Ángel de nieve Capítulo siete
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Capítulo siete

Ellie se apartó y entró en el baño, y cerró la puerta tras de sí.

Maggie oyó cómo se echaba el pestillo y se acercó a la chimenea para atizar los troncos.

Comprendía la situación de Ellie y lo incómoda que debía sentirse, pero ella no era precisamente un ogro ni una persona antipática.

Ellie podría haber caído en peores manos. Mucho peores.

Maggie terminó de avivar el fuego y se sentó en la mecedora. Sabía que Ellie probablemente quería estar sola, pero no podía arriesgarse. Se quedaría allí esperando, se aseguraría de que volviera a la cama y luego le daría algo de intimidad.

Por fin se oyó el pestillo y Ellie apareció en el umbral.

—Estoy bien —dijo, pero era evidente que no. Dio un paso y Maggie corrió hacia ella. La sujetó justo cuando se desplomaba.

—Te tengo —dijo. Acto seguido, la levantó en brazos y la llevó a la cama. Ellie no protestó, no dijo nada. Simplemente se acurrucó contra ella y la miró a los ojos.

—Ya está —dijo Maggie al dejarla en la cama.

La arropó y se incorporó, sin saber qué hacer.

—Lo siento —dijo Ellie con los ojos vidriosos. Un pequeño muro se había derrumbado, y Maggie se preguntó si alguien la habría visto así alguna vez.

—No hace falta. —Maggie sintió el impulso de tocarle la mano para tranquilizarla, pero no quería arriesgarse a incomodarla.

—¿Cuánto tiempo estaré tan... débil? —Una lágrima amenazó con rodarle por la mejilla, pero se la secó como si le molestara su presencia.

Maggie vio aquella vulnerabilidad a flor de piel y de repente lo comprendió. Ellie tenía miedo de mostrarse débil. De perder el control. De necesitar ayuda.

Se sentó a su lado.

—Has pasado por mucho. Tardarás un poco en volver a sentirte tú misma.

—Odio sentirme así.

—No tardará mucho —dijo, esbozando una leve sonrisa. Observó el estado de Ellie y supo que había algo más que el frío detrás de su situación.

—¿Pasa algo más? ¿Estás metida en algún lío?

Ellie se tensó y aferró las sábanas.

—Nadie sabía que me marchaba, y no tengo el móvil. Seguro que me están buscando.

—¿Quieres usar mi móvil? Puedo ir a buscarlo.

Ellie apartó la mirada.

—No.

—¿Estás segura? —La ansiedad se apoderó de Maggie. No entendía por qué Ellie no quería contactar con nadie.

—Sí. —Mantuvo la mirada apartada, y Maggie sintió que había ido demasiado lejos. Sabía que era hora de terminar el desayuno. La dejó en silencio, mientras a Ellie se le volvían a llenar los ojos de lágrimas.