Amy (Las hijas de Allamont Hall nº 1) 9. Una visita a Higher Brinford
49%

9. Una visita a Higher Brinford

—Bueno, chicas, les tengo noticias —les dijo su madre un día—. Tengo que ir a Londres, unos días.

—¿Esto tiene que ver con el testamento de papá? —preguntó Belle.

—¿El testamento? No, ¿por qué ibas a pensar eso?

—Pensé que podrías ver si se podía revocar o anular, o lo que sea que se haga con los testamentos especiales.

—¡Ah! Ya veo. Respecto al testamento, el primo Henry nos aconsejó que no se podía hacer nada, y el señor Plumphett también.

Es un poco extraño, la verdad, pero creo que nos beneficia enormemente a todas.

¡No! Mi visita no tiene nada que ver con eso.

Por supuesto que estaré haciendo algunos negocios, pero también quiero ir a los almacenes.

Necesitarás vestidos nuevos para tu mes de luto, y yo también necesito algo para el verano.

—¿No está el tío Edmund en el campo, ahora mismo? —preguntó Belle—. Creía que la casa de la ciudad estaba cerrada.

—Me quedaré en casa de tu tía Tilly.

Amy la escuchó con perplejidad. «¿La tía Tilly, de quien nunca se habla? ¿La hermana menor de mamá, a quien nunca hemos visto en Allamont Hall? ¡Y comprar telas para vestidos nuevos! Papá se habría horrorizado ante semejante gasto innecesario».

—¿Necesitamos algo nuevo para nuestro medio año de duelo, mamá? No hace tanto que nos quitamos la ropa para la tía Hilary, y estoy segura que podemos volver a usarla con algún pequeño arreglo. Quizás Hope necesite que le tiñamos algo...

—¡Tonterías, Amy! La tía Hilary era una pariente mucho más lejana de parte de tu padre, y teniendo en cuenta su posición social, no debemos escatimar en gastos.

Me daría muchísima vergüenza usar solo bombacina y crepé, durante un año entero, ¿sabes?

, y tu padre no podría esperar eso de mí.

No me iré por mucho tiempo, una semana, quizás, o dos como máximo, y tendrás a la señorita Bellows contigo, así que será lo más apropiado.

Amy no tenía ni idea qué pensar de este plan, así que aprovechó la primera oportunidad para averiguar la opinión de Belle, pues siempre se podía confiar en que Belle sabría cuál era la mejor manera de seguir adelante.

—Creo que mamá está un poco aburrida —dijo Belle—.

Recuerda que después de Navidad solían invitarla a Hepplestone o Tambray Hall.

El abuelo y el tío Edmund organizaban fiestas tan alegres, siempre lo decía, que la animaban para el resto del año.

Pero, me imagino que sintieron que no podían invitarla este año.

—No, en absoluto. No sería apropiado. Pero… ¿la tía Tilly?

Belle sonrió y negó con la cabeza. —No sé por qué papá la desaprobaba tanto, pero, naturalmente, mamá tiene muchas ganas de ver a su hermana.

—No creo que esté bien que vaya en contra de los deseos expresos de papá —dijo Amy, aunque Belle solo sonrió.

~~~~~

Pocos días después de la partida de Lady Sara, en la antigua diligencia, llegaron noticias del pueblo: el señor Plumstead, antiguo guarda de caza de la finca Allamont, había fallecido a los noventa y nueve años.

Su cabaña, situada en el extremo más alejado del bosque, seguía formando parte de la finca, aunque el bosque y gran parte de los terrenos de caza habían sido arrendados hacía tiempo, ya que al difunto señor Allamont no le gustaba ese deporte como a su padre.

—La casita quedará vacía —dijo Grace—. ¿No es una noticia maravillosa? No es que le deseara ningún mal al pobre señor Plumstead, y por mi parte podría haber vivido allí otros cien años, pero esto es algo excelente.

—¿Cómo es eso? —preguntó Amy—. No creo que ninguno de los sirvientes necesite un alojamiento de ese tamaño, y la ubicación, tan lejos del salón principal, es sumamente inconveniente.

—¡Oh! No la deseo para los sirvientes, pues aquí tenemos espacio de sobra para ellos.

Casi no tenemos ninguno últimamente, y hay espacio de sobra para que duerman más, tanto dentro como afuera.

¡No! Tengo pensado abrir una escuela en el pueblo, y la casa del señor Plumstead sería el lugar perfecto, ¿no te parece?

—¿Una escuela? ¿Para qué?

—¡Ay, Amy! ¡Eres la criatura más exasperante!

Pues claro, para educar a los niños del pueblo.

El señor Ambleside tiene su escuela en Higher Brinford, y no veo por qué no podríamos tener una aquí.

El señor Endercott solía enseñar un poco de lectura y escritura, ¿sabes?

Y ahora el señor Burford hace lo mismo. Y con una escuela en buenas condiciones, se podría hacer mucho más.

Amy asintió, recordando que el señor Garmin había enviado a sus dos hijos con el señor Endercott para que aprendieran las letras y los números, y pudieran hacerse cargo de la granja, cuando a ellos les tocara. Y también lo hizo el señor Drake, cuyo aserradero estaba en el pueblo.

—Bueno, me parece una idea estupenda —dijo Belle—.

El molinero de Brafton se vio obligado a enviar a su hijo mayor a un internado, en Brinchester, para que recibiera educación, y el pobre hombre se vio completamente agobiado por los gastos.

Y luego tuvo que sacar al chico, a toda prisa, cuando se metió en problemas allí.

Una escuela en el pueblo sería mucho mejor para todos.

—No le veo el sentido —negó Dulcie—. No puede haber más de tres o cuatro chicos, en todo el pueblo, que necesiten ese tipo de educación, y estoy segura que el señor Burford puede atenderlos sin problema.

Connie asintió. —Puede que tengas razón, hermana, y sería conveniente pensarlo bien, antes de invertir una gran cantidad de dinero en un proyecto así. Pero como el señor Ambleside ya ha fundado una escuela similar, haríamos bien en consultarle primero.

Y en ese punto, todas las damas estuvieron de acuerdo.

