Ángel de nieve Capítulo seis
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Capítulo seis

—Maldita sea.

Ellie se puso de pie, pero aún se sentía muy débil. Maggie se giró desde la chimenea. El perro ladró y Ellie soltó otra maldición.

—Tranquila, tranquila.

Maggie dejó la taza en la repisa y le colocó las manos en los brazos con delicadeza.

Ellie se apartó de ella, negando con la cabeza.

—Estoy bien, de verdad.

Maggie parecía preocupada.

—¿Cuándo fue la última vez que comiste?

Ellie se rio, como si la pregunta fuera ridícula.

—No hace tanto.

—¿Cuánto?

Ellie abrió la boca, pero se detuvo antes de hablar. ¿Cuánto tiempo había pasado? Había conducido directamente desde Los Ángeles. Nunca se arriesgaba a volar a Flagstaff porque así podían encontrarla fácilmente. La casa de Frank era su refugio privado.

—No me acuerdo.

A decir verdad, últimamente no había comido mucho, y más de una persona lo había notado. Es que no le entraba nada cuando estaba estresada.

—Creo que necesitas comer y descansar mucho —dijo Maggie, sosteniéndole la mirada.

Ellie apartó la vista, incapaz de perderse en aquellas profundidades verdes. Maggie era cautivadora, y quería quedarse mirándola, pero no podía permitírselo. Sabía que le gustaría demasiado.

—No te he pedido tu opinión —dijo, en un intento de marcar distancia.

Maggie bajó las manos, visiblemente desconcertada por el comentario.

—No quise molestarte.

Ellie se dejó caer en la cama.

Tiró del suéter que llevaba puesto y forcejeó para quitárselo. Lo arrojó a un lado y palpó la ropa interior térmica que tenía puesta.

—¿Esta ropa es tuya?

—Sí.

—¿Y la mía?

—En la lavadora. No abriga lo suficiente para este clima.

—Me servirá.

—¿Perdón?

—Prefiero mi ropa.

Maggie dio un paso atrás, y Ellie percibió la tensión que estaba provocando. Sabía que estaba siendo borde, pero tenía que hacerlo. Por el bien de ambas.

—Te la traeré cuando esté seca.

Ellie no respondió. Solo deseaba ponerse algo familiar. Algo suyo.

—Sé que estás muy cansada y débil...

—Estoy bien.

Ellie la miró con feroz determinación. Estaba aparentando fortaleza. Fingiendo estar bien cuando era todo lo contrario.

Las mejillas de Maggie estaban sonrojadas y parecía morderse el labio inferior. Ellie tragó con dificultad, notando de nuevo cómo su belleza la turbaba.

Maggie habló mientras retrocedía hasta el pie de la cama.

—Solo te puse eso para que entraras en calor. Tenías hipotermia.

—Ya estoy bien.

—Aún necesitas mantenerte abrigada.

—Estoy bien.

Maggie comenzó a hablar, pero pareció cambiar de opinión. Se volvió para alejarse, pero justo antes de llegar a la puerta, Ellie la llamó, incapaz de contenerse más.

—Espera.

Dios, odiaba ser tan débil. Lo odiaba con toda su alma.

Maggie se detuvo.

—¿Sí?

Ellie exhaló con frustración.

—Necesito hacer pis.

Maggie se volvió para mirarla.

—Vale.

Rodeó la cama y le tendió el brazo. Ellie estaba avergonzada. Demasiado avergonzada para mirarla. Sin decir palabra, le tomó el brazo y se bajó de la cama. Tembló y se tambaleó, y Maggie la sujetó rápidamente, sosteniéndola en pie entre sus brazos.

Ellie sintió su fuerza, y una oleada de calor la recorrió. Hacía más de veinte años que una mujer no la abrazaba, y sensaciones largo tiempo olvidadas le atravesaron el cuerpo y la mente. Dejó escapar un pequeño sonido, de placer, de miedo, no estaba segura.

—¿Estás bien?

Ellie asintió rápidamente.

—Vamos a caminar muy despacio —dijo Maggie—. Con mucho cuidado. Agárrate fuerte.

Maggie las hizo girar hacia el baño. Con una mano en su cintura, la guio lentamente. A Ellie le costó al principio, apoyando casi todo su peso en Maggie, pero cuanto más avanzaban, más fuerte parecía volverse.

Era como si sus músculos estuvieran despertando, junto con el resto de ella, que parecía haber estado dormida durante años.

—Estaré bien —dijo cuando llegaron al marco de la puerta.

Maggie dudó; Ellie lo notó.

—De verdad —dijo, y le puso la mano en el brazo—. Gracias.

—Estaré aquí mismo si me necesitas.