Anatomía de una coartada 34. Camille. Después de la coartada #2
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34. Camille. Después de la coartada #2

Abre el armario del cobertizo y en unos segundos tiene en la mano una llave de la puerta de la casa.

—No muy astuto para ser un poli —murmuro.

—Esto es Corbeau, y todo el mundo sabía con quién estaba relacionado. Nadie iba a meterse en su casa.

—Excepto tú.

Él alza una ceja.

—Sí, excepto yo.

Dejo la cesta de regalo y la tarjeta sobre el felpudo de la puerta y luego sigo a Silas adentro.

Me parece terrible estar andando por la casa, sabiendo que cuando vuelva su viuda no tendrá ni idea de que hemos entrado aquí.

Nos basta con echar un vistazo en un par de habitaciones para encontrar la caja fuerte.

Es enorme. Mucho más grande de lo que imaginaba.

—Es casi tan alta como yo. —La caja fuerte para armas se alza en la esquina de un pequeño despacho, junto a un sillón reclinable que parece tener al menos veinte años de antigüedad.

—Bueno, sí. Está pensada para guardar media docena de rifles de caza.

Papá tiene una habitación entera reforzada para estas cosas, así que yo nunca había visto una caja fuerte de este tipo. Me da la sensación de estar acercándome a una bomba que hay que desactivar.

Saber que hay muchas posibilidades de que Ben fuera asesinado por lo que hay detrás de esa puerta me revuelve el estómago.

Y me aterroriza.

Silas extrae el mecanismo circular donde se halla la cerradura digital y lo deja colgando de los cables rojo y azul que la alimentan. Debajo hay un pequeño ojo de cerradura.

—Esta es la alternativa por si falla el sistema eléctrico —dice, sacando la llave de repuesto e introduciéndola en el orificio. Ambos contenemos el aliento cuando la gira en la cerradura. Suena un clic y entonces Silas hace girar la rueda y oímos cómo se descorren los cerrojos.

Inspirando hondo, abre la puerta.

Está completamente vacía.

No hay ni un solo objeto ahí dentro.

Cuando me dispongo a decir algo, ambos oímos un ruido procedente de la parte delantera de la casa.

Apenas hemos tenido tiempo para girarnos en redondo cuando alguien entra bruscamente en la habitación.

Silas me sitúa de un empujón detrás de él, emparedándome entre su espalda y la puerta abierta de la caja fuerte.

—¿Qué coño estás haciendo aquí? —grita.

Con el corazón a cien por hora, me asomo desde detrás y veo al tipo que siempre parece estar junto a Aubrey Price. Su compañero Deacon.

—Me imagino que lo mismo que vosotros —dice él.

Y entonces observo que ambos llevan pistola y que se apuntan mutuamente. No tenía ni idea de que Silas llevara un arma encima.

Los dos se quedan mirando un buen rato mientras yo me aferro a la parte posterior de la camisa de mi hermano.

—Sé quién eres —dice Silas al fin—. Siempre andas vigilando a Aubrey Price. ¿También mataste a Ben por ella?

Atisbo por encima de su hombro para ver cómo reacciona Deacon.

Él lo mira con una sonrisita que no acierto a descifrar.

—Yo podría preguntarte lo mismo, ya que eres tú quien ha tenido problemas para mantener controlado a tu cuñado.

Aubrey aún cree que Ben fue de algún modo el responsable de la muerte de sus padres.

No puede saber que fue Silas. Ahora Ben ya está muerto.

¿Qué le pasaría a Silas si la verdad saliera a la luz?

El peligro al que se enfrentaría no sería solamente legal; me estoy dando cuenta de que también su vida podría correr peligro.

Más allá de lo que Silas hiciera, sigue siendo mi hermano y no quiero que le pase nada.

Da la impresión de que estamos en un compás de espera que no concluirá hasta que alguien salga herido, pero de repente Deacon baja la mano y deja la pistola junto a su cadera.

—A juzgar por esa caja fuerte vacía que tienes detrás, parece que los dos llegamos tarde, o quizá es que nunca estuvo aquí lo que buscamos.

Silas tensa los hombros, pero no baja la pistola.

—A menos que me digas cómo es que estás aquí, esto no va a acabar bien para ti.

—Trabajo para Chris Ricci. ¿Lo conoces?

Por el respingo que da Silas, nos queda claro a ambos que sí.

—Bien —dice Deacon, sonriendo. Luego hace un gesto con la cabeza hacia la parte delantera de la casa—. Tengo a uno de los míos afuera. Si yo no salgo, esto tampoco terminará bien para ti. Pero estoy dispuesto a hablar en cuanto apartes esa pistola de mi cara.

Silas titubea unos segundos y baja el arma.

—Empieza a hablar.

—Ben confió en el tipo equivocado. Contrató a un investigador privado para que le ayudara a conseguir la llave de esa caja fuerte. Y resulta que ese tipo le debe a Chris un jodido montón de pasta. ¿A quién crees que fue leal?

Cuando yo estuve observando a Ben, me quedó claro que sus planes para aquel día iban más allá de lo que nosotros habíamos previsto. No debería sorprenderme descubrir que Aubrey sabía más de lo que me había hecho creer, pero aun así me quedo sin aliento.

—De acuerdo. Pero ¿cómo cojones sabías que nosotros estaríamos aquí ahora? Hoy.

Él se encoge de hombros.

—Digamos que, cuando tuvimos acceso al coche de Camille, aprovechamos la ocasión.

Silas suelta una maldición y yo me inclino y le pregunto en voz baja:

—¿Qué quiere decir?

—Que pusieron un rastreador en tu coche cuando Aubrey lo estuvo conduciendo por ahí.

Deacon nos resume el plan B que han seguido. Él pensaba presentarse aquí la semana pasada para sorprender a Ben, pero obviamente Ben no llegó a venir. Y desde entonces ha estado vigilando mi coche.

—Ben se tomó muchas molestias para conseguir la llave de una caja fuerte vacía —dice Silas.

—Y ahora ¿qué? —pregunto yo.

—Mi plan —dice Deacon— es salir de aquí y explicarle a Aubrey que esa prueba no estaba en la caja fuerte. —Y dicho esto, da media vuelta y sale de la habitación.

Silas y yo nos quedamos inmóviles, mirando el umbral ahora vacío.

—Maldita sea —masculla Silas, relajándose un poco cuando oye cómo se cierra la puerta principal.

—Esto significa que papá está equivocado. Si Foster le hubiera enviado la prueba a Aubrey, Deacon no habría venido a buscarla.

Silas apoya la espalda en la caja fuerte y cierra los ojos.

—Si no está aquí, ¿dónde cojones está?