Capítulo 6. Aren #2
Me duelen los pies. He estado parada todo el día y me encantaría quitarme los zapatos y recostarme. El vino me hace sentir una sensación muy agradable de calor y embriaguez. Un amigo de la infancia me invita a bailar, pero no estoy de humor.
Encuentro a Ofelia sentada en una mesa cerca del escenario, con el mentón apoyado en la mano mientras mira en dirección al príncipe, con los ojos entrecerrados y una sonrisita llena de esperanza.
Dietan y su séquito real están sentados en la mesa alta del escenario con el marqués. Chocan sus jarras y se ríen, pasándola de maravilla. Se supone que el príncipe se irá en unos días, así que pronto debe anunciar su elección.
Me siento junto a mi hermana y le doy un trago largo y fuerte a mi bebida.
Incluso el vino de Evandale es fuerte, pero me gusta su cuerpo y ese sabor a hogar.
Quizá por eso estoy de mal humor. Es agridulce saber que hoy ha sido un éxito.
Mis muchachas han llamado la atención del príncipe.
Una de ellas pronto se casará y todos nuestros sueños se harán realidad.
Pero, mierda, cómo las voy a extrañar. No quiero que se vayan. Parpadeo para contener las lágrimas.
–¿No es lindísimo? –pregunta Ofelia, suspirando con aire soñador.
–¿El príncipe? –digo, quitándome los zapatos.
Lo miro por encima de mi bebida. La luz del fuego se refleja en su cabello dorado y brilla en sus dientes de un blanco deslumbrante cuando sonríe.
Sus ojos azul verdosos brillan como el broche de zafiro que lleva en el cuello–.
Supongo que está bien, si es que te gustan los rubios.
–¡No, el príncipe no! Me refería a lord Jared…
–Espera, ¿quién?
–El que está a su lado.
Miro hacia la mesa principal. Mmm. Este lord Jared es bastante lindo, supongo, elegante y seguro de sí mismo, como un gato que se acicala. Pero no es ningún príncipe.
–Me pidió que le reservara un baile. –Ofelia lo mira fijo y dudo que haya parpadeado en todo este tiempo, como si la hubieran hechizado. Es tan ridículo que casi escupo mi bebida.
–Pensé que te gustaba el príncipe.
–No está mal, supongo –dice.
–¿Supones? Pensé que a estas alturas ya estarías sentada en su regazo. Es, sin duda, el hombre más lindo aquí.
Ofelia voltea hacia mí con una sonrisa divertida en el rostro.
–Ah, así que te diste cuenta.
–¿De qué?
–De lo atractivo que es el príncipe Dietan –bromea.
–La apariencia no lo es todo –gruño. La gente guapa suele pasar por la vida sin esfuerzo, vanidosa y superficial, ajena al sufrimiento que la rodea. Mis hermanas son la excepción que confirma la regla–. Quizá sea agradable a la vista, pero eso es todo lo que tiene.
–Entonces, ¿por qué quieres que me case con él si te cae tan mal? –pregunta.
–Porque una vez que seas princesa, una vez que seas la reina, estarás a salvo –digo, poniendo los ojos en blanco–. Tendrás todo lo que puedas desear. –“Tengo muchos sirvientes”, dijo el príncipe esta mañana–. No será necesario que trabajes ni un solo día en tu vida.
–Pero ¿y si no quiero ser princesa?
Es difícil no reírme.
–Todo el mundo quiere ser princesa. –Señalo a la multitud–. ¿No viste la fila de doncellas tan larga que llega hasta la capital?
Ofelia me mira fijo durante un rato largo, con la mirada endurecida y los labios apretados en una línea recta.
–Madre de la Cosecha, ¿qué pasa? ¿Quieres que sea feliz o piensas que casarse con un príncipe es una pésima idea?
–Esas dos cosas no son incompatibles.
–¿Sabes qué? Eres muy crítica para alguien que finge no serlo.
Su intuición me sorprende, aunque se equivoque. Siento como mi corazón se tranquiliza y me tomo un momento para ordenar mis pensamientos.
–Solo quiero lo mejor para ustedes dos. Quiero que encuentren algo de seguridad. Son las chicas más lindas de todo Evandale, las más simpáticas, y ambas se merecen lo mejor.
–¿Y lord Jared te parece un don nadie? –pregunta indignada–.
Yo pienso que él podría hacer feliz a cualquier chica, mucho más que ese príncipe.
–Suspiro. Ofelia siempre fue la más terca–.
Me has ayudado a decidirme. Ahora le recordaré lo del baile –agrega.
Se pone de pie y sube las escaleras hacia el escenario.
Dietan y Jared se levantan y voltean hacia ella.
Estoy demasiado lejos para oír lo que ella le dice a Jared mientras hace una reverencia, pero, para mi gran sorpresa, él sonríe, le toma la mano y se la besa.
Parece que el príncipe también quedó sorprendido, porque los mira a ambos antes de que sus ojos se crucen con los míos.
¡Me descubrió! Volteo y hago como que no estaba mirando, por si sirve de algo. Intento encontrar a Sonja, pero ha dejado de bailar y ahora está hablando con el joven general. Tiene las manos entrelazadas delante del pecho y mueve las caderas de un lado a otro mientras sonríe y se ríe con él.
Ahora es el turno de Marcus. Es extraño ver a ese soldado tan brusco sonreír.
Un momento… ¿acaso todos se están enamorando de la persona equivocada?
Ninguna de mis hermanas está coqueteando con el príncipe.
Este no era el plan. Sé que no debería molestarme y que pueden encontrar felicidad en otro lado, en especial con lores y generales, pero me fastidia haber gastado tanto tiempo y dinero en hacerlas lucir como la realeza solo para verlas conformarse con menos.