Anatomía de una coartada 15. Aubrey. Antes de la coartada
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15. Aubrey. Antes de la coartada

Aubrey

ANTES DE LA COARTADA

S uena un ligero golpe en mi puerta que me sobresalta. Me tranquilizo al darme cuenta de que debe de ser uno de mis compañeros, puesto que ha sonado en la puerta que lleva a la parte interior de la casa.

—Adelante —digo, porque raramente cierro esa puerta con llave.

Deacon asoma la cabeza.

—Eh, ¿te he despertado?

Me incorporo en la cama tapándome con la colcha, porque llevo una camiseta que no oculta gran cosa.

—No, aún estoy despierta. ¿Qué ocurre?

No es infrecuente que Deacon se presente en mi habitación, pero, como casi es medianoche, me da la sensación de que ha pasado algo.

Le señalo el borde de la cama, que es el único sitio donde puede sentarse en mi diminuto cuarto.

—Chris ha investigado a ese abogado, Ben Bayliss. El tipo es de lo más corrupto.

Eso me despierta del todo. Yo me he estado debatiendo sobre lo que debería hacer respecto a Camille Bayliss y lo que me dijo en el bar la semana pasada.

Quería presentarme en su casa para exigir una explicación, pero Deacon me aconsejó que esperase.

Que le dejara investigar un poco primero.

No me cabe duda de que, si Ben Bayliss estuviera metido en asuntos sucios en esta ciudad, el primo de Deacon, Chris, lo sabría.

—¿Qué has averiguado?

—Tiene a un par de jueces en el bolsillo. También a un senador estatal. Según algunos rumores creíbles, intimida y chantajea a testigos para que se retracten de su testimonio contra sus clientes antes del juicio.

—Buf. Entonces ¿crees que su interés en mí está relacionado con Paul?

—Paul Granger me ha enviado varias cartas durante los dos últimos meses, diciéndome que está intentando que se reabra su caso porque hay nuevas pruebas que demostrarán que era otro quien conducía la camioneta que mató a mis padres.

No sé si eso será cierto, pero la sola idea de que el asesino de mis padres ande suelto por ahí me ha afectado enormemente.

Así que cuando Camille me dijo que ese abogado defensor de altos vuelos con el que está casada tenía mis datos personales, lo primero que pensé fue que él se había hecho cargo del caso de Paul.

Deacon asiente.

—Sí. He preguntado por ahí y he encontrado al detective privado con el que trabaja Ben. Un tipo llamado Vic. Es otro pedazo de mierda, muy turbio también. Y, además, tiene una tremenda adicción al juego. Hasta hace poco, Vic le debía a su corredor de apuestas una suma considerable.

Me quedo desconcertada.

—¿Debía? ¿Acabó pagando?

—Él, no. Nosotros.

Me echo hacia delante.

—Un momento. ¿Eso qué significa?

—Chris asumió la deuda que Vic tenía con el corredor de apuestas, de manera que ahora él debe tratar con nosotros. Y nosotros le hicimos una oferta. Si nos contaba qué se trae Ben entre manos y por qué está interesado en ti, quedaría libre de su deuda.

Esto no es para nada lo que me esperaba.

—¿Por qué ha accedido Chris a hacer algo así?

Deacon se encoge de hombros.

—Chris puede ser un hijo de puta muy duro, pero nosotros somos como una familia. Y yo le dije lo importante que era esto para mí.

Sus palabras descienden sobre mí como un cálido manto. Hace mucho que nadie se preocupaba por mí como para hacerme un favor semejante.

—¿Y el detective accedió? —Esto es increíble. Ahora podemos dejar de especular y conseguir respuestas de verdad.

—Le faltó tiempo para empezar a hablar.

Lo miro boquiabierta.

—Ay, Dios. ¿Qué dijo?

Deacon se inclina hacia mí.

—Paul contactó con uno de esos grupos que ayudan a los presos a apelar las sentencias. Y su caso acabó de algún modo en la mesa del socio de Ben. Un tipo llamado Hank Landry.

—Entonces ¿el socio de Ben va a asumir el caso?

Él menea la cabeza.

—No. Según Vic, Ben se puso como loco cuando Hank le habló del asunto. Y dejó bien claro que nadie de su bufete iba a asumir ese caso.

Levanto la mano.

—Espera, no te sigo. ¿Por qué le importa a Ben que Paul presente una apelación?

Deacon se encoge de hombros.

—Vic dijo que Ben solo le explica lo que quiere, no por qué lo quiere. Y que lo ha contratado para que descubra cuál es y dónde está esa nueva prueba que Paul dice tener. Según Vic, la quiere encontrar «a cualquier precio».

Retuerzo la colcha entre las manos.

—Deduzco que aún no la ha encontrado.

—No. Pero algo cambió hace un par de semanas. Vic sospecha que Ben ha encontrado algunos datos por su cuenta, pero dice que no se los ha revelado a él. En todo caso, ha prometido que intentará sacarle más información.

Meneando la cabeza, sujeto a Deacon del brazo.

—No, ni hablar. ¿Y si el tipo le cuenta a Ben que sabemos lo que está haciendo y viene a por ti?

Deacon se echa a reír.

