Capítulo Dos
Ellie Falcon se apoyó contra la mujer y cerró los ojos.
Una máquina zumbaba debajo de ella, arrullándola.
Rostro hermoso. El de la mujer. Ojos penetrantes.
Como Irlanda. Le encantaba Irlanda. Quería comprarse un lugar allí.
¿Por qué no estaba en Irlanda? ¿Dónde estaba?
Se obligó a abrir los ojos. El blanco la rodeaba, y copos de nieve comenzaban a caer como diminutas almohadas.
Suaves, silenciosos, helados. Podía dormirse ahora, simplemente dejarse caer, quedarse dormida.
La mujer se aseguraría de que ningún animal se le acercara.
Marco se pondría furioso, su gallina de los huevos de oro perdida, pero ella estaría en paz.
¿Dónde estaba? Frank lo sabía. Frank sabía que ella estaba allí. ¿Por qué ella no lo sabía? Intentó concentrarse. Nieve, sí. Había nieve. Árboles. No era Irlanda. ¿Por qué estaba pensando en Irlanda? La mujer, sí. La mujer. ¿Quién era? ¿La había enviado Frank? ¿Marco?
Dios mío, ¿venía él a buscarla? Seguro que sí. Tendría que volver sin haber descansado. Le entraron ganas de llorar, pero era demasiado esfuerzo. Así que dejó escapar un gemido de pavor.
—No me lleves de vuelta. Y-yo no quiero ir.
Pero las palabras apenas le salieron como un murmullo. Una súplica sin fuerza. Estaba débil, demasiado débil para luchar.
—Ya falta poco —gritó la mujer.
Ellie se aferró a ella con más fuerza para asegurarse de que era real. Sentía el calor de su cuerpo contra la mejilla. Quería refugiarse dentro de ella, donde hacía calor. Y dormir. Sí.
¿Dónde estaba? Lo sabía hacía apenas un segundo.
Tomaron una curva y subieron un poco. Aflojó el agarre y miró mejor. Se acercaban a una cabaña de troncos. Parecía de dos pisos. Las sillas del telesilla colgaban a lo lejos. Se desplomó contra ella de nuevo, incapaz de mantener la cabeza erguida.
Cabaña de troncos. Calor. Montaña.
Nada más acudió a su mente. Los ojos se le cerraron de nuevo.
¿Estaría Marco esperándola dentro?