CAPÍTULO VEINTIOCHO - LOVE ME LIKE YOU DO #4
Esperaba que Angela estuviera profundamente dormida en la habitación de al lado, porque no iba a hacer que su chica se callara ni se contuviera, no cuando estaba tan cerca de correrse por primera vez.
—Eres lo más hermoso que he visto en mi vida... —dijo después de verla estremecerse, levantar las caderas del colchón y desplomarse de nuevo con su nombre brotando de sus labios en un largo gemido—. Verte tener un orgasmo... es como un sueño.
Melissa tardó unos minutos en volver a respirar con normalidad y le costó un poco abrir los ojos de nuevo. Tenía el cuerpo completamente relajado, se sentía algo adormilada, pero sonrió cuando Gabriel empezó a besarle las muñecas.
—¿Cómo puede ser tan bueno? —preguntó lánguidamente mientras él seguía subiendo con los besos hasta llegar a sus pechos desnudos—. ¡Oh! ¿Y cómo es posible que quiera más?
Él mantuvo la suave succión que había comenzado mientras deslizaba los dedos hacia su sexo empapado. Estaba tan sensible después del orgasmo que el más leve roce la hizo gemir con fuerza.
—Eres tan suave... —susurró contra su pezón, y el aliento de él lo erizó aún más.
—Gabe... —lo llamó desesperada.
Él alzó la mirada hacia su rostro y detuvo el movimiento de sus dedos.
—No... —se quejó ella, inquieta—. No pares. Es aún mejor cuando me tocas tú.
Gabriel intensificó los besos, ahogando los gemidos de ella cuando sus dedos la llevaron a un nuevo orgasmo.
—Estás ardiente como el infierno. —Se llevó los dedos húmedos a los labios, saboreándola.
Lissa se sonrojó aún más.
—Eso fue increíble... —esbozó una amplia sonrisa cuando Voss la tumbó de nuevo sobre el colchón y la atrajo hacia sus brazos—. Pero ¿y tú?
Él cerró los ojos y le llevó una mano de vuelta a su miembro erecto.
Ella entendió lo que quería y, pegándose a él, usó la mano libre para apoyarse en su pecho. Con la otra lo tocaba como él le había enseñado que le gustaba.
Él no era tan vocal como ella, pero aun así el sonido de su nombre brotando de sus labios en un gemido cuando se corrió fue lo mejor que había escuchado en su vida. Sin duda, su sonido favorito.
—Tú también estás precioso cuando tienes un orgasmo... —Lo acarició una última vez y, con curiosidad, deslizó las yemas de los dedos por el líquido espeso que se había derramado sobre su abdomen definido.
—¡Gracias! —logró decir Gabriel—. Por todas las noches. Eres increíble. —Volvió a sujetarle la mano curiosa, que seguía explorando—. Será mejor que nos limpiemos antes de que me pongas duro otra vez.
Tendría que acostumbrarse a que él siempre era tan directo, y dejar de sonrojarse violentamente cada vez que se ponía explícito.
El cantante salió de la cama con su chica en brazos y se metieron en la ducha, dejando que el agua los limpiara mientras él la besaba con suavidad.
—¿Gabe? —lo llamó en voz baja cuando ya estaban de vuelta en la cama, después de que él la vistiera con una de sus camisas—. ¿Puede ser mejor de lo que ha sido esta noche?
Él le acarició el rostro.
—Puede ser más intenso...
Ella asintió, pensando en ello un momento, mientras lo veía recoger sus bragas del suelo e intentar deslizarle la prenda por las piernas.
—No... —negó, quitándole la prenda de las manos y arrojándola de nuevo al suelo—. Están húmedas... —A Gabriel le encantó ver cómo la cara de ella, ahora libre de maquillaje, se tornaba rosa, y para hacérselo saber, la besó—. ¿Te importa si solo uso tu camisa?
—Por supuesto que no, cariño. Y estás sexy como el infierno con mi camisa. —Con una sonrisa en el rostro, volvió al baño a cepillarse los dientes y a hacer todo su complejo ritual nocturno de higiene—. ¿Mel? —la llamó al cabo de un rato—. ¿Te sentirías muy incómoda si duermo desnudo?
Melissa lo miró, observando la espalda desnuda y las caderas cubiertas solo con una toalla.
—¿Es como te gusta dormir? —preguntó insegura. Él asintió—. No es como dormiste las otras noches.
—No... —admitió—. Y puedo seguir sin hacerlo si eso te hace sentir incómoda o asustada. Quería que te sintieras cómoda, y eso sigue siendo mi prioridad.
—Creo que está bien... —respondió Lissa con cautela—. Si intentas algo raro, me será más fácil cortarte las pelotas.
Gabriel se rio con ganas; el humor mórbido de ella había vuelto.
Se quitó la toalla que lo cubría y se acomodó junto a Mel en la espaciosa cama.
—Buenas noches, cariño.
Ella se movió hasta quedar pegada a él, con la cabeza apoyada en su pecho.
—Mañana... —dijo en voz baja, después de que él cerrara los ojos y ella le deslizara la mano por el vientre—. ¿Me enseñas cómo puede ser más intenso?
Gabriel jadeó cuando ella guio su mano más abajo.
—Por lo visto, no podemos esperar hasta mañana.
—Hmm... —Le gustaba cómo crecía y se endurecía en su mano—. ¿Quién necesita dormir?
—Yo no necesito... —dijo, moviendo las caderas para ayudarla a encontrar un ritmo más intenso.
—¡Qué bien! Me muero de curiosidad: ¿qué prefieres, caricias o besos?
Era aún más increíble de lo que había imaginado, concluyó Gabriel cuando ella, con una sonrisa tímida, le pidió que le enseñara cómo le gustaba que lo besaran ahí.
Estaba claro que no iban a dormir, y no podía estar más encantado y excitado ante la perspectiva.