Antes de que hablen 24 de noviembre de 2017
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24 de noviembre de 2017

La cafetería Brew Haven era un lugar acogedor, con mesas de madera pulida y sillas tapizadas en cuero marrón. La dulce y aromática fragancia del café recién molido inundaba el ambiente mientras los clientes conversaban animadamente y disfrutaban de sus bebidas calientes.

El jefe de Emily, William Mitchell, los recibió tras el mostrador de caoba con una cálida sonrisa. Era un hombre entrado en años, de mirada amable, con algunas canas entre su cabello castaño. Su pasión por el café lo había llevado a abrir su propia cafetería en Lakeview hacía ya varios años.

El inspector Turner inició la conversación:

—Buenas tardes, señor Mitchell. Somos inspectores de la policía y estamos investigando la desaparición de Emily Adams. Nos informaron que ayer se presentó en la comisaría para expresar su preocupación.

La sonrisa de Mitchell se desvaneció, dando paso a un gesto de honda preocupación.

—Sí, Emily era una de nuestras camareras más dedicadas. Trabajaba en el turno de tarde y se llevaba muy bien con todos los clientes. No puedo imaginar qué le ha sucedido.

—¿Es habitual que falte al trabajo? —preguntó el inspector Turner mientras anotaba en su libreta.

—No, señor. En los tres años que lleva trabajando conmigo no ha faltado ni una sola vez, ni siquiera cuando se enfermó. Siempre ha sido una joven muy responsable.

—¿Sabe si tenía algún problema con alguien? ¿Tal vez con un compañero de trabajo?

—En el turno de tarde no suele haber mucha gente, inspector. Emily era la única empleada en ese horario, así que no creo que haya tenido problemas con otros compañeros.

—¿Y qué hay de su vida privada?

—No acostumbro a meterme en la vida privada de mis empleados, pero sé que hasta hace poco tenía una relación con un joven de su universidad.

El inspector Turner continuó:

—¿Podría proporcionarnos más detalles sobre ese joven, aunque no conozca su nombre?

Mitchell frunció el ceño, tratando de hacer memoria.

—Era un chico amable, solía venir a verla aquí. Tenía el cabello oscuro y mediría alrededor de un metro ochenta. Parecía un tipo tranquilo.

Jenkins anotó la descripción mientras Mitchell agregaba:

—Aunque hace tiempo que no viene por aquí, creo que Emily cortó con él hace poco.

Un día llegué a la cafetería y la encontré llorando.

A los pocos días, ese joven vino y tuvieron una discusión.

Cuando escuché los gritos fui a ver qué pasaba y él se marchó rápidamente.

Emily no quiso contarme nada y volvió a sus tareas.

Estaba muy alterada y yo no quería agobiarla más.

—¿Eso pasaba con frecuencia?

—No. Que yo sepa, fue solo esa vez. Después de ese día, no volví a verlo por aquí. Estaban por dar la conversación por terminada, cuando el inspector Turner le pasó la fotografía de la cámara de seguridad.

—¿Reconoce a este hombre?

El señor Mitchell miró atentamente la fotografía, intentado esforzarse al máximo para identificar al hombre que aparecía en ella.

—Se parece al novio de Emily, el joven que les acabo de comentar —dijo después de unos minutos.

—¿Sabe su nombre?

—Lo siento —contestó moviendo la cabeza a ambos lados en señal de negativa.

—Gracias por su colaboración. Si recuerda algo más, por favor, contáctenos de inmediato.

Se despidieron, pero cuando se marchaban Mitchell agregó:

—Inspector, no sé si será de ayuda, pero Olivia Smith, la joven que trabaja los fines de semana, es amiga de Emily.

—Gracias, señor Mitchell. Hablaremos con ella —respondió Turner mientras anotaba el nombre. Los inspectores agradecieron a Mitchell por su cooperación. Al salir de la acogedora cafetería, ya tenían claro cuál sería su siguiente parada.

Turner, pensativo, se dirigió a su compañero:

—Si Olivia Smith era amiga de Emily, tal vez pueda reconocer al chico de la cámara de seguridad.

—Tenemos que hablar con ella —respondió Jenkins.

—Sí, pero antes visitemos a los padres de Emily.

Tras tres horas de viaje en coche, finalmente llegaron a Oakville.

La casa de los padres de Emily, ubicada en el tranquilo barrio de Willowwood, era una encantadora residencia de dos plantas con un prolijo jardín delantero.

Se encontraba sobre la arbolada calle Maplewood, rodeada de viviendas similares que brindaban una sensación de seguridad y sosiego.

Las hojas otoñales crujían bajo sus pies mientras los detectives se acercaban a la puerta principal.

Meghan Adams, la madre de Emily, abrió la puerta.

