13. Camille. Antes de la coartada
Camille
ANTES DE LA COARTADA
C amille, ¿seguro que estás bien? —me pregunta Ben por tercera vez esta noche.
Asiento con una sonrisa y procuro relajarme, aunque he estado en tensión desde mi conversación con Aubrey Price de hace unos días en aquel bar. Casi esperaba que se presentara en nuestra casa y exigiera hablar con Ben, pero por ahora no se ha puesto en contacto con él…, que yo sepa.
Me da la sensación de que Aubrey es una bomba de relojería a punto de explotar.
La culpa es mía, de todos modos. La hipótesis más sencilla era que Ben tuviera una aventura. Cuando encontré aquella servilleta, no contemplé ninguna otra posibilidad. Fue un error por mi parte presentarme en el bar, convencida de que sabía lo que estaba pasando.
Ben me pasa el brazo por la cintura y me atrae hacia sí mientras nos abrimos paso en el salón abarrotado.
Mi vestido de gasa de color limón combina con todos los demás matices del amarillo que llevan las mujeres en esta gala de recaudación de fondos para la Fundación Tarver Braddock.
De todos los eventos de beneficencia a los que Ben me arrastra, este es el único que realmente tengo ganas de apoyar.
Su principal objetivo es hacer felices a personas desconocidas mediante buenas obras de todo tipo, en memoria del joven cuyo nombre lleva la fundación, que falleció en un incendio no provocado hace unos cuantos años.
En los vídeos que cuelgan en las redes sociales, la inocente alegría que provocan cuando sorprenden a un niño con una beca o pagan las compras de una persona desprevenida justo antes de unas vacaciones resulta contagiosa.
—¡Camille! ¡Ben!
Ambos nos volvemos. Son nuestros amigos Phoebe y Wesley Heights. Phoebe se acerca y me abraza mientras Ben y Wesley se dan la mano.
—¡Estás impresionante! —me dice Phoebe al separarse.
—¡Tú también! ¡Me encanta este vestido!
Phoebe se cuelga de mi brazo y me susurra al oído:
—Sálvame de mi mesa. Son todos amigos del trabajo de Wesley, y al parecer dos de las esposas se odian. ¡Es tremendamente incómodo!
—¡No creo que la nuestra sea mucho mejor! Le dije a Riley que se sentara con nosotros, prometiéndole que le presentaría a Hank. ¡Y ya sabes cómo le gusta a él que lo meta en esa clase de encerronas!
Ella se echa a reír, porque Hank me ha dejado bien claro que no le gustan en absoluto.
Phoebe me cae bien. No la conozco desde hace mucho tiempo, pero cada vez que nos vemos pasamos un buen rato.
Con los años, me he ido alejando de mis amigas de la secundaria y la universidad.
Mi círculo íntimo está compuesto ahora por mujeres a las que conozco porque sus maridos son amigos de Ben.
Esto se debe en parte a que él es mucho más sociable que yo y siempre está organizando planes para los dos.
Pero también se explica, por otra parte, porque a Ben no le gustaban demasiado mis antiguas amigas y ellas tampoco estaban encantadas con él, así que parecía más sencillo no obligarlos a frecuentarse mutuamente.
Charlamos unos minutos y luego Wesley se la lleva para presentarle a otra pareja.
Ben vuelve a estar a mi lado y me guía hacia nuestra mesa, pero se detiene de repente en mitad del salón.
—Hemos de hablar con tu familia, así que adelantémonos y terminemos con ello de una vez. —Me arrastra en otra dirección y vamos a donde están sentados mis padres con mi hermano, Silas, y mi cuñada, Margaret.
Ben se pone su máscara a la perfección mientras nos aproximamos a la mesa.
Mis sentimientos son un poco más difíciles de ocultar.
Ben se pasará la noche tratando de impresionar a mi padre, mientras que papá lanzará dardos certeros en mi dirección, desdeñando mis actividades en las redes como una pérdida de tiempo y exigiendo que los hagamos abuelos de una vez.
Ocupo la silla vacía junto a Margaret, dejándole a Ben la que está más cerca de mis padres.
—Ah, me encanta cómo te sienta ese color. El amarillo puede ser muy difícil de llevar. ¿Has visto el vestido monstruoso de la señora Weston? Parece una mazorca de maíz.
—Aún no me la he tropezado —digo, riendo.
Margaret es rubia y delgada, y tiene un bronceado natural.
El triple combo de la belleza sureña. Y su actitud ante la vida no ha cambiado desde la secundaria.
Constantemente está haciéndose cosas para mejorar su belleza natural, aunque la mayoría de la gente daría cualquier cosa por estar la mitad de guapa que ella sin todas esas mejoras.
Mientras da otro sorbo de vino, me hace un informe detallado de lo que llevan las demás mujeres.
Por su forma de reírse, deduzco que va al menos por la tercera copa.
A Margaret le gusta pasárselo bien, y es probable que esta noche salga de aquí dando tumbos.
Silas se echa hacia delante y señala a papá con la cabeza, que está enfrascado en una conversación con Ben en el otro lado de la mesa.
—Te aviso. Papá va a insistir en que vengas a casa para una cosa relacionada con la iglesia.
