Mark Jenkins
Cuando Mark llegó a casa, Melissa y los niños ya estaban dormidos. Se dirigió a la cocina, ella le había dejado la cena preparada dentro del microondas. Abrió la nevera, sacó una cerveza fría, la destapó y se sentó en el porche a beberla lentamente. No tenía hambre.
Al terminar la cerveza, subió sigilosamente al dormitorio para no despertar a su esposa. Se acostó a su lado en la cama y le dio un tierno beso en la frente.
—¿Qué hora es? —preguntó Melissa medio adormilada.
—La una y media, cariño —susurró Mark.
—Otra vez te perdiste la función de teatro de los niños —dijo ella incorporándose en la cama.
—Lo sé —respondió Mark apenado—. Tenemos un nuevo caso, una chica ha desaparecido.
Melissa suspiró con resignación.
—Siempre estás trabajando, Mark. Casi nunca te vemos. Los niños echan de menos tu compañía —le reprochó ella con tristeza.
Mark acarició suavemente el cabello de su esposa mientras se recostaba a su lado. No tenía ganas de volver a discutir con ella.
—Lo siento, Mel. Sabes que no quiero perderme los momentos importantes de los niños ni estar lejos de ti, pero tengo mucho trabajo —se justificó él.
Ella asintió con pesar, comprendiendo la gran responsabildad que tenía su marido como inspector de policía.
—Lo sé, Mark, pero también necesitas encontrar un equilibrio. Los niños te extrañan mucho y yo también. Así no podemos seguir —dijo Melissa con voz quebrada.
—Tienes razón, amor. Voy a hacer todo lo posible por estar más presente. Pero ahora debo resolver este caso. Te prometo que, cuando lo hagamos, tendremos más tiempo en familia —la tranquilizó Mark.
Ella le dedicó una débil sonrisa y acarició el rostro de su esposo.
—Te quiero, Mark. Pero no quiero que nuestra familia se desmorone por tu trabajo.
—Yo también te quiero, Mel. Haré todo lo que pueda para mantenernos unidos —le aseguró él. Se fundieron en un abrazo lleno de ternura, compartiendo un momento de complicidad en medio de las tensiones cotidianas.
Mark apagó la luz y Melissa volvió a dormirse rápidamente. Él, sin embargo, permaneció despierto, contemplando pensativo la oscuridad de la noche. Cuando resolviera este caso, se llevaría a su familia de vacaciones, se prometió. Sabía que debía dedicarles más tiempo si no quería perderlos.
En los últimos meses casi ni veía a su esposa, y cuando se encontraban era para discutir.
Ella siempre le reprochaba que tenía que ocuparse de todo y que a él solo le importaba el trabajo.
Mark se quedó reflexionando sobre sus hijos, las ansiadas vacaciones familiares y el caso de Emily, hasta que finalmente el cansancio pudo más y se quedó profundamente dormido.