Anatomía de una coartada 22. Hank. Después de la coartada
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22. Hank. Después de la coartada

Hank

DESPUÉS DE LA COARTADA

L a visita de Pete Sanders me ha dejado con una rabia larvada que amenaza con entrar en ebullición. Han pasado tres días desde que fue encontrado el cadáver de Ben, y da la impresión de que todo aquello por lo que tanto he trabajado se está desmoronando a mi alrededor.

Uno de los asistentes jurídicos, Scott, es con diferencia uno de los mejores investigadores que he conocido. Es capaz de encontrar una aguja en un pajar en un tiempo récord. Así que lo he sacado de su cubículo y lo he instalado en la mesa de mi oficina.

Ya estoy harto de ir siempre por detrás de los acontecimientos.

Llevamos un par de horas trabajando y él ya ha conseguido toda la documentación sobre el caso Paul Granger, incluida la transcripción de su juicio, así como información sobre Aubrey Price y los dos tipos que regentan la empresa que restauró el Mustang, Shane Phillips y Eddie Reynolds.

Shane y Eddie han trabajado durante la última década como mecánicos en varios talleres de reparación de la ciudad.

Crearon una empresa de restauración de coches deportivos antiguos poco después de mudarse a la casa que comparten con Aubrey Price.

Un post reciente colgado en redes sociales los mostraba celebrando un aniversario romántico, así que son pareja además de socios.

Shane fue detenido por robo de coches cuando tenía veinte años y cumplió una pena de seis meses.

Eddie nunca ha infringido la ley ni ha sido detenido.

A estas alturas ni siquiera me sorprende el modo en el que están todos conectados.

Ahora estamos entrando en los detalles del caso de Paul.

Cuando lo examiné por primera vez, leí el resumen elaborado por un grupo de abogados que presta servicio legal gratuito, y eso me bastó para creer que tenía muchas posibilidades de ganar la apelación de su caso.

No había pruebas forenses ni testigos oculares que hubieran visto a Paul conduciendo la camioneta aquella noche.

El fiscal argumentó que los chicos que habían estado de fiesta en su casa se habían ido una hora antes del accidente, lo cual significaba que ninguno de ellos vio a Paul salir de su casa con la camioneta.

Da la impresión de que, en cuanto la policía averiguó que él era el propietario, ya no hubo motivo para contemplar la posibilidad de que él no fuera el conductor.

En conjunto, fue una investigación chapucera y negligente, aunque más bien previsible en el caso de un departamento de policía que apenas tiene experiencia en casos como este.

Pero ahora nosotros estamos indagando a fondo.

—Scott, saca el informe de la detención y hazme un resumen.

Él teclea unos momentos.

—Paul Joseph Granger. Varón blanco, treinta años.

Detenido en su domicilio en el 742 de Oak Street, Corbeau, Luisiana, el 8 de julio de 2016, a las siete y doce minutos de la mañana.

Detención efectuada por Kevin Foster. —Scott hace varios clics—.

Foster fue también el primero en llegar a la escena del accidente en Maple Road.

El informe dice que se presentó allí a la una y media de la madrugada.

Él fue asimismo quien tomó declaración a todos los testigos.

Hojeo las páginas de los expedientes que Ben tenía en el despacho de su casa.

—Había más de dos docenas de personas en casa de Paul aquella noche… ¿y un solo agente tomó todas las declaraciones?

Más clics.

—Vaya.

La perplejidad de Scott hace que me vuelva hacia él.

—¿Qué?

—Kevin Foster fue el jefe de la policía de Corbeau durante los últimos treinta años.

Me levanto y me sitúo detrás de él para ver lo que está mirando en su pantalla.

—¿Estás diciendo que el jefe de policía fue el primero en presentarse en la escena en mitad de la noche?

Scott se encoge de hombros.

—Eso es lo que dice el informe.

Noto una extraña e inquietante sensación por dentro, aunque no sé bien qué es.

—¿Alguien llamó al 911 para avisar? ¿Cómo se descubrió el accidente?

—Ninguna mención de una llamada al 911. Lo cual no significa que no se produjera. Lo único que dice aquí es la hora a la que llegó Foster.

