Anillos del destino Capítulo 10. Aren #2
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Capítulo 10. Aren #2

Por fin comienza la ceremonia. Lord Jared, el acompañante del príncipe, camina hacia el centro de la tarima situada al frente del salón, esbozando una sonrisa.

Entiendo por qué Ofelia se siente atraída por él.

Irradia confianza, es elegante y refinado.

Veo a las gemelas sentadas en sillones acolchados en el lado derecho del lugar, frente al escenario.

Me doy cuenta de que solo están ellas dos y ninguna de las otras jóvenes que se postularon para casarse con el príncipe, es una buena señal.

Las muchachas inclinan la cabeza una hacia la otra.

Parecen colegialas chismosas.

Contengo una sonrisa. Hay cosas que nunca cambian.

–Bienvenidos –saluda Jared–, gracias por acompañarnos en un día tan especial…

–Señala la tormenta que hay afuera, lo que provoca algunas risas.

He oído que la mayoría de los habitantes de Loegria no comparten la creencia alariciana de que la lluvia trae buena suerte a quienes viven de la tierra–.

Cuando llegamos a Evandale en busca de una novia para el príncipe Dietan, al principio me mostré escéptico.

Después de todo, estamos tan lejos de nuestra corte en Lundenwic.

Pero he llegado a ver la belleza de esta tierra.

Se oye un murmullo de aprobación.

–Los habitantes de Loegria tenemos la suerte de compartir fronteras y mantener relaciones comerciales con el reino de Alarice. Es un gran placer que el príncipe los haya reunido a todos hoy aquí para ser testigos de este anuncio tan prometedor.

Entonces efectivamente han elegido a una novia.

Me preparo para escuchar la noticia mientras la multitud murmura expectante.

¿Quién será? Puede que sea Sonja, ya que Jared está tan enamorado de Ofelia, claro, y Dietan parece valorar lo suficiente a su amigo como para dejarle el paso libre. Sí, el príncipe seguro ha elegido a Sonja. La veo inclinada hacia delante con los labios entreabiertos.

Ay, Sonja . Me alegro por ella. Será una princesa excelente. Es dulce y vivaz, y será el orgullo de Alarice. Tal como prometí, bailaré en su boda con alegría, aunque por dentro sienta una punzada en el estómago.

Vuelvo a fijar mi atención en lord Jared, que está mirando a la multitud. ¿Dónde está el príncipe? ¿Por qué no está en el estrado? ¿Será que Jared anunciará el compromiso y luego los hará subir juntos al escenario? De repente, él parece inquieto y tose.

–Perdónenme. Estoy un poco nervioso. –Se mira las manos y luego vuelve a observar a la multitud, como si estuviera buscando las palabras adecuadas–. Ofelia Bellamore –llama a mi hermana, extendiéndole la mano–, ¿podrías acompañarme, por favor?

Un murmullo recorre la sala. Ah, entonces es Ofelia. El príncipe se casará con ella. Todos la miran fijo, incluso Sonja, que está ayudando a su hermana a ponerse de pie.

Ofelia tambalea un poco y pronto se recupera, sobre todo cuando cruza la mirada con Jared. Su expresión se relaja, recoge su falda y se acerca, caminando con tanta gracia como si flotara, con una sonrisa deslumbrante. Los cascabeles que lleva en los tobillos resuenan en el silencio del salón.

Pero… ¿Dónde está Dietan?

¿Por qué no está en el estrado?

–El anuncio de hoy no es en nombre del príncipe –declara Jared cuando Ofelia se acerca a él.

Un murmullo cargado de sorpresa recorre la sala y yo contengo la respiración.

Entonces, lord Jared se arrodilla. Levanta la vista hacia mi hermana, que está radiante.

–A diferencia del príncipe, yo no emprendí este viaje con la intención de encontrar una novia.

Nunca pensé que alguien pudiera hacerme tan feliz, que pudiera existir una sonrisa que me hiciera creer que, después de todo, los poetas y los juglares tienen razón.

Tú, mi querida Ofelia, me has convencido de que el amor verdadero sí existe en este mundo.

Lo percibo en cada respiración que he dado desde que te conocí.

Nadie habla. Al igual que yo, todos los presentes asumieron que se trataba de una ceremonia para Dietan. Sabía, por supuesto, que Ofelia sentía algo por Jared, pero esto es inesperado.

–Ofelia, me has robado el corazón de un tirón. –Suelta una risa entrecortada y me quedo asombrada. Este lord tan engreído sí que está nervioso–. En cuanto te vi, supe que eras la única para mí. ¿Me harías el mayor de los honores y aceptarías ser mi esposa?

En cuanto ella responde que sí, estallan los aplausos. Jared se pone de pie y la besa, ella le sujeta el rostro y le devuelve el beso. Aplaudo tan fuerte como los demás, aunque no lo entiendo del todo. El príncipe mandó la invitación en nombre de Jared. Dietan aún no ha elegido novia.

De repente me invade una sensación de alivio, pero eso me irrita. ¿Por qué me siento aliviada? El príncipe todavía podría elegir a Sonja. Además, todavía no me queda claro si confío en él o no.

Intento concentrarme en Ofelia, la veo tan feliz que se me llenan los ojos de lágrimas.

No va a ser una princesa, pero parece contenta con la vida de una dama de la nobleza.

¿Sabía que lord Jared le iba a pedir matrimonio?

Seguro que sí. Se muestra tan elegante al recibir las felicitaciones de la comitiva real, impecable y lista para una vida en la corte.

Ella estira el cuello y busca entre la multitud al fondo del salón, donde le dije que estaría. Nuestras miradas se cruzan y camina hacia mí. Está tan radiante como la luz del sol.

–¡Ay, Aren! ¿No es maravilloso? –pregunta retóricamente, abriendo los brazos para que la abrace y la acaricie, a pesar del lodo y el agua de lluvia que empapan mi ropa.