gesto grave.

—Los tres chicos, Alex, Matt y Eric —dijo Isabella señalando en la dirección donde se encontraban los jóvenes, que la miraban expectantes—, encontraron algo enterrado cerca de los árboles mientras caminaban por la orilla del lago. Todo indica que se trata de un cadáver.

—¿Un cadáver? —contestó Turner con evidente sorpresa en su rostro.

—Sí, jefe. Uno de los chicos tropezó con algo semienterrado.

Al principio pensó que sería una piedra o un trozo de madera.

Así que comenzó a escarbar para retirarlo del camino cuando se topó con esto...

—dijo Isabella deteniéndose en la zona donde Alex había tropezado y señalando con su linterna una escena que le revolvió el estómago al experimentado jefe de policía .

Entre las ramas secas y las hojas, había un agujero superficial del que sobresalía lo que claramente parecía un brazo humano en avanzado estado de descomposición.

Mientras Isabella le explicaba profesionalmente la situación, Turner se dirigió con paso firme hacia donde se encontraban los jóvenes, que lo miraban claramente nerviosos.

—Buenas noches, chicos. Soy el jefe de policía, Robert Turner. Estamos aquí para resolver esto. Por favor, cuéntenme con detalle lo que sucedió esta noche.

Los jóvenes procedieron a relatar nuevamente su escalofriante experiencia, explicando cómo Alex había tropezado inesperadamente y descubierto un brazo humano enterrado en la arena. Isabella tomaba notas metódicamente mientras los escuchaba atentamente.

—Jefe, parece que nos hemos topado con un asesinato. Tal como procedía, he solicitado refuerzos y al equipo de criminalística. No sabemos aún con qué nos vamos a encontrar en este lugar... —dijo Isabella una vez que hubieron terminado de tomar las declaraciones.

—Bien hecho, Martins. Esto es muy grave. Avísame inmediatamente cuando lleguen los forenses para coordinar con ellos

—respondió Turner con semblante adusto.

Al cabo de cuarenta tensos minutos, varios vehículos policiales habían llegado al lugar y comenzaron rápidamente a acordonar la zona con cinta amarilla, a la vez que las potentes luces de los coches patrullas iluminaban la lúgubre escena.

Los forenses arribaron en sus camionetas equipadas y procedieron a preparar todo el instrumental y herramientas necesarias para realizar una meticulosa investigación criminal.

Isabella se acercó al jefe Turner para informarle.

—Jefe, los refuerzos están ubicados estratégicamente y los forenses llegaron y están listos para comenzar a procesar la escena. ¿Cómo proseguimos ?

—Primero, debemos asegurarnos de que nadie más se acerque y contamine el área.

Mantén un perímetro amplio y seguro y cerciórate de que nadie interfiera con las evidencias.

Yo hablaré con los forenses para coordinar los protocolos para el manejo del cadáver.

Quiero que registres detalladamente todo lo que ocurra aquí esta noche.

—Entendido.

Mientras Isabella seguía las instrucciones de Turner y coordinaba con los oficiales para mantener un amplio perímetro de seguridad, el jefe de policía se reunió con el equipo forense que había comenzado a excavar cuidadosamente alrededor del cuerpo semienterrado cerca de los árboles.

Habían instalado una carpa especial para resguardar la escena del crimen y poder trabajar de forma sistemática.

—Soy el jefe Turner —se presentó ante el médico forense.

—Parece ser que este cuerpo lleva bastante tiempo aquí. El grado de descomposición es avanzado —contestó el forense de inmediato, pero sin perder la concentración en su trabajo.

—Entiendo. Hagan todo lo necesario para recuperar evidencias y determinar la causa de muerte. Manténganme informado de cualquier hallazgo relevante —indicó Turner.

El forense asintió y continuó su meticulosa tarea. Mientras tanto, Isabella se acercó nuevamente al jefe de policía.

—Jefe, el área está completamente asegurada y nadie más se está acercando. ¿En qué más puedo ayudar?

—Gracias, oficial Martins. Por ahora, siga coordinando la escena y cerciórese de que se cumplan todos los protocolos al pie de la letra. Mantenga a los chicos alejados mientras trabajamos aquí. Isabella asintió y se mantuvo ocupada organizando a los oficiales y supervisando la seguridad del lugar.

Después de un tiempo, los forenses lograron recuperar los restos y los colocaron en una bolsa especial. Turner e Isabella observaron con solemnidad mientras se realizaba este proceso .

—Martins, ahora van a trasladar los restos a la morgue para realizar la autopsia. Necesitamos determinar la causa de muerte y recolectar todas las pruebas posibles.

—Entendido, jefe. Me aseguraré de que todo se haga de forma adecuada.

Con los restos bajo custodia forense y la escena del crimen debidamente resguardada, Turner sabía que no podrían avanzar mucho en la investigación hasta identificar a la víctima y establecer la causa de muerte. Miró a Isabella con decisión.

—Te sugiero que te vayas a casa y descanses. Mañana será un día largo.