24. Hank. Después de la coartada #2
La mayoría de los presentes son amigos y conocidos de Ben y Camille que proceden de Baton Rouge, pero un número considerable son de Corbeau.
A juzgar por los retazos de conversación que escucho a medida que avanza la cola, la gente de la ciudad natal de ambos se divide en dos categorías muy distintas: los relacionados con Ben y los relacionados con Camille.
Resulta interesante observar las diferencias y es difícil no advertir que los dos grupos no interactúan.
Y luego está el grupo de clientes pasados y actuales, que tienen que presentarse a sí mismos.
Yo llevo los dos últimos días estudiando la agenda y los expedientes de Ben, con lo que me resulta más fácil reconocer sus nombres.
Ellos pasan rápidamente de un familiar a otro porque nadie quiere entretenerse hablando con un montón de presuntos criminales.
Pero lo más fascinante es observar cómo Margaret Everett intenta una y otra vez cuidar de Camille y cómo ella la rechaza abiertamente en cada ocasión.
Margaret se ha ofrecido a llevarle algo de beber, algo de comida, le ha sugerido que se tome un descanso e incluso, en un momento dado, ha intentado quedarse a su lado, hasta que Camille se ha acercado aún más a la hermana de Ben, haciendo que esta quedara entre ambas.
Es evidente que hay un problema entre ellas. Los padres de Camille no parecen advertirlo, pero Silas está pendiente de lo que sucede y observa cada movimiento. También es interesante ver que Margaret iguala a Camille en su llanto, lágrima por lágrima.
Se me ha quedado el trasero entumecido sobre esta silla metálica, pero como todavía hay muchos de nuestros clientes sirviéndose ponche y pastel prefiero permanecer en mi escondite.
Las conversaciones del tipo «¿Qué hay de mi caso?
» son otra de las cosas que estoy procurando evitar.
Con suerte, la cola terminará pronto y entonces podré salir de aquí.
Cuando ya llevamos media hora, Camille se vuelve para mirarme.
Yo no estaba seguro de que ella supiera que estaba aquí sentado, pero evidentemente sí lo sabía.
Me mira con lo que supongo que es una expresión suplicante y luego se vuelve hacia la mujer que tiene delante.
Yo me lo tomo como un grito de ayuda, porque la cola todavía se extiende más allá de la puerta.
Recuerdo la conversación que mantuvimos ayer por teléfono; parece que ya ha recibido todos los pésames que es capaz de soportar.
Me levanto, me acerco por detrás y, alzando la voz lo suficiente para que los demás familiares me oigan, le digo:
—Perdona la interrupción, pero hay varios empleados que quieren hablar contigo un momento y decirte lo apenados que están.
La madre de Ben le da un apretón en el brazo.
—Ay, Camille, qué amabilidad de su parte que hayan venido. Tienes que ir a hablar con ellos.
A ella le basta con este permiso para apartarse de la fila y pegarse a mi lado. Le pongo una mano en la espalda y la llevo hasta el otro extremo del salón, donde ya he localizado una salida discreta hacia el aparcamiento.
—Gracias —musita mientras abro la puerta.
El sol casi se ha puesto, dejando un cielo de tonos anaranjados, rosados y amarillos. Aunque ya no las necesita, Camille no se quita las gafas de sol.
—Tendrías que haberme hecho una seña antes. No tienes por qué saludar a todas y cada una de las personas que han venido.
Ella suelta una risa exasperada.
—Mi madre no estaría de acuerdo contigo.
Estamos apoyados en una pared lateral de la iglesia. El aparcamiento está lleno de coches, pero completamente desierto.
—Parece que no eres una gran fan de la esposa de tu hermano. —No sé muy bien por qué saco eso a colación, salvo porque la curiosidad me puede.
Camille ladea la cabeza.
—¿Tan evidente es?
Yo esbozo una sonrisa.
—Seguramente solo para mí, porque yo tenía un asiento de primera fila.
Ella mira para otro lado y apoya la cabeza en la pared con expresión derrotada.
—A Margaret le encanta ser el centro de atención, y el papel de cuñada afligida le proporciona una dosis de protagonismo. Pero la verdad es que toda mi familia es un completo desastre. Por eso, cuando Ben me propuso que nos casáramos, yo le hice prometerme que nos distanciaríamos de ellos.
Nosotros dos hemos mantenido un montón de conversaciones a lo largo de los años, pero nunca hemos hablado de su familia. Y por lo que he descubierto, ahora sé que Ben no solo no se había distanciado de Randall, sino que al parecer Randall fue el responsable de gran parte de su éxito.
—Deduzco que él no cumplió su promesa, ¿no?
—Al principio, cuando nos casamos, mantuvimos cierta distancia. O eso creía yo. Papá sabe cómo atraparte en sus garras. Averiguando tus debilidades, explotándolas. Y averiguó las de Ben hace años.
Nos quedamos callados un buen rato.
—¿Tú sabes por qué Ben quería disolver nuestra sociedad? —le pregunto finalmente.
Ella no me mira al responder.
—Yo ya no pretendo saber nada sobre Ben.
Se abre la puerta y ambos damos un respingo. Es su madre.
—Camille, tu padre quiere presentarte a alguien.
Por un momento creo que Camille va a decirle a su madre que ya está harta y que no va a volver adentro, pero al final acaba cediendo. Yo la sigo, aunque solo sea para aprovechar la primera ocasión para volver a llevármela.
Ahora la colocan firmemente en su sitio, entre su madre y su padre. Y yo me siento de nuevo en la silla de antes.
Paso unos minutos revisando correos y actualizando la nota compartida con Lila, aunque sin quitar ojo a la fila.
Camille da un paso atrás de repente, como si algo la hubiera sobresaltado. Yo miro en derredor, pero nada me llama la atención. Su reacción, en todo caso, ha sido lo bastante chocante como para que no solo haya llamado mi atención, porque su madre se gira y le pregunta si se encuentra bien.
—Sí, sí, estoy bien. Es que no he comido nada y me he mareado un poco. Creo que voy a refrescarme un momento. Enseguida vuelvo.
Dicho esto, se aleja de la fila hacia el baño. Yo me pongo de pie para seguirla con la vista, y quizá también para coger algo de comer, cuando diviso a otra mujer que me resulta conocida. Tardo un momento en situarla.
Y al fin caigo en la cuenta, es Aubrey Price. La reconozco por las fotos de la carpeta de Ben.
Ha entrado por una de las puertas laterales y está mirando cómo atraviesa Camille el salón.
Antes de cruzar la puerta del baño, Camille echa un vistazo en dirección a Aubrey. Y Aubrey se dirige también hacia allí.
Justo cuando decido cortarle el paso y averiguar qué está haciendo aquí, alguien me llama. Me vuelvo y suelto un gemido por lo bajini al ver que es uno de los clientes de Ben.
—Señor Landry, me alegro de haberle encontrado. ¿Puedo preguntarle por mi caso?
—Sí, claro. Pero ¿me da un minuto antes para comprobar una cosa?
—Ah, por supuesto. Le espero aquí.
Y en ese breve lapso, tanto Camille como Aubrey han desaparecido tras la puerta del baño.
¿Qué demonios significa esto?