Considerando el asunto como si yo fuera el abogado defensor de Paul Granger, Kevin Foster sería la primera persona a la que intentaría desacreditar.

Desmontaría cada declaración que él tomó, tratando de averiguar si pudo haber influido en los recuerdos de los testigos o recogido la información de forma incorrecta.

Puesto que él fue además el primer agente en presentarse, trataría de determinar si manejó de forma inadecuada alguna prueba o no siguió el procedimiento correcto al recogerla.

—¿Dices que fue el jefe de policía? ¿Ya no lo es?

—No. Se retiró hace unos meses.

Scott pasa de una página a otra demasiado deprisa para que yo pueda examinarlas antes de que desaparezcan.

—Ah, un momento. Ha muerto.

Yo me incorporo de golpe.

—¿Muerto? ¿Cuándo?

En unos segundos, Scott encuentra su obituario.

—El primero de septiembre. Cáncer de páncreas. Espera. Su cuenta de Facebook sigue activa y está abierta.

Miro como abre un post antiguo.

—Diagnosticado en diciembre del año pasado.

Ambos leemos la entrada en la que Foster explica cómo se enteró y cuál era el pronóstico.

Recorremos la página y vemos fotografías suyas en el hospital recibiendo tratamiento, así como un enlace a GoFundMe, una plataforma para recaudar fondos, y otro a una cuenta de MealTrain, un programa de entrega de comidas a personas con dificultades.

Scott encuentra una foto suya tomada en el mes de mayo en un barco de pesca. Apenas se le reconoce, comparado con las primeras imágenes.

—Madre mía, es como si hubiera envejecido diez años —comenta Scott, y tiene toda la razón.

Hay un extenso post junto a la fotografía donde explicaba que el cáncer se había expandido, que había tomado la decisión de no seguir más tratamientos y que optaba por disfrutar lo máximo posible de sus últimos días. Eso debió ser justo antes de que decidiera retirarse.

Scott sigue revisando la página y se detiene en una ilustración que Foster colgó a finales de mayo. Es una imagen de Jesús ante las puertas del cielo.

—Aquí lo tienes. Encontró a Dios. Me lo estaba esperando.

—Venga ya —digo mientras leo los comentarios.

—En serio. A mi abuelo le pasó lo mismo.

Le encontraron un bloqueo del ochenta por ciento en una arteria y, acto seguido, me entero de que estaba yendo a misa todos los días con mi abuela, pese que no lo había hecho desde hacía años.

Luego le pusieron unos stents y le dijeron que iba a vivir, y no ha vuelto a la iglesia desde entonces.

Después de la primera imagen de Jesús, Foster ya no compartía otras publicaciones que no fueran contenidos religiosos sobre la salvación, el cielo, el arrepentimiento de los pecados y las súplicas de salvación.

—Estaba muy asustado ante la muerte y la idea de ir al infierno. Me pregunto cuántos cadáveres tendría en el armario —dice Scott.

—Sí, es un poco siniestro —comento, leyendo una larga y confusa publicación en la que decía que iba a «abandonar este mundo con el corazón puro tras haber hecho borrón y cuenta nueva»—.

Vale, sigamos adelante porque no vamos a llegar a ninguna parte con Foster.

¿Quién era el abogado de oficio que asignaron a Paul?

La página de Foster desaparece y volvemos a los documentos del tribunal. Tras unos minutos, Scott dice:

—Un tipo llamado Mike Knox, pero ya no ejerce. Se trasladó a Nueva Orleans hace unos cinco años.

—¿Y el juez del caso?

Más clics.

—El juez Landis. Retirado.

Me incorporo y voy al otro extremo de la mesa.

—¿Quieres repasar las declaraciones de los testigos y hacer una lista de todas las personas con las que habló la policía y otra lista de los que estaban de fiesta en casa de Paul aquella noche?

Scott asiente.

—Me pongo a ello.

Yo vuelvo a examinar la carpeta que Ben tenía sobre Aubrey Price y Paul Granger. No puedo evitar la sensación de que se me escapa algo.

Al releer una de las notas de Ben, me detengo de golpe: «El Jefe. Angola, 6 de junio».

