Antes de que hablen Una pausa
14%

Una pausa

Al terminar su turno, Turner decidió invitar a su colega Mark a cenar en su casa. Tras colgar sus abrigos en la percha de la entrada del despacho de Mark, Robert sacó su teléfono y llamó a su esposa Lisa para avisarle de la visita.

—Hola, cielo. Ya terminé el turno. ¿Te importa si Mark se une a nosotros para la cena?

—Claro que no, amor. Estoy terminando de preparar la comida, así que dile que nos vemos a las ocho —respondió Lisa con dulzura.

—Gracias, cariño. Nos vemos a las ocho. Te quiero —se despidió Robert.

Tras la breve llamada, Robert volvió junto a Mark, que esperaba pacientemente en su despacho. Antes de marcharse decidieron repasar brevemente la información que habían obtenido de David.

—Está mintiendo.

—Lo sé.

—Estudian en la misma universidad ¿y solo admite haberla visto una vez? Esto me huele mal.

—También nos está mintiendo con respecto a la última vez que se vieron. Si él no le ha hecho nada a Emily, ¿por qué nos oculta que la vio la noche de su desaparición?

Turner se frotó los ojos en señal de agotamiento, miró el reloj que colgaba en la pared detrás del escritorio, iban a dar las ocho.

—Será mejor que nos vayamos a descansar —dijo Mark al notar el cansancio en la cara de su compañero.

—Te esperamos a las ocho para cenar, Mark —le indicó mientras se ponía su abrigo.

—Ahí estaré, Rob —asintió Mark sorprendido por la invitación. Hacía tiempo que no se reunían a cenar.

Robert le dedicó una breve sonrisa a su compañero antes de salir del despacho.

Mark decidió quedarse unos minutos más, abrió su cartera y sacó una vieja instantánea en la que aparecía su esposa Melissa.

Se quedó contemplándola durante unos instantes, recordando el momento en el que hizo esa foto.

Era un día de verano cualquiera, se habían ido a pasar el día en el lago con los niños.

«Estaba preciosa, era preciosa», pensó. Volvió a guardar la foto en la cartera, cogió su abrigo que estaba colgado en la percha al lado de la puerta, apagó las luces de la oficina y se marchó.

El delicioso aroma de la cena inundaba el acogedor comedor de los Turner mientras disfrutaban de una velada familiar.

La casa, una típica construcción de dos plantas con encantadora decoración campestre, irradiaba calidez y comodidad.

Los hijos de Robert y Lisa, Liam y Hannah, compartían animadamente anécdotas sobre sus días, mientras saboreaban el jugoso asado con patatas horneadas que Lisa había preparado con esmero.

Con el avance de la cena, el ambiente se tornaba cada vez más distendido. Pero la curiosidad de Hannah, la hija de Robert, quebró esa calma cuando finalmente rompió la regla tácita de no hablar de trabajo en la mesa.

—Papá, ¿cómo va el caso nuevo en el que trabajas? Antes de que Robert pudiera responder, Lisa intervino:

—Hannah, ya sabes que no se habla del trabajo de papá durante la cena.

No obstante, Hannah insistió, intrigada por la labor de su padre y el misterio que rodeaba el caso de Emily.

—Pero mamá, es importante. Quiero saber si tienen un sospechoso.

Jenkins, con calma para no alarmar a la joven, respondió:

—Hannah, no podemos dar información sobre el caso, pero esperamos resolverlo lo antes posible.

La conversación prosiguió mientras disfrutaban de un postre casero, compartiendo opiniones sobre el caso.

Las sombras de la noche envolvían la casa de los Turner, mientras los inspectores consideraban las piezas del rompecabezas que tenían hasta el momento y reflexionaban sobre los siguientes pasos de la investigación.