—Vic le tiene más miedo a Chris que a Ben. Y más le vale que sea así. Además, la cantidad que le debe a Chris es bastante superior a lo que Ben está pagándole. Los tipos como él solo son leales a la pasta.

Aparto la mano de su brazo y me la paso por el pelo.

—Pero no entiendo qué tengo yo que ver con todo esto.

Sus hombros descienden ligeramente.

—Tampoco saqué una respuesta clara sobre eso.

Ben quería información sobre ti, pero no dijo por qué.

Probablemente se enteró de que Shane y Eddie vivían aquí y pensó que, si los contrataba para restaurar ese Mustang, tendría acceso a la casa.

Pero no sé para qué quería eso. Es otra de las cosas que le he dicho a Vic que averigüe.

Me abrazo la cintura.

—¿Tú qué crees que está pasando? ¿Qué significa todo esto?

Deacon se muerde el labio mientras reflexiona.

—Bueno, es solo una conjetura… Pero, qué demonios, te la voy a explicar.

Ben quiere apoderarse «a cualquier precio» de una prueba que demostraría que Paul Granger era inocente.

Pero no parece que pretenda utilizarla para ayudar a Paul.

Así que la única explicación lógica de su actitud sería que, si esa prueba saliera a la luz, podría utilizarse de algún modo contra él.

No lo sé, la verdad, pero la mayoría de la gente que actúa a la desesperada, que es lo que parece en este caso, lo hace porque está aterrorizada o porque tiene algo muy importante que perder.

Es una argumentación muy sólida.

—Me revienta haberte metido en este lío…

Aunque él da muy bien el pego como matón peligroso, yo le he visto un lado que no serviría en absoluto para eso.

Deacon no solo se presenta en la Doug’s Tavern la mayoría de las noches para llevarme a casa; resulta que me he encontrado cápsulas de detergente para la ropa en mi caja casi vacía que son de la misma marca que él utiliza, y también he descubierto que alguien había repuesto comida en mi armario en múltiples ocasiones.

Incluso ahora, en esta situación, no ha vacilado en ayudarme.

—Ya basta. Tú no me has metido en ningún lío. De hecho, ha sido Ben Bayliss el que nos ha metido a todos en esto. Acosándote a ti, comprando ese Mustang y contratando a Shane y Eddie para restaurarlo.

Me dejo caer sobre el cabecero de la cama sin poder contener las lágrimas.

Yo tenía dieciséis años cuando mataron a mis padres.

Todo el mundo pensaba entonces que lo mejor era ahorrarme los detalles.

Lo único que me dijeron fue que el canalla que había embestido el coche de mis padres estaba detenido e iba a pasar el resto de su vida en la cárcel.

No fue hasta que me gradué de secundaria cuando empecé a indagar sobre lo que había sucedido aquella noche.

Busqué los detalles del accidente, pero lo que encontré me dejó con más preguntas que respuestas.

Dos años más tarde, fui a hablar con el detective que llevó el caso, y él tuvo la amabilidad de explicármelo todo.

La acusación contra Paul, sin embargo, parecía bastante endeble incluso para una neófita como yo.

Volví al cabo de unas semanas armada con un montón de preguntas, pero él no me hizo ningún caso.

Me dijo que yo era demasiado joven, que debía confiar en ellos, convencerme de que habían atrapado al tipo que lo hizo y alegrarme de que ya no pudiera hacerle daño a nadie más.

Por esa misma época, mis tíos decidieron que había llegado el momento de que me fuera de su casa. Ellos me habían acogido después de la muerte de mis padres, pero, en cuanto me gradué en secundaria y cumplí los dieciocho, consideraron que su obligación para conmigo había concluido.

El deseo de llegar al fondo de lo ocurrido en aquella carretera oscura pasó a segundo plano ante la necesidad de sobrevivir.

El poco dinero que habían dejado mis padres ya se había agotado.

Mis tíos lo utilizaron supuestamente para «criarme», aunque estoy segura de que sirvió también para pagar otras cosas, como el nuevo bote de pesca de mi tío o los tratamientos estéticos a los que de tanto en tanto se sometía mi tía.

Mientras la mayoría de mis amigos entraba en la universidad, yo empecé a trabajar.

Bastante duro era encontrar el modo de ganar el dinero suficiente para vivir, así que ni siquiera consideré la posibilidad de seguir estudiando.

Y resulta muy fácil adaptarse a una vida rutinaria, sobre todo cuando solo ganas lo justo para seguir adelante.

Y entonces Paul empezó a mandarme cartas y Camille vino al bar.

—¿Tú crees que Ben estuvo implicado con Paul aquella noche y que por eso está esforzándose tanto para conseguir esa prueba?

Deacon se encoge de hombros.

—Es lo que me parece más probable. Hace diez años, él tenía veinte y no mucho que perder. Ahora está en una posición muy distinta.

—Como llegue a encontrarla, suponiendo que esa prueba lo implique de algún modo, la hará desaparecer para siempre. —Me revienta la idea de que alguien que jugó un papel en la muerte de mis padres no vaya a responder al final de sus actos.

Deacon me aprieta el pie a través de la colcha.

—Ey, calma. Nosotros vamos a resolverlo. Vamos a dejar que Vic nos consiga más información y luego idearemos un plan. Aunque es posible que tengamos que ser un poco creativos.