Robert Turner
—Papá —le dijo Hannah a su padre con voz suave pero ligeramente entrecortada—, ¿alguna vez te has preguntado si podrías haber hecho algo diferente en alguno de tus casos?
—Todo el tiempo, cariño —contestó Robert pensativo, sin evitar recordar el único caso que no había podido resolver—. Siempre me pregunto si podríamos haber hecho más o si hay algo que se nos pasó por alto, sobre todo en los casos que no hemos podido resolver —añadió cabizbajo.
Hannah tomó un sorbo de la copa de vino que se había servido durante la cena y, mirando a su padre con interés, notó la expresión de tristeza que invadía su rostro. Intentando animarlo, le dijo:
—Es normal cuestionarse eso, ¿verdad? Pero también has resuelto muchos casos y has hecho justicia. No puedes olvidarte de eso, papá.
—Tienes razón, Hannah —contestó Robert esbozando una débil sonrisa a su hija—. A veces me concentro demasiado en lo que no pude resolver y me olvido de todos los casos que sí. Pero es lo que nos impulsa a seguir adelante, ¿verdad? Aprender de nuestros errores y seguir trabajando duro.
—He estado pensando mucho en algo últimamente —dijo Hannah entusiasmada mientras se tomaba otro sorbo de vino—. Me gustaría formar parte del departamento de policía, pero desde el lado de la psicología forense. Creo que puedo aportar mucho en ese campo.
Robert la miró con sorpresa y luego con una expresión de orgullo en su rostro.
—Eso suena increíble. Tienes un talento innato para enterder a las personas, y creo que serías una gran adición para el equipo. Pero también debes ser consciente de que es un trabajo emocionalmente agotador, a veces ves lo peor de la humanidad .
—Lo sé, pero creo que puedo manejarlo. Quiero ayudar a las víctimas, al igual que tú lo has hecho durante todos estos años
—afirmó Hannah con convicción.
Robert sonrió y le dio una palmada cariñosa en la mano.
—Entonces te ayudaré a conseguir una pasantía en el departamento y te presentaré a algunos de mis colegas que trabajan en esta área. Te aseguro que aprenderás mucho.
La conversación fluyó mientras padre e hija exploraban entusiasmados las posibilidades que se abrían para Hannah.
Hablaron sobre las diferentes ramas de la psicología forense, desde el perfil criminal hasta el apoyo a víctimas traumatizadas.
Hannah compartió sus expectativas y sus deseos de aprender más sobre cómo aplicar sus conocimientos en el mundo real.
Sin embargo, la animada conversación se vio interrumpida cuando el teléfono móvil de Robert sonó insistentemente. Sacó el dispositivo del bolsillo y vio la llamada entrante con sorpresa.
—Perdona, cariño. Es del trabajo —dijo mientras contestaba la llamada con el ceño fruncido.
Hannah asintió comprensivamente mientras su padre hablaba por teléfono en voz baja.
Notó cómo la expresión de Robert cambió a medida que escuchaba lo que le decían al otro lado de la línea.
Su ceño se frunció y su mirada se tornó grave y preocupada.
Finalmente, puso fin a la llamada y volvió a enfocar su atención en su hija, con semblante serio.
—Parece que hay algo inusual en el lago esta noche —dijo Robert con una mirada de profunda preocupación en su rostro—. Tengo que irme —añadió mientras le daba un beso cariñoso en la frente a su hija.
Hannah asintió con seriedad, comprendiendo la situación. Robert se levantó rápidamente de la mesa, listo para enfrentar lo que sea que lo esperara en el lago. Cogió su chaqueta y salió deprisa por la puerta sin mirar atrás, dejando a su hija pensativa y expectante.