Anatomía de una coartada 19. Aubrey. La coartada #2
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19. Aubrey. La coartada #2

—No debería haber hecho eso. Después de que yo le explicara que había una nueva prueba, mamá contactó con ese grupo que nos ayuda a presentar una apelación.

Yo pensé que un abogado me guardaría el secreto, así que me pareció bien.

Pero no sabía que ella iba a hacerlo público así.

—Se pasa una mano por la cara—. Mierda. Seguramente por eso…

ese tipo… no ha vuelto a aparecer. Probablemente está cabreado conmigo por contárselo a mamá.

Me echo atrás en la silla. Ay, Dios. Paul no lo sabe. Kevin Foster murió hace más de un mes.

—He de irme. Me pondré en contacto contigo si descubro algo. —No puedo ser yo quien le diga que Foster está muerto.

Se le demuda el rostro.

—¿Ya te vas? Yo dispongo de hasta dos horas para cada visita.

—Lo siento. No puedo quedarme más tiempo.

Él se saca algo del bolsillo y lo desliza por encima de la mesa. Es un punto de libro hecho en cuero.

—Gracias por venir a verme.

Yo no lo toco y miro a los guardias. Una de las normas era muy clara: no pueden intercambiarse objetos entre los visitantes y los reclusos.

Paul debe percibir mi inquietud porque dice:

—Tranquila. Me han dado permiso para traerte esto. Como lo he hecho aquí, en el taller, puedo regalárselo a quien yo quiera.

Este punto de libro hecho a mano no es lo único que he recibido de él. En las cartas que me ha enviado siempre incluía alguna cosa.

Cojo el punto de libro, me levanto y me alejo rápidamente hacia la salida. Hay todo un proceso para salir, al igual que lo había para entrar.

Por fin estoy en el autobús que se dirige a la entrada.

Ha sido mucho más duro de lo que esperaba.

Quizá no haya sacado todas las respuestas que buscaba, pero al menos ahora sé en qué consiste esa prueba que anda por ahí.

Durante diez años he creído que Paul era el responsable de la muerte de mis padres, pero ahora ya no estoy tan segura.

Deacon está esperándome fuera cuando salgo por la entrada de visitantes. Me da un abrazo mientras yo parpadeo para contener las lágrimas.

—¿Estás bien?

Asiento sobre su pecho.

—Vale. Salgamos de aquí.

Me lleva al coche y enseguida estamos otra vez en la carretera de Saint Francisville. Bajo la visera de mi lado y empiezo a alisarme el pelo para volver a ponerme la gorra y la peluca. Le cuento lo que he averiguado.

—Es un vídeo de una cámara de vigilancia de una gasolinera.

—¿Y se ve claramente al conductor?

Me encojo de hombros.

—Él me lo ha presentado como si fuera así, pero estoy segura de que en realidad no lo ha visto. Además, Foster no le dijo quién conducía la camioneta. Y Paul tampoco sabe que Foster ha muerto.

Deacon baja la radio y se arrellana en su asiento.

—Lo que tenemos más a nuestro favor es que nadie sabe que nosotros estamos enterados de lo que Foster guardaba en su caja fuerte, así que es mejor que Paul no sepa que está muerto. El miedo a cabrear a Foster es lo único que hace que se mantenga callado.

—Sí, supongo que tienes razón.

—He recibido un mensaje de Shane mientras tú estabas allí. Han conseguido colocar el rastreador en el Range Rover de Ben. O sea que tanto si coge ese coche como el Mustang para ir a casa de Foster, lo sabremos.

Me vuelvo a colocar bien la peluca con la ayuda del espejito y luego cierro la visera.

—Vale, perfecto.

Pero Ben no será el único que se presente en la casa de Foster. Deacon tiene planeado ir allí también.

—¿Y si no va esta noche, como nosotros creemos? —pregunto, volviéndome hacia él.

—Plan B. Nosotros sabemos que tiene la llave y, gracias a Shane y Eddie, podemos entrar en su casa. Si no va esta noche, entraremos para cogerle la llave y abrir la caja nosotros mismos.

Espero que la cosa no llegue a ese punto.

El trayecto hasta Angola me ha parecido interminable, pero ahora recorremos el camino de vuelta a Saint Francisville en un abrir y cerrar de ojos.

Ya estamos otra vez en la tienda de piensos.

Deacon se detiene en el mismo rincón del aparcamiento donde todos nos hemos reunido antes y pone el coche en punto muerto.

—Le he enviado un mensaje a Serenity cuando hemos salido de Angola, así que debería aparecer en cualquier momento —dice—. ¿Tú vas a estar bien aquí durante el resto del día?

—Sí, será muy fácil. Solo debo seguir el resto del programa que ella me ha diseñado.

—No vaciles en largarte, si es necesario. No te metas en apuros por ella.

Le doy un apretón en el brazo.

—A mí me preocupas tú. ¿Y si las cosas no salen como esperas cuando Ben vaya a casa de Foster?

Deacon me dirige una gran sonrisa.

—No te preocupes por mí. Esto no es más que un trabajillo de sábado por la noche.

—Lo cual no hace que me sienta mejor.

Él se inclina hacia mí.

—En serio, no te preocupes. Ben no se esperará que yo aparezca. Vamos a sorprenderlo y a quitarle lo que lleve encima. Y luego nos largaremos.

En ese momento llega Serenity, lo que pone fin a la discusión. Me bajo del coche y la espero junto al capó.

—¿Todo bien? —pregunto.

—Sí, todo bien. —Me da un abrazo y me susurra—: Cuídate. Nos vemos luego en casa.

Me siento al volante del coche de Camille y miro cómo se alejan. Echando un vistazo al reloj, calculo cuánto falta para reunirme con ella. Son las cuatro de la tarde, así que solo me quedan ocho horas. No es más que un turno en el bar.

Me pongo en marcha y paro en la primera boutique que veo. Ha llegado el momento de gastar un poco.