4. David Parker
La tenue luz del amanecer se filtraba en la habitación cuando el inspector Robert Turner se preparaba para salir a trabajar.
Después de ponerse su traje de color azul, bajó a la cocina donde Lisa acababa de preparar café.
Cogió el termo que Lisa le extendía y, como todas las mañanas, se dispuso a salir.
—¿Estarás para cenar esta noche? —preguntó ella con una sonrisa antes de que Turner desapareciera por la puerta.
—Tengo un caso complicado entre manos, pero haré lo posible por llegar a tiempo —respondió él con cariño. Le dedicó una sonrisa a su esposa y cerró la puerta tras de él.
Afuera lo esperaba su compañero, Mark Jenkins, revisando concentrado el expediente dentro del coche.
—¿Has descubierto algo? —pregunto Turner al entrar en el vehículo.
—No, pero tengo la dirección del padre de David Parker — contestó señalando la esquina superior de los documentos que estaba leyendo.
—¿Cómo la conseguiste? —preguntó Turner mientras dejaba el termo de café en el posavasos.
—Estuve gran parte de la noche rastreando al bufete de abogados de Parker —explicó Jenkins exhausto, frotándose los ojos—. Tuve que insistir mucho para que accediera a recibirnos hoy después del almuerzo .
Le pasó la carpeta donde estaba anotada con bolígrafo azul la dirección del bufete de Samuel Parker y, después de echar un vistazo, trazaron sus planes para el día.
Decidieron pasar primero por la comisaría para revisar el caso. Llevaban casi una semana desde la desaparición de Emily Adams y tenían más preguntas que respuestas.
Frente al tablón lleno de fotos y anotaciones, analizaron una y otra vez los escasos datos recolectados. ¿Cómo era posible que no hubiera ni rastro de Emily? Nadie parecía saber nada.
¿Estaría aún con vida? Se cuestionaban frustrados.
Antes de hacer un descanso para comer, Mark saco su telefono y marcó el número junto a la dirección que había anotado en la carpeta esa madrugada.
Mantuvo una breve conversación con alguien al otro lado de la línea; tras una breve pausa, anotó otra dirección al lado de la primera, agradeció y colgó.
—Samuel Parker no ha ido al bufete. Su secretaria me ha dicho que trabajaba desde casa hoy —dijo dirigiéndose a su compañero.
—¿Tienes la dirección? —cuestionó Turner, ya sabiendo la respuesta.
—Por supuesto. Iremos después de comer.
No tenían muchas ganas de bajar a comer, querían seguir indagando más en el caso, así que decidieron pedir comida a un restaurante chino que había a pocas calles de la comisaria.
Cuando terminaron, con la esperanza de obtener nuevas pistas, se dirigieron a la lujosa casa de los Parker.
La asistenta del hogar fue quien les abrió la puerta y los guio en silencio a través de un amplio y elegante pasillo, flanqueado por exquisitas obras de arte. Al final se vislumbraba una acogedora sala de estar con una imponente chimenea de mármol.
El despacho donde los recibió Samuel Parker estaba finamente amueblado, con estantes repletos de gruesos libros de leyes. Detrás del imponente escritorio de caoba, el prestigioso abogado los esperaba con semblante serio .
Samuel rondaba los cuarenta y cinco años, de porte distinguido y modales exquisitos. Su traje gris oscuro de corte impecable y su corbata perfectamente anudada reflejaban su posición. Su cabello entrecano y su mirada aguda tras unas gafas de fina montura denotaban su vasta experiencia.
A pesar de mostrarse inicialmente renuente a compartir información sobre su hijo, su trato cordial y educado ocultaba hábilmente su incomodidad. Los detectives intuían que sacarle algo relevante no sería tarea fácil.
Samuel Parker los invitó a tomar asiento en unas elegantes sillas de cuero frente a su imponente escritorio de caoba.
—Díganme, ¿en qué puedo ayudarles, caballeros? —preguntó Samuel con cautela—. Mi secretaria mencionó que buscan a mi hijo.
—Así es, señor Parker —respondió el inspector Turner—. Nos gustaría hablar con David para obtener cualquier información relevante sobre la desaparición de la señorita Emily Adams.
Samuel frunció levemente el ceño y cruzó las manos sobre el escritorio.
—Confío en que no estarán insinuando que mi hijo tiene algo que ver en este asunto —dijo con tono firme—. Les aseguro que David es un joven ejemplar.
—No estamos acusando a nadie, señor Parker —aclaró Jenkins—. Simplemente queremos corroborar si David posee algún dato útil, dado que mantenía una relación cercana con la señorita Adams.
Tras una breve pausa, Samuel asintió.
—Está bien, hablarán con David, pero lo harán en mi presencia. No deseo que mi hijo se sienta presionado o amenazado. Poco después, David fue llamado al despacho. Al entrar, sus ojos reflejaban nerviosismo. Tomó asiento junto a su padre frente a los inspectores.
—Gracias por recibirnos, David —comenzó Turner—. Estamos investigando la desaparición de Emily Adams. Sabemos que tuvieron una relación cercana durante años .
David tragó saliva y asintió.
—Sí, fuimos pareja casi tres años. Pero ya no estamos juntos
—respondió con voz temblorosa.
—¿Has tenido algún contacto reciente con Emily o sabes algo que pueda ayudarnos?
David negó con la cabeza.
—No he vuelto a hablar con ella desde que terminamos hace un par de meses —explicó. Samuel lo observaba atentamente, pendiente de cada una de sus reacciones.
Los inspectores intercambiaron una mirada cómplice tras detectar ciertas inconsistencias en el relato de David. No obstante, decidieron proseguir con el interrogatorio de forma meticulosa y sin confrontarlo directamente.
Jenkins tomó la palabra y continuó:
—David, estamos tratando de reconstruir los movimientos de Emily la noche que desapareció. ¿Podrías decirnos dónde estabas tú esa noche y si tuviste algún encuentro fortuito con ella?
David no dejaba de rascarse la mano izquierda mostrándose visiblemente nervioso, pero mantuvo la mirada firme.
—Ya les dije, no he vuelto a ver a Emily desde que cortamos
—respondió con voz temblorosa.
—Entendemos tu preocupación, pero nuestro objetivo es encontrar a Emily. ¿Estás completamente seguro de que no has tenido ningún otro contacto con ella después? —insistió Jenkins.
David titubeó unos instantes antes de contestar mientras se frotaba las manos con ansiedad.
—Bueno... quizás la vi una vez más después de eso —admitió finalmente—. Pero fue solo un fugaz cruce de miradas en el campus. No hablamos ni nos detuvimos.
Los detectives percibieron que el joven ocultaba información, pero prefirieron no presionarlo por el momento. En su lugar, continuaron explorando otros temas para no alertarlo.
—Entiendo, David. Queremos considerar todas las posibilidades. ¿Podrías proporcionarnos los nombres de algunas personas cercanas a Emily? Amigos íntimos o compañeros que pudieran ayudarnos a comprender mejor su vida últimamente —pidió Turner.
—Claro, Emily tenía un grupo cercano de amigos en la universidad —accedió David, algo más relajado—. Los más cercanos eran Olivia Smith y Lucas Anderson. Ellos podrían darles más información sobre Emily.
Los inspectores agradecieron a David por la información y anotaron los nombres. Aunque evidentemente les ocultaba algo, necesitaban corroborar sus respuestas antes de contnuar la investigación.