3. Un coche
A primera hora de la mañana, Turner y Jenkins se encontraron en el Brew Haven para tomarse un café antes de proseguir con la investigación. Su próxima parada sería la casa de Olivia Smith, una de las mejores amigas de Emily.
Al terminar el café, ya sentados en el coche, Turner tomó su teléfono para llamar a su ayudante en el departamento de policía. Antes de poder marcar, este sonó inesperadamente. Al ver el número en la pantalla, contestó:
—Justo a tiempo. ¿Tienes la dirección?
Tras una breve conversación, la oficial le proporcionó la dirección de Olivia en Lakeview.
Llegaron al barrio de Willowcrest, una tranquila zona residencial de clase media en la ciudad.
La dirección estaba en la calle Woodhaven, donde pequeños chalés con piscinas y setos bien cuidados rodeaban el entorno.
Se detuvieron al final de la calle y caminaron hasta el chalé número veintitrés, situado en la esquina. Tocaron el timbre y esperaron. Poco después, se abrió la puerta, revelando a una joven de pelo oscuro y mirada amigable. Era Olivia Smith, la amiga de Emily.
—¿Puedo ayudarlos? —preguntó ella con una sonrisa.
—Somos los inspectores Turner y Jenkins. ¿Podemos hacerle algunas preguntas, señorita Smith? —dijo Turner mientras se identificaban.
Olivia, sorprendida por esa inesperada visita, asintió y los invitó a pasar. Los inspectores se sentaron en el acogedor salón de la casa y Turner comenzó la conversación:
—Como ya sabrá, estamos investigando la desaparición de Emily Adams. Nos han dicho que son muy amigas. ¿Cuándo fue la última vez que la vio?
—El viernes en la universidad —respondió Olivia.
—El viernes era veinte de noviembre —apuntó Jenkins en voz alta mientras anotaba en su libreta.
—¿No ha vuelto a tener contacto con ella desde entonces? — preguntó Turner. Olivia negó con la cabeza.
—Después de nuestra última clase, sobre las cinco y media, Emily me dijo que tenía tutoría con el profesor Foster y luego se iría a Oakville a pasar el fin de semana con sus padres.
—¿A qué hora fue eso exactamente?
—Nuestra última clase termina a las cinco, pero como Emily tenía que esperar a las seis y media para la tutoría, me invitó a tomar un café mientras esperaba. Estuvimos charlando hasta las seis aproximadamente, luego me fui porque tenía que sustituirla en su turno en el Brew Haven.
Turner asintió, procesando la información.
—¿Cómo conoció a Emily y qué puede decirnos sobre su relación de amistad?
—Nos conocimos en la universidad durante nuestro primer año y rápidamente nos hicimos muy amigas. Pasábamos mucho tiempo juntas y compartíamos casi todo. Éramos inseparables — dijo Olivia con nostalgia.
Jenkins continuó: —¿Notó algún cambio en su comportamiento últimamente, algo que le llamara la atención?
Olivia reflexionó un momento antes de responder:
—Bueno, después de su ruptura con David, Emily estaba un poco diferente, como es normal tras una relación de tres años.
Estaba algo triste, pero nada alarmante. Seguíamos siendo muy cercanas y ella continuaba con su vida normal.
—¿David? —preguntó Turner con interés, esperando que Olivia pudiera darle más información sobre este joven.
—Sí, David Parker. Él y Emily se conocieron también en nuestro primer año. David ya iba a segundo y desde el primer día que la vio, quedó encantado con ella. La invitó a cenar y desde ese día han sido inseparables. Siempre juntos en todo.
—¿Emily le comentó en alguna ocasión el motivo de la ruptura? —preguntó Turner.
—Sí, el día que lo dejó, Emily se presentó en mi casa necesitada de desahogarse —respondió Olivia—. Antes de continuar, debo preguntar, ¿no creerán que David tiene algo que ver con la desaparición de Emily, verdad? —dijo pensativa.
—No podemos revelarle esa información. De momento solo estamos recopilando datos para dar con su amiga lo antes posible.
—añadió Turner—. Entonces, ¿qué le comentó Emily esa noche cuando se presentó aquí después de romper con David Parker?
—No me dijo gran cosa. Solo que ya no era lo mismo, que David había cambiado. Unos días después de la ruptura, David intentó hablar con ella en el campus, pero Emily no quiso. Él siguió insistiendo, hasta que Emily perdió los nervios y terminó gritándole en medio del parking que era un mentiroso.
—¿Le preguntó por qué le gritó eso? —inquirió Jenkins con curiosidad.
—Sí, Emily dijo que no quería hablar del asunto. Entró dentro de la universidad y nunca más mencionamos lo ocurrido — explicó Olivia.
En ese momento, Jenkins sacó la foto tomada de las cámaras de seguridad del campus y se la mostró a Olivia mientras preguntaba:
—¿Reconoce a este hombre?
Olivia observó la foto con atención. En ella se veía, no con mucha nitidez, al individuo que hablaba con Emily en el parking .
—Creo que es David —contestó Olivia.
—¿Estás completamente segura? —insistió Jenkins. Olivia volvió a mirar la foto, para asegurarse.
—Sí. Lleva puesta la chaqueta de cuero que Emily le regaló en su último cumpleaños. —Señaló en la foto.
