Ángel Salvaje (Ángeles Fratelli nº 3) Capítulo 13
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Capítulo 13

Paola

Acababa de terminar mi ronda en casa de Manuele cuando mi teléfono empezó a sonar. Beatrice aún estaba durmiendo, así que mi mañana parecía no acabar nunca.

—¿Qué pasa? —Contesté la llamada de Manuele. —Tu amorcito aún no se ha despertado, y...

—Paola, escúchame —me interrumpió, con voz tensa. Dejé de caminar al instante, sintiéndome nerviosa. —Enzo va para allá, y quiero que vengas aquí inmediatamente en cuanto llegue.

— ¿Qué ha pasado?

Oí su suspiro.

—Mariano ha desaparecido.

Las piernas me fallaron, mientras mi mente intentaba asimilar aquella noticia.

—¿C-cómo? —La mano con la que sostenía el teléfono empezó a temblar sin que pudiera controlar mis nervios.

— Anoche incendiaron la oficina del comisario, y el muy desgraciado vino aquí a exigirnos que fuéramos con él a prestar declaración, ya que vosotros dos estuvisteis allí hace unos días y lo amenazasteis —explicó—.

No entendí por qué, pero ese idiota de Mariano aceptó ir con él.

Y pocos minutos después de que se marcharan, recibí un mensaje suyo.

—Un mensaje de alerta —concluí. Eso era un código de los Fratelli.

—Todavía estamos recibiendo la señal a través del chip del móvil, pero es muy débil —siguió diciendo—. Te necesitamos aquí para empezar la búsqueda.

Con la mandíbula apretada, negué con la cabeza.

— Estaré de camino en unos minutos.

Corté la llamada y cerré los ojos, tratando de respirar hondo. Por un instante, me sentí intimidada como hacía mucho tiempo que no me sentía. El miedo amenazó con volver a ser mi compañero.

***

«—Quítate la ropa —ordenó, sin molestarse en levantarse de la cama. Tenía un vaso de coñac en la mano y no me quitaba los ojos de encima.

La ceremonia nupcial había tenido lugar hacía unas pocas horas, pero el miedo me acompañaba desde el momento en que me informaron de que tendría que casarme con aquel hombre. Un hombre al que solo conocía por las historias.

Temblando, carraspeé:

— Por-por favor, ¿podría apagar la luz?

Sus ojos se oscurecieron.

—No —gruñó como un animal feroz—. Quiero verte. Quiero ver si mi sacrificio ha valido la pena.

Mis ojos se llenaron de lágrimas que no llegaban a derramarse. Por mucho que sospechara que aquella unión tampoco le estaba complaciendo, pensé que entre cuatro paredes los dos encontraríamos una forma de entendernos.

Qué gran error.

Tragándome los sollozos, empecé a intentar abrir la cremallera del vestido, pero como estaba en la espalda, no lo conseguía.

— N-no puedo...

Irritado, lanzó el vaso contra la pared, haciendo que miles de fragmentos de cristal se esparcieran por la habitación. Di un respingo de susto y, por instinto, di unos pasos hacia atrás cuando lo vi saltar de la cama y acercarse a mí con mirada perversa.

—No me extraña que la única hija de los Giordano sea una chica tan estúpida que ni siquiera sabe ser sensual con su marido —siseó, agarrándome el brazo con agresividad.

— P-perdóneme, yo no...

Me calló cuando su boca se apoderó de la mía con dureza. Sentí no solo el horrible sabor del whisky, sino también la amargura de la ira que predominaba en cada uno de sus gestos.

Como una muñeca de trapo, me giró de espaldas hacia él, quien simplemente rasgó la parte trasera de mi vestido, marcándome la piel en el proceso. Intenté con todas mis fuerzas no llorar, pero fue imposible.

Desde el momento en que me tiró contra el borde de la cama, con el trasero al aire, supe que el miedo sería mi compañía para siempre».

***

— ¿Y entonces? — pregunté, nada más llegar a la fortaleza de Rossi. — ¿Dónde está?

Luca y Fillipo estaban cogiendo las armas, preparándose.

Hice todo lo posible por no demostrar lo aterrorizada que estaba ante la posibilidad de perder a Mariano.

—La última señal indicaba que se dirigía a Messina[6] —respondió Manuele.

Rossi estaba discutiendo con alguien por teléfono, parecía demasiado tenso como para tener un ápice de paciencia.

Apreté la mandíbula.

—¿Qué creéis que ha pasado?

—Hubo un tiroteo a poco más de un kilómetro de aquí —respondió Manuele, comprobando las balas de su pistola—. Los dos policías que estaban allí murieron.

—Lo que significa que se han llevado a Mariano y al comisario —concluí con un gruñido.

— ¿Paola? Ve a preparar al equipo que nos acompañará —ordenó Rossi, tras colgar el teléfono, a punto de estallar de rabia por lo ocurrido—. Vamos a rescatar a Mariano.

—¿Cómo que vamos? ¿Tú también piensas ir? —preguntó Fillipo.

— Lo mejor sería que te quedaras —añadió Luca—. Tú eres el jefe, nuestro líder.

—¡Nunca me quedaré sentado en esta maldita silla sabiendo que nuestro hermano corre peligro en manos de quién sabe quién! —rugió—. ¡Y no quiero oír más preguntas!

Al decir eso, salió de la oficina alegando que iba a despedirse de Maya y que saldríamos en unos minutos.

—Voy a reunir a los mejores hombres —avisé, preparándome para salir también.

Sintiéndome temblorosa, caminé con pasos pesados hacia la parte trasera de la fortaleza.

—¿Paola?

Me giré a tiempo para ver a Manuele a pocos centímetros de distancia. Sus ojos mostraban preocupación cuando se encontraron con los míos.

—¿Estás bien?

Tardé en comprender el significado de su pregunta, pero cuando lo hice, sentí que la ira se apoderaba de mí.

Y dirigida, exclusivamente, a Mariano.

—El idiota te lo ha contado, ¿verdad? —le acusé con un siseo, refiriéndome al hecho de que él supiera que me estaba acostando con su hermano gemelo.

Negó con la cabeza.

—No tuvo que decir nada, porque conozco a mi hermano mejor que a mí mismo —declaró, sin apartar la mirada de mis ojos. Percibí sinceridad en sus palabras. —No estoy aquí para juzgar, porque me importa un carajo lo que hagáis los dos a puerta cerrada. Mi prioridad aquí es rescatarlo con vida.

Apreté la mandíbula y me acerqué a él, hasta que nuestras caras casi se tocaban. Tenía las fosas nasales dilatadas.

—Que me acueste con Mariano no significa que mi lealtad a la familia haya cambiado —declaré con toda la intensidad de la que fui capaz—.

Sigo siendo la misma. Así que, por favor, no te atrevas nunca más a dudar de mi capacidad de concentración.

¡Nunca he mezclado los sentimientos en las misiones, y eso no va a pasar ahora!

En cuanto terminé de hablar, di media vuelta y me fui pisando fuerte.

Había una mezcla de sentimientos y emociones luchando dentro de mí. Pero no podía engañarme... lo que predominaba era el miedo.

Y uno extremadamente doloroso.