~~~~~

Amy no había llegado a ninguna conclusión satisfactoria sobre el señor Ambleside.

Naturalmente, le resultaba gratificante que un caballero expresara su admiración por ella, por muy indigna que se sintiera, pero aun así no podía sentirse tranquila.

Estaba la hija ilegítima, un tema que la incomodaba, sobre todo porque su padre se había enfadado mucho por esto, y él debería saber más de esas cosas que ella.

Y luego estaba Connie. Sería terrible que estuviera completamente enamorada del señor Ambleside, y que Amy se lo arrebatara sin que se diera cuenta.

¡No, eso no podía ser! No podía privar a su querida hermana de la oportunidad de ser feliz.

A ella le caía muy bien el señor Ambleside, pero desde luego no estaba enamorada de él.

No tenía ni idea de cómo sería estar enamorada, pero recordaba a la criada que se había enamorado del lacayo, y no hacía más que llorar en un rincón y salir corriendo de la habitación, gimiendo cada vez que se lo encontraba por la casa.

Como Amy podía encontrarse con el señor Ambleside sin sentir la necesidad de llorar ni de lamentarse, sentía que su corazón estaba relativamente a salvo.

No obstante, cuando él venía a visitarla, como solía hacerlo, ella creía percibir una diferencia en su trato hacia ella, un tono más suave y una dulzura, que la hacía sonrojar y tartamudear, cada vez que le hablaba.

Saber de su afecto, y de tantos años, la hacía perder la compostura.

Era tan amable, y hablaba de cosas triviales hasta que recuperaba la calma.

¡Qué hombre tan agradable! Si tan solo… Pero ella no lograba tranquilizarse. Esto era demasiado difícil.

Grace no tardó en mencionarle al señor Ambleside su plan para construir una escuela. Él entabló una conversación sobre el tema con gran interés, destacando todas las grandes ventajas que tal propuesta traería para el pueblo.

—¿Le gustaría visitar mi escuela, señorita Grace?

—preguntó—. Estaré encantado de enseñársela, de hecho, a todas ustedes, y explicarles las instalaciones que he hecho.

Sin duda, esto implicará algunos gastos, pero no son excesivos, y los beneficios para la finca son tales que estoy seguro que Lady Sara estará de acuerdo con los gastos.

Grace aceptó encantada la oferta. —Pero, no cabremos todas en el carruaje. Solo cuatro de nosotras podemos ir.

—Y con su madre fuera de casa, la señorita Bellows debe acompañarla —dijo el señor Ambleside—.

Pero eso no tiene por qué ser un obstáculo, pues también tengo un carruaje que con mucho gusto pondré a su disposición, durante el día.

Si invitamos también a la señorita Endercott, no habrá la menor objeción.

Sugiero que dediquemos un día entero al proyecto, y me encantaría invitarlas a Staynlaw House, a tomar un refrigerio.

Así podremos tomarnos el tiempo necesario para examinarlo todo sin que tengan que irse con prisa.

Amy no se sentía del todo cómoda con esta propuesta, pero tanto la señorita Bellows como la señorita Endercott estuvieron de acuerdo, se fijó una fecha y se organizó todo.

~~~~~

—¿No es lo más apropiado? ¿No crees que deberíamos escribirle a mamá para pedirle consejo? —le dijo a Belle, mientras preparaban sus instrumentos para ensayar un día.

—Amy, ¿cuántas veces le has escrito a mamá desde que se fue?

—Tres... no, cuatro veces, creo... No... Me equivoqué, deben ser cinco, porque surgió la cuestión, si los restos del ganso podían comerse en el comedor de los sirvientes.

—Exactamente. ¿Y cuántas respuestas has recibido?

Amy se sentó frente al arpa y arrugó un puñado de tela, en la falda de su vestido, con la mirada baja. Llevaba varios días preocupada por esto. —Quizás mis cartas se hayan extraviado.

—O tal vez mamá esté demasiado ocupada para ocuparse de nuestros asuntos domésticos. Si la señorita Bellows y la señorita Endercott no ven nada inapropiado en la salida, no creo que debamos preocuparnos. Estaremos perfectamente vigiladas.

—Pero estoy convencida que a papá esto no le habría gustado.

—Entonces, ¡es una gran suerte que él no esté aquí! —dijo Belle con brusquedad—. ¡Me gustará mucho esto! Apuesto a que a ti también.