Los detectives volvieron a mirar la imagen para fijarse en la chaqueta a la que hacía referencia Olivia.
—¿Sabe dónde podemos encontrar a David Parker? —preguntó Turner.
—No sé dónde vive exactamente, pero si preguntan por él en la universidad seguro que se lo dicen.
También sé que su padre tiene un bufete de abogados bastante conocido en el centro de la ciudad.
Los inspectores anotaron cuidadosamente toda la información proporcionada por Olivia.
Dando la conversación por terminada, se despidieron y salieron de la casa.
Antes de regresar al departamento para revisar toda la información y buscar más datos sobre David Parker, decidieron detenerse a almorzar en el pequeño restaurante de la misma calle donde vivía Olivia.
Tomaron asiento en una mesa apartada al fondo del local donde podrían hablar con más tranquilidad. El ambiente era acogedor y familiar. Una camarera los acompañó hasta la mesa y después les entregó las cartas. Pidieron una botella de agua y el menú del día. La camarera anotó el pedido y se retiró.
Mientras esperaban la comida, repasaron la información obtenida de Olivia.
—Así que la relación de Emily y David no terminó nada bien
—comentó Turner.
—Eso parece. Me extraña que la madre de Emily no supiera nada de esa historia. Según ella, eran muy unidas y no tenían secretos —acotó Jenkins.
—Ya sabes cómo es la juventud, Mark. Los hijos no siempre cuentan toda la verdad a los padres —reflexionó Turner.
En ese momento fueron interrumpidos por la camarera, que llegaba con los platos del menú del día que habían pedido.
—Nada de hablar de trabajo en la mesa —dijo Turner con una sonrisa, mientras olfateaba su delicioso bistec a la plancha.
Mark le devolvió la sonrisa mientras cortaba un trozo de su jugoso bistec con patatas. Antes de que pudieran terminarse el café, el teléfono de Turner empezó a sonar. Contestó rápidamente sin mirar el número en la pantalla.
—Inspector Turner —dijo secamente.
Se escuchó una voz femenina al otro lado de la línea. Era Jenny, la oficial de recepción de la comisaría. Turner mantuvo una breve conversación de no más de dos minutos mientras Mark dejaba el dinero de la cuenta sobre la mesa.
—¿Cómo no habíamos caído antes? —dijo Turner tras colgar, con evidente frustración.
—¿Caído en qué? —preguntó curioso su compañero.
—El coche. Acaban de encontrar el coche de Emily Adams
—reveló Turner.
Mark abrió los ojos, sorprendido. Dejo rápidamente la propina sobre la mesa y ambos salieron a toda prisa del restaurante.
Tenían que llegar cuanto antes a la comisaría para coordinar el operativo y dirigirse al lugar donde había sido hallado el vehículo.
Por fin una pista concreta que podría acercarlos a resolver el misterioso caso de la desaparición de Emily.
El sol de la tarde golpeaba fuerte mientras los inspectores llegaban a la solitaria carretera que conectaba Lakeview con Oakville.
—Lleva 4 días abandonado en este camino —les informó la oficial Smith cuando se acercaron al lugar.
Frente a ellos, oculto entre unos densos matorrales, estaba el Citroën C3 rojo de Emily Adams. Ramas y hojas cubrían parte del vehículo, como si alguien hubiese intentado camuflarlo.
—¿Quién lo encontró? —preguntó Mark, protegiendo sus ojos del sol.
—Ese señor —dijo la oficial señalando a un hombre mayor que estaba acompañado de una mujer y un perro pastor alemán—. Se llama Vicent Julián.
Los inspectores se acercaron para hablar con el hombre.
—Buenas tardes, Sr. Julián. ¿Cómo encontró el coche? —preguntó amablemente Turner.
—Buenas tardes, inspectores. Salgo todos los días a caminar por este sendero con mi esposa y mi perro Rex —explicó Vicent acariciando al animal—.
Siempre hacemos la misma ruta, un tramo por la carretera hasta llegar a la entrada del sendero que sube a las montañas.
Nos gusta porque casi nunca pasa nadie por aquí y podemos dejar a Rex correr libre.
Desde el sábado por la tarde vemos este coche estacionado en el mismo sitio, semioculto entre los arbustos.
Al principio no le dimos importancia, pensamos que alguien había dejado el auto para recorrer el sendero.
Pero luego de verlo aquí por cuatro días seguidos, nos pareció muy extraño y decidimos avisar.
—Hicieron bien en llamarnos —afirmó Turner mientras observaba el vehículo.
Se acercaron al Citroën, donde los peritos forenses ya habían comenzado a examinarlo.
—Tendremos que analizarlo a fondo —dijo uno de ellos al ver llegar a los inspectores.
—¿Han encontrado algo por ahora? —preguntó Jenkins.
—Nada aún. No se observan señales de violencia. Las puertas estaban cerradas, sin llaves. Pero no podemos confirmar nada antes de un análisis completo.
—Avísenos ni bien tengan los resultados —pidió Turner.
—Cuente con ello —asintió el perito, volviendo al auto.
Más tarde, cuando llegó la grúa, trasladaron el Citroën a las instalaciones del laboratorio forense, donde podrían realizar una inspección más exhaustiva que revelara pistas sobre el paradero de Emily.