Sus ojos reflejaban una mezcla de angustia y esperanza al ver a los inspectores.

John Adams, el padre, no pudo ocultar su impaciencia y preguntó directamente:

—¿En qué podemos ayudarlos, inspectores? ¿Saben algo ya de nuestra hija? —dijo con un hilo de esperanza en su voz.

Había reconocido a Turner, el inspector que los había atendido cuando fueron a denunciar la desaparición el día anterior .

Jenkins inició la conversación:

—Estamos trabajando en ello. Necesitamos obtener cualquier dato relevante para la investigación.

—¿Podemos hacerles algunas preguntas?

Meghan asintió con un nudo en la garganta y, con un leve gesto, los invitó a pasar.

Al ingresar por la puerta principal, Turner y Jenkins se encontraron en un amplio recibidor con pisos de madera pulida.

En las paredes había cuadros que mostraban a los Adams en diversas ocasiones: fotos de Emily de niña, retratos de la boda de sus padres y otras instantáneas que reflejaban la felicidad de ese hogar.

El pasillo estaba decorado con estanterías llenas de libros y recuerdos familiares. Un agradable aroma a velas perfumadas impregnaba el ambiente, brindando una cálida bienvenida.

Mientras avanzaban, los detectives notaron premios enmarcados en una pared, señalando los logros académicos de Emily.

Finalmente, llegaron a la luminosa sala de estar donde Me-ghan los invitó a tomar asiento.

—¿Notaron algo inusual en los días previos a la desaparición?

—le preguntó Jenkins. Con la mirada perdida en los recuerdos, Meghan habló con voz temblorosa:

—Todo parecía normal. Como le dije el otro día en la comisaría, había hablado con Emily tres días antes. Me prometió que vendría a visitarnos después de clases, pero nunca llegó.

—¿Creen que pudo haberse ido sin avisar?

—No —respondió tajante el Sr. Adams—. Emily siempre estuvo muy unida a nosotros, nos consultaba sus planes. No se habría ido así sin más.

—Además, estaba emocionada por su cumpleaños. Tenía planes de celebrarlo con sus amigos en Lakeview —interrumpió Meghan.

Turner aprovechó la ocasión para preguntar:

—¿Pueden darnos más información sobre sus amistades allí?

¿Algún amigo en particular?

La preocupación se reflejó en los ojos de Meghan mientras continuaba con la conversación.

—No solía mencionar a sus amigas. A veces parecía distante al hablar de su vida en allí. Como padres, nos preocupaba su bienestar, pero entendíamos que necesitaba su privacidad.

A medida que la conversación avanzaba, Meghan comenzó a divagar, compartiendo anécdotas sobre la infancia de Emily y su alegre personalidad.

Habló de sus sueños y su pasión por el periodismo.

Turner y Jenkins escucharon atentamente, atrapando cualquier detalle relevante.

Sin embargo, notaron que los padres no mencionaron a ningún joven.

Tras los recuerdos de Meghan, los detectives decidieron abordar cuidadosamente el tema.

—Señora Adams, el jefe de Emily nos mencionó que había terminado una relación sentimental.

—¿Sabían que mantenía una relación? — pregunto Turner con voz comprensiva. El rostro de Meghan se ensombreció mientras asentía:

—Sí, con un tal David. Terminaron hace unos meses. Emily estaba afectada, pero parecía superarlo.

—¿Les comentó por qué terminaron?

—No, solo dijo que ya no quería seguir, que él la distraía de sus estudios. Quería enfocarse más.

Jenkins continuó:

—¿Puede darnos más información sobre David? ¿Tiene un apellido o algún detalle?

Los padres intercambiaron miradas antes de que John respondiera:

—No llegamos a conocerlo personalmente. Emily es muy reservada con estos temas, solo sabemos que estudia en Lakeview al igual que ella.

Los inspectores agradecieron la información, conscientes de que esta relación podría ser relevante. La incógnita sobre David se sumaba al misterio .

Al salir de la casa en Maplewood, sabían que cada pista, por pequeña que fuera, sería crucial. Llegaron a Lakeview pasada la medianoche, así que decidieron visitar a Olivia Smith al día siguiente. Antes de bajar del coche, Turner analizó la información obtenida:

—Sabemos que Emily salió temprano, sobre las 7 a. m. según su vecino. Las cámaras muestran que llegó al campus a las 7:20

a. m. Sus padres y jefe no notaron nada inusual en ella, parecía normal. Sale del campus a las 7 p. m. tras verse con ese hombre.

¿Qué pasó después?

—¿Crees que siga viva? —preguntó Jenkins.

—No lo sé. Esperemos que sí y que la encontremos pronto

—respondió Turner—. Nos vemos mañana, Mark —se despidió mientras salía del coche.