Amy (Las hijas de Allamont Hall nº 1) 1. El testamento #2
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1. El testamento #2

—¡Tonterías, querida! —dijo Lady Sara, mientras seguía con su bordado con calma—. Todas se casarán, y se casarán bien, ahora que su padre las ha provisto tan bien.

—Pero, tendré que esperar años y años hasta que todas los demás se casen, y para entonces seré terriblemente vieja, y quizás el señor Burford no espere tanto.

—Entonces, no vale la pena tenerlo —dijo Belle con brusquedad—. De verdad, Hope, apenas tienes diecisiete años, eres demasiado joven para pensar en el matrimonio todavía.

Grace la miró con desaprobación, pero Hope sollozó aún más fuerte.

Belle agarró su tapiz y enseguida lo volvió a dejar.

—Me pregunto si este testamento podría ser revocado, mamá.

Me parece bastante peculiar que papá ponga condiciones tan extrañas, no solo para nosotras, sino también para los chicos.

Dejar la herencia al primo que se case con la hermana mayor...

Eso es muy raro. ¿Quizás no estaba en sus cabales cuando redactó el testamento?

—El señor Plumphett parece pensar que no hay nada que se pueda hacer al respecto —aclaró Lady Sara.

—Es un abogado del condado muy respetado, pero no lo sabe todo —dijo Belle—. Podrías escribir a Londres para obtener una opinión más experta sobre el tema.

—Quizás consulte con el primo Henry. Pero en realidad, Belle, el señor Plumphett fue muy claro en que el testamento, a pesar de sus extrañas condiciones, es sumamente beneficioso para ustedes, las chicas.

—Sí, él es un hombre —replicó Belle con una sonrisa irónica—. Naturalmente, cree que deberíamos estar encantadas con esta mejora en nuestras perspectivas, pues, ¿qué más podría desear una mujer sino un marido e hijos?

—Y hay mucha verdad en eso —dijo Lady Sara con gravedad—. El matrimonio es una posición elevada.

—Por supuesto, y estoy segura que todas aspiramos a ello, pero nos gustaría poder elegir nosotras mismas el momento y al caballero.

—Espero que no tengas ilusiones románticas, Belle —dijo su madre con tono severo—.

El amor es tan fugaz que no es la base para un compromiso de por vida, como el matrimonio.

Un caballero respetable con buenos ingresos: eso es todo lo que se necesita, y no hay que complicarse con la elección, pues uno así es tan bueno como cualquier otro.

Cuento con que cada una de ustedes acepte la primera propuesta que reciba, ¿para qué esperar?

Las hermanas intercambiaron miradas, pero ninguna se sentía capaz de rebatir el punto.

A pesar de su inesperadamente generosa dote, Amy no podía imaginarse tener más de una propuesta entre la que elegir.

Un caballero dispuesto a casarse con ella era lo máximo a lo que se atrevía a aspirar, y estaría muy contenta de tener su futuro asegurado.

No comprendía del todo los detalles del testamento, a pesar de las explicaciones del señor Plumphett, pero una cosa estaba muy clara: le correspondía a ella, como la mayor, casarse primero, para que cada una de sus hermanas pudiera casarse en el orden correcto.

—En ese caso, debemos comenzar nuestra campaña —dijo Grace.

—¿Campaña? —preguntó Lady Sara.

—Para casar a Amy, por supuesto.

—En verdad, Grace, tu padre apenas está en la tumba.

No debes pensar en el matrimonio, durante al menos doce meses.

Seis meses de luto completo y seis meses de luto parcial para ustedes, chicas.

Hay quienes observan un período más corto, pero no puedo permitir menos para un hombre de la posición de tu padre en el mundo.

—¡Oh! No estoy proponiendo nada inapropiado, mamá —reiteró Grace—.

Sé que debemos vivir con mucha tranquilidad, durante un tiempo.

Pero vendrán caballeros a darnos el pésame, así que podemos aprovechar esto, ¿no?

Amy será la primera en ser considerada. Aunque no será fácil, pues ya es una solterona y ¿quién la querrá a los veinticuatro años?

Pero, deberíamos hacer una lista de posibles pretendientes, caballeros conocidos que podrían sentirse tentados por una sexta parte de cien mil libras, sea lo que sea.

—Diecisiete mil libras —expresó Belle—. Y a Amy nunca le han faltado pretendientes, hermana. Pero, los primeros nombres en cualquier lista tienen que ser los de nuestros primos, ¿sabes?

—Pero, ellos son horribles —insistió Grace—. ¿Por qué querría casarse con alguno de ellos?

—Porque si uno de ellos se casa con Amy, se quedará con la finca, si no se encuentra a Ernest y Frank —dijo Belle—. Eso debe ser una perspectiva muy tentadora, además de todos sus otros encantos, ¿no crees? Entonces, Amy será la dueña de Allamont Hall.

—¡Ah! ¿Así es como entran en escena los primos? —preguntó Grace—. Sí, ya veo. ¡Qué ingeniosa, Belle! Muy bien, ellos estarán en los primeros puestos de la lista, y Amy podrá elegir al que quiera.

—Grace, querida, te está sangrando el dedo sobre el trabajo —dijo Belle—. ¿Te pinchaste con la aguja?

Amy inclinó la cabeza hacia el vestido desgarrado de Grace, que estaba remendando, dejándolas hablar, pero sin decir nada. Todavía nada de aquello era del todo real, y a pesar de todos los planes de Grace, no lograba comprender la magnitud del cambio en sus vidas.

No sabía qué pensar. «¿Qué quiso decir mi padre al dejarnos las dotes, en estos términos? ¿Me está obligando a casarse, quiera o no? ¿Seré capaz de encontrar marido, incluso con tanto dinero? ¿Y si dos caballeros hacen propuestas por mí? ¿Cómo podría decidirme entre ellos sin la guía de mi padre?».

Durante los veinticuatro años de su vida, su conducta había estado regida enteramente por los deseos de su padre. Ahora, por primera vez, no tenía ni idea de lo que él quiso que hiciera. Realmente, ella estaba aterrorizada.