Es de lo único que ha estado hablando mientras veníamos para aquí.
—Silas es más joven que yo, pero, con esa piel extremadamente bronceada de tanto trabajar en la granja, sería fácil que lo confundieran con mi hermano mayor.
—Vale. Gracias por la advertencia.
Solo unos minutos después, papá deja de centrar su atención en Ben para dirigirse a mí.
—Camille, tu madre quiere saber si vas a venir al festival de otoño de la iglesia dentro de unas semanas.
Mi madre está sentada a su lado hablando con una señora mayor que me suena de nuestra ciudad natal. Ella me mandó un mensaje sobre eso hace un par de semanas y no ha vuelto a decirme nada más. Papá solo quiere que asista porque siente que él no queda bien si yo no estoy presente.
Y seguramente es así, la verdad, porque él es la razón principal de que yo no vaya a estar allí.
—Ya hablaré con ella luego.
Papá me lanza una mirada, pero no dice nada más. Por suerte, Ben lo distrae preguntándole por las próximas elecciones.
Me vuelvo de nuevo hacia Margaret y Silas.
Ahora hablan en voz baja con la cabeza gacha, pero su lenguaje corporal me dice que están discutiendo, cosa que no es inusual.
Silas nunca lo reconocería, pero creo que es tan infeliz en su matrimonio como lo soy yo.
Aunque he conseguido mantener una saludable distancia con mis padres, nosotros dos seguimos muy unidos.
Quizá no nos veamos a menudo, pero él me llama regularmente para ver cómo estoy y salimos a almorzar siempre que viene a Baton Rouge.
Mi hermano me preocupa, de todas formas.
Yo esperaba que saldría de Corbeau y no se vería obligado a trabajar con papá, pero cada año parece más y más involucrado en los negocios de la familia.
No es un secreto que papá es un personaje muy turbio y que se sale siempre con la suya pese a que no debería ser así. Tiene a sueldo a la policía de Corbeau, y al alcalde en el bolsillo. Y Silas está siguiendo sus pasos.
—¡Camille! ¡Qué alegría verte!
Varias amigas de mi madre se acercan a la mesa para saludarla e intercambiar cumplidos con ella, y todas me dicen que llevan mucho tiempo sin verme y me preguntan cuándo voy a ir de visita.
Silas se escabulle para ir a hablar con el juez que se ha presentado para ocupar uno de los escaños vacantes del parlamento de nuestro estado. Estoy segura de que mi familia está respaldando su campaña, pues nuestro lema es: «¡Nunca tienes demasiados amigos en puestos de poder!».
En cuanto las señoras se retiran, papá se pone de pie.
—Acompáñame a buscar una bebida.
Miro a Ben. Está hablando con Margaret y una de sus amigas, a la que reconozco de la boda de mi cuñada. Era una de las damas de honor.
—Sí, claro.
La cola es bastante larga, a pesar de que hay muchos camareros detrás de la barra. Yo ya estoy lamentando esta situación.
—Tu madre está dolida porque no vienes a vernos más a menudo.
Uf. Ahí está, el chantaje emocional. Yo estoy preparada para no dejarme acorralar por él, sobre todo después de la advertencia de Silas.
—Veo a mamá cuando viene a Baton Rouge a la peluquería o a reunirse con el Garden Club.
—Eso no es lo mismo que venir de visita. Ya no recuerdo la última vez que estuviste en casa. Y ya sabes que ella está deseando tener nietos.
Ni hablar. No voy a discutir de esto con él.
—Entonces quizá debería hablar con Margaret. Mamá verá a los hijos de Silas mucho más a menudo de lo que vería a los míos, ya que viven prácticamente en la puerta de al lado.
Antes de que papá pueda decir nada más, decido interrogarle yo. Así quizá consiga unas cuantas respuestas por mi cuenta.
—Oye, ¿recuerdas a aquel tipo de Corbeau que fue detenido por un atropello con fuga y acabó en la cárcel?
Él se inclina hacia mí.
—¿Quién?
La música suena muy fuerte y papá empieza a estar duro de oído, así que me acerco un poco más y le repito la pregunta.
Papá me mira desconcertado.
—¿Qué tipo?
Me cuesta resistir la tentación de poner los ojos en blanco. Aunque aquello sucedió hace una década, el tipo en cuestión ha sido la única persona de nuestra ciudad, que yo sepa, que ha acabado en prisión. Después de que ocurriera, fue de lo único de lo que habló todo el mundo durante meses.
—El tipo que mató a aquella pareja con su coche y se dio a la fuga. Paul Granger.
Su frente se arruga mientras asimila la pregunta.
—Paul Granger. ¿Por qué demonios me preguntas por él?
Obviamente, no voy a explicarle cuál es el motivo real.
—Lo había olvidado por completo hasta que alguien mencionó su nombre.
—¿Y por qué iba a hablar nadie de ese miserable? —Lo dice levantando la voz lo suficiente como para que la gente que tenemos delante se vuelva y le lance una mirada.
Encojo un hombro.
—Alguien comentó que está intentando que se reabra el caso y me despertó la curiosidad. Yo estaba fuera del país cuando sucedió aquello, así que no estuve tan informada entonces como el resto de la gente.