Capítulo 10. Aren #3
Pronto tendrá cientos de vestidos más elegantes que cualquiera de los que yo pueda hacer.
La sujeto en mis brazos y la abrazo fuerte, manchándole la falda de lodo.
Mi hermana todavía necesita a su familia.
Me necesita a mí . Está encantada, pero en su mirada se esconde el terror ante la idea de dejar atrás todo lo que conoce, ese tipo de miedo que solo yo puedo calmar.
–Estoy tan, pero tan feliz por ti, cariño –susurro con entusiasmo–. Serás una dama maravillosa. –Al instante, Sonja también se acerca y las tres lloramos juntas.
Lord Jared se une a nosotras, radiante de orgullo mientras abraza a su amada. Seco mis lágrimas y me recompongo. Aunque sé que tengo un aspecto horrible, esbozo mi mejor sonrisa para recibir a uno de los grandes lores de la corte de Loegria.
–Mi lord, ya conoce a Sonja, pero permítame presentarle a mi hermana mayor, Aren –nos presenta Ofelia.
Lord Jared hace una reverencia cortés y yo logro hacer un gesto algo torpe como respuesta. Nunca sé exactamente cuánto debo doblar las rodillas.
–Encantada, mi lord –saludo–. Estoy más que sorprendida. No me lo esperaba.
–Yo tampoco –responde él, con las mejillas sonrojadas–. Pero sé que así lo ha querido el destino.
–Es un hombre afortunado. Nuestro padre no está aquí, pero le da su bendición –añado.
–Sí, soy muy afortunado. –Despeja su garganta y se mueve incómodo de un pie a otro–. Ofelia me dice que tú y tu padre no recibieron invitaciones. El marqués me prometió que todos los ciudadanos relevantes de Evandale serían incluidos, en especial…
Levanto la mano. Ahora todo tiene sentido. No fue el príncipe quien me dejó fuera de la lista a propósito, sino el marqués. Qué idiota . Levanto el mentón y sonrío.
–Por favor, no le dé importancia. Mi padre no pudo asistir de todos modos y yo estoy aquí ahora, mi lord. –Jared besa el dorso de mi mano.
–Como seremos familia, llámame Jared. Por favor, discúlpame con tu padre y dile que acepto su bendición con gratitud. Ofelia me dejó muy claro que no me aceptaría a menos que yo aceptara que Sonja viniera con nosotros. Quiero que sepas que cuidaré de tus hermanas, no les faltará nada en Lundenwic.
–¡Las dos nos mudaremos a la corte, Aren! –anuncia Ofelia, apretándome la mano.
–Ay, cielos, ¿qué nos pondremos? –pregunta Sonja.
–Aren, tendrás que prepararnos un ajuar. No podemos presentarnos en la corte con aspecto de campesinas. –Ofelia se ríe.
–No hay necesidad de pedirle eso a Aren –aclara Jared, sonriendo–. No se preocupen, tendrán lo mejor de todo. –Voltea hacia Ofelia–. Ven, mi amor. Hay gente que debes conocer. –Ella asiente con la cabeza y recoge su falda mientras lo toma del brazo.
–Se ven tan adorables. –Sonja me rodea los hombros con un brazo mientras lo dice.
Asiento con la cabeza.
–Te extrañaremos –continúa–. Tienes que venir a visitarnos tan seguido como puedas.
En ese momento, ella también se aleja rápido cuando el joven general aparece a su lado.
–Señorita Bellamore –dice Marcus–. ¿Le gustaría tomar algo?
–Me encantaría –acepta, sonriendo y sonrojada.
Le dedico al general una sonrisa amable mientras ella toma su brazo. Parece que Sonja no tendrá que esperar mucho para recibir su propuesta. Él no puede quitarle los ojos de encima.
Y de repente, vuelvo a estar sola. Mi felicidad se siente algo agridulce.
Ofelia se casará. Sonja la seguirá pronto.
Ambas se mudarán. Han encontrado hombres buenos que las cuidarán y yo por fin seré libre.
He cumplido con mi deber y la taberna será mía para hacer lo que quiera con ella. Entonces, ¿por qué me siento tan vacía?
Porque voy a extrañarlas, claro. Estarán tan lejos. Siento como unas lágrimas cálidas brotan de mis ojos y me las seco, furiosa, con el pulgar. No lloraré de nuevo, no en un momento tan feliz.
Jared regresa para traerle a Ofelia una copa de vino de rosas y me ofrece una también.
Le doy las gracias, pero niego con la cabeza. No tengo ganas de beber. Ha pasado muy poco tiempo desde el festival de la cosecha.
–Si me permites la pregunta, ¿dónde está el príncipe? –Casi digo ese tonto príncipe , pero me contengo. No hay ni rastro de Dietan, ni siquiera para felicitar a su amigo por el compromiso–. ¿Acaso es alérgico a la felicidad?
Él hace una mueca y bebe un poco del vino que yo rechacé.
–Ah, el príncipe Dietan… Se siente mal. No se habría perdido esto por nada del mundo, pero, entre nosotros, no ha salido de su habitación en todo el día. Estará bien, estoy seguro. Tanto viaje le hizo mal y…
–¿Como para desaparecer en medio de la noche?
–Te diste cuenta –dice y suelta un suspiro.
–Me doy cuenta de muchas cosas que suceden alrededor de mi taberna. ¿Estás seguro de que está bien?
–Claro. No puede meterse en demasiados problemas por aquí, ¿verdad? –menciona con una sonrisa.
Niego con la cabeza, sin estar muy convencida.
Estos aristócratas de lujo en serio no tienen ni idea de cómo sobrevivir fuera de sus palacios.
Al fin y al cabo, Dietan fue al bosque bajo la lluvia cuando le dije que no lo hiciera.
Estoy segura de que Jared oculta que el príncipe se ha perdido de una manera vergonzosa.
Qué idiota .