CAPÍTULO VEINTE - DI ALGO #3
El cantante estaba a punto de insistir cuando llamaron a la puerta. Arthur abrió y dio paso a una camarera que entró empujando un carrito.
Gabriel destapó el plato, que contenía una sopa, y llevó con cuidado la bandeja hasta la cama para colocarla sobre las piernas de Melissa.
La chica lanzó una mirada recelosa al plato y, con un suspiro, intentó llevarse una cucharada a la boca, pero la mano aún le temblaba.
Con delicadeza, el cantante tomó el relevo y le sonrió a Melissa mientras le acercaba una cucharada a los labios.
—Qué humillante —se quejó antes de dejar que el rockero le diera de comer.
Voss se rio entre dientes y siguió dándole de comer hasta que desapareció la mitad de la sopa.
—No puedo más... —Apartó el rostro cuando él intentó que comiera más.
—Solo un poco más... —intentó convencerla—. Y te cantaré algo.
Ella puso los ojos en blanco, sin dar mucha importancia a la oferta del cantante, pero acabó aceptando tres cucharadas más antes de asegurar que no podía más.
Apartó el plato casi vacío, se acomodó en la cama junto a Mel y la atrajo hacia sí, dejándola casi sobre su regazo.
—Ahora, la medicina... —le susurró al oído mientras veía a Arthur acercarle una pastilla y un vaso de agua.
—No... —intentó negarse—. Me va a dejar dormida.
—Necesitas descansar —Gabriel cogió lo que le ofrecía su amigo e intentó acercarle la pastilla a los labios.
—Descansaré... —prometió Lissa—. Cántame algo.
Voss se rio.
—Cantaré, pero primero... —le ofreció el remedio una vez más—. Por favor, cariño.
Ella se acurrucó un poco más contra él.
—No me gusta tomar medicamentos para dormir. No puedo despertarme si pasa algo, y...
—Me quedaré aquí, contigo, toda la noche —dijo Gabriel, optando por ignorar la mirada de advertencia que Arthur le lanzaba—. No pasará nada, pero si pasa, te prometo que te despertaré.
Mel lo miró fijamente.
—¿De verdad te quedarás? —preguntó en voz baja—. ¿Aunque estés enfadado conmigo?
Él le acarició la mejilla de nuevo.
—Me quedaré. Te lo prometo. Y no estoy enfadado contigo.
Melissa aceptó el medicamento y tomó la pastilla con la ayuda de Gabriel. Se acomodó mejor y apoyó la cabeza en el pecho del rockero.
—Perdona por lo de Año Nuevo... —susurró con los ojos cerrados—. Perdona por ser una zorra sin corazón.
Él dejó que sus dedos se deslizaran por el largo cabello de ella y acercó el rostro al suyo.
—No me arrepiento de nada —susurró para que solo ella lo oyera.
Melissa esbozó una pequeña sonrisa y cerró los ojos. A los pocos minutos, estaba dormida.
—Ahora, tú... —Gabriel mantuvo la voz baja para no despertar a la chica aferrada a él, pero clavó la mirada en su mejor amigo—. ¿Qué pasó? Y ni se te ocurra mentirme.
Arthur se sentó en el borde de la cama.
—No estoy seguro de qué pasó... —intentó suavizar las cosas—. Cuando la encontré, no estaba bien... Llamé a un médico porque estaba muy débil e inmóvil. Él quería llevarla al hospital, pero por supuesto ella se negó. Así que volví a llamar al médico cuando empeoró.
—¿No estaba bien? —insistió el cantante.
Arthur suspiró.
—No sé qué pasó —repitió el mánager—. Pero el médico y yo sospechamos que fue una crisis de pánico...
—cuando Gabriel intentó decir algo, el asistente levantó una mano pidiéndole que lo dejara terminar—.
Tampoco sé qué pudo haberla causado. Quizás el estrés de la gira...
En fin, el médico recetó un sedante y reposo.
También está deshidratada y posiblemente anémica, así que...
Gabriel dirigió una larga mirada a la chica dormida.
—Deberías haberla llevado al hospital —dijo mientras intentaba asimilar que había sufrido un ataque de pánico. No le sorprendía del todo, ya que había presenciado lo mismo en Navidad, pero seguía siendo preocupante—. Si mañana no se despierta mejor, la llevaremos.
—Buena suerte intentando convencerla.
—Y también deberías haberme avisado.
—Te dije que estaba enferma... —se defendió el mánager—. No me creíste.
Era cierto. En aquel momento había pensado que era solo una excusa para mantenerse alejada de él.
—De todos modos, ahora todo está bajo control —Arthur se puso de pie—. Vamos a dormir bien esta noche. Viajamos mañana por la noche y lo último que necesitamos es más estrés.
Gabriel observó cómo su amigo caminaba hacia la puerta. Quería a Arthur como a un hermano, pero a veces pensaba demasiado en el trabajo y era un poco insensible. Al diablo con el viaje, la gira, todo... Nada importaba más que la salud de Mel.
—¿No vienes? —llamó el asistente desde la puerta.
—Prometí que me quedaría —respondió el cantante sin más.
—No se despertará hasta mañana, Gabriel.
—Lo sé, pero me quedaré, exactamente como prometí —Gabe se movió y sacó el móvil del bolsillo. Tendría que avisarle a Angela, o podría llamarlo de madrugada—. Por favor, apaga la luz antes de irte.
—¿Gabriel? —Arthur llamó a su amigo después de apagar la luz, con la mano en el pomo, listo para salir de la habitación—. Estará bien.
El cantante terminó de escribir el mensaje para Angela, en el que le aseguraba que Mel estaba bien y que la llamaría por la mañana.
—Por supuesto que estará bien. Yo cuidaré de ella.