El Jefe.

Kevin Foster era el jefe de policía de Corbeau.

Cada uno de los expedientes que Ben tenía en casa o en su maletín hace alguna referencia a ese nombre.

Son precisamente los expedientes que reflejan el tipo de conducta que podría haberle costado su licencia como abogado.

Yo quería averiguar quién podía estar ayudando a Ben y ahora Kevin Foster se ha situado en lo alto de la lista.

Pero ¿por qué anotó Ben en el expediente de Paul que Foster había ido a Angola?

Vuelvo a pensar en los posts de Foster en las redes sociales y en el comentario de Scott, según el cual el jefe de policía «estaba muy asustado ante la muerte y la idea de ir al infierno».

¿Acaso la visita de Foster estaba relacionada con el arrepentimiento por sus pecados y el deseo de ser perdonado? ¿Fue allí para pedirle perdón a Paul?

Reviso el resto de las notas de la carpeta sobre Aubrey dando por supuesto que el Jefe es Foster, y todas cobran un sentido totalmente distinto.

Luego echo un vistazo a la docena de carpetas que Ben guardaba en su casa, todos esos duplicados que muestran que contaba con ayuda para falsificar pruebas e intimidar a testigos. Toda esa ayuda procedía del Jefe.

Foster estaba en Corbeau, así que tiene sentido que él hubiera podido encubrir un delito cometido allí. En Baton Rouge, sin embargo, no tenía la misma influencia. Así pues, ¿quién ayudaba a Ben en los casos de aquí?

Vuelvo a abrir el expediente de Pete Sanders y lo hojeo rápido hasta encontrar una lista de nombres que Ben empezó en el margen de una página, junto a una entrada especialmente reveladora sobre una de las personas que se habían presentado para testificar contra Pete.

El Jefe figura en lo alto y luego hay una flecha que apunta a otra docena de nombres; algunos los conozco y otros no. Todos han sido tachados.

Los nombres que conozco son de personas de Baton Rouge que ocupan posiciones muy diversas: otros abogados, un juez, un par de investigadores privados, un puñado de tipos que la oficina del fiscal ha tratado de atrapar durante años por diferentes delitos.

Releo la lista tres veces hasta que lo comprendo.

Lógicamente, una vez que Foster se retiró y descubrió a Dios, ya no podía seguir siendo útil como antes. Así pues, Ben estaba intentando averiguar a quién recurría Foster cuando tenía que resolver algo fuera de Corbeau.

Vuelvo a la carpeta sobre Aubrey. «El Jefe. Angola, 6 de junio».

¿Y si Paul Granger no era el único al que Foster sentía que debía pedir perdón?

¿Cuántas de las personas que aparecen en estos expedientes estaban luchando para salvar el culo ante la posibilidad de que Foster se arrepintiera de sus pecados y la verdad saliera a la luz?

¿De qué magnitud habría sido el problema para Ben en ese caso?

Enorme.

Como para acabar con su carrera.

¿Incluso para acabar con su vida? ¿Podría ser ese el motivo de que lo mataran?

Hay algo que todavía se me escapa, pero ahora mi lista de quién podría haberlo matado y por qué se reduce al grupo de expedientes de esta mesa.

—Scott, ¿hay algún modo de saber quién fue el mayor donante en la campaña de elección de Foster? —Estoy bastante seguro de cuál es la respuesta, pero no quiero sacar conclusiones precipitadas.

—Claro. Dame un minuto.

Mientras espero a que él encuentre ese dato, releo los documentos de los demás expedientes, tomando nota cada vez que mencionan al Jefe.

—Vale. Foster se presentó sin oposición a sus tres últimas elecciones, pero, aun así, siguió aceptando donaciones. —Se inclina sobre la pantalla—. Guau. Para tratarse del puesto de jefe de policía en una ciudad del tamaño de Corbeau, recibió algunas bastante cuantiosas.

Ya, seguro que sí.

Scott se echa hacia atrás y me mira con expresión preocupada.

—Sea lo que sea, no te apures. Dímelo.

Él asiente y vuelve a mirar la pantalla.

—El mayor donante es Randall Everett. Y el siguiente, el señor Bayliss.