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Relato 9 #2

—Enviado, ¿cuánto tiempo le damos para responder? Yo diría que hasta medianoche. Si no ha aceptado, equivale a un rechazo.

Sira me dice que está de acuerdo. Después nos ponemos a revisar los lugares que queremos visitar hasta la hora de comer.

Una vez que hemos descansado lo suficiente, nos ponemos otra vez en marcha. Miro el móvil antes de guardarlo y veo que no hay noticias de Craig. Nos pasamos el resto de la mañana visitando las calles de Nueva York, hasta que decidimos parar a comer.

Mientras esperamos a que nos sirvan el menú, cojo el móvil y le conecto el wifi. El aparato vibra con varios mensajes entrantes.

—¿Alguno es de Craig? —pregunta curiosa mi amiga.

—Un segundo, que aún no entré.

Me meto en la aplicación y, efectivamente, su chat tiene mensajes sin leer. Respondo primero a mi familia y después miro lo que mandó Craig.

Una sonrisa aparece en mi boca sin darme cuenta.

—Tu cara te delata. Y después me dices que no te gusta —se lamenta mi amiga—. ¿Qué dice?

—Que sigue abierto y que si queremos desayunar juntos mañana allí.

—¿Ves cómo le gustas? —Al ver que no le respondo y que estoy tecleando en el móvil, continúa—. ¿Qué le vas a responder? Espero que afirmativamente.

Triana

Mañana ya tenemos planes.

Tengo que mirar a ver si puedo cambiarlos.

En realidad, nuestro plan es ir a Long Island, y vamos a desayunar antes de partir. Pero no podía ponérselo fácil. Su respuesta no tarda en llegar, debía de estar pendiente del móvil.

Craig

¡Qué pena!

Espero que podáis cambiarlos. Tengo ganas de volver a verte.

Su respuesta me gusta y me dice que él también piensa en mí, igual que yo en él. Aunque esto a Sira no se lo dije, pero ella me conoce y lo sabe, aunque no lo diga en alto.

—No me tengas en ascuas y dime qué has puesto —exige mi amiga.

Levanto la vista del teléfono y la centro en Sira.

—Le comenté que mañana ya teníamos planes y que no sabía si podíamos cambiarlos.

—Pero si… —me interrumpe.

—Shh —no le dejo continuar—. Déjame acabar. —Asiente con la cabeza y yo prosigo—. Ya sé que tenemos pensado desayunar primero, pero eso él no lo sabe. Y no lo iba a aceptar a la primera. Quería ver si seguía insistiendo. Y me contestó casi al momento que era una pena, que tiene ganas de verme.

—¡Oohh! Qué mono. Entonces ya tenemos plan para desayunar mañana. Pero que sea temprano, para que nos cunda el día en la isla.

Triana

Cambios hechos.

Podemos quedar mañana temprano. ¿Te viene bien?

—Listo. A ver si a él le parece bien.

—Seguro que sí. —Sira está muy convencida.

Antes de que me llegue su respuesta, nos traen la comida y guardo el móvil en el bolso, no vaya a ser que se nos caiga algún vaso y me quede sin el teléfono.

Una vez que terminamos de comer, reviso las notificaciones y veo que tengo un mensaje suyo.

Craig

Me parece bien. A las 8.00h?

—¿A qué hora salía el barco? —le pregunto a Sira.

—Cada media hora o tres cuartos de hora había uno. ¿Ya te contestó?

—Sí, me pregunta si a las ocho nos viene bien. Le voy a decir que sí, a ver si podemos coger el barco sobre las nueve, ¿te parece?

Tras su confirmación, le respondo a Craig, desactivo el wifi y salimos del restaurante dispuestas a seguir explorando la ciudad.

Cuando llegamos al local en el que quedamos, Craig ya nos espera en la puerta.

Entramos y vemos que la decoración es muy americana.

Nos sentamos en una mesa y los tres pedimos lo mismo: bagel con café americano.

Necesitamos energía para el resto del día.

En el hilo musical reconozco la canción Fever Dream , de Alex Warren.

—¿Qué tal tu sobrino? —pregunto para romper el hielo.

—¡Muy bien! Se porta fenomenal, solo llora cuando quiere comer y el resto del día lo pasa casi todo durmiendo. Me dio mucha ternura tenerlo en brazos. ¿A vosotras qué tal os trata mi ciudad?

—Pues muy bien, casi no paramos de un lado para otro. De hecho, hoy vamos a Long Island.

El resto del desayuno hablamos de Nueva York y de nuestras familias.

No hay silencios incómodos y parece que nos conocemos desde hace muchos años.

La mayor parte de la conversación la monopolizamos Craig y yo, incluyendo las numerosas miradas que nos lanzamos.

Al menos a mí me cuesta apartar la mirada de él, no sé por qué.

Al salir, Craig nos acompaña, viene a mi lado y nuestras manos se rozan de vez en cuando. Cada vez que eso sucede, una especie de escalofrío me recorre de arriba a abajo. Cuando llegamos, faltan solo cinco minutos para que zarpe el barco.

Nos despedimos con dos besos y a mí me da un abrazo que dura unos segundos más de lo habitual, como si le costara separarse de mí.

Una vez que subimos, nos asomamos a la barandilla para decirle adiós con la mano. Craig imita nuestro gesto y nos manda un beso.

—¿Ves cómo le gustas? —Mi amiga sigue empeñada en lo mismo—. Y a ti él también. No pienses que me vas a engañar.

No sé si gustar sería la palabra, pero que me atrae no lo puedo negar. Dejamos este tema y nos centramos en lo que queremos ver en la isla.

Me da pena despedirme de Nueva York. Ha sido una gran experiencia y nos han quedado muchas cosas por ver. Esperamos en el aeropuerto a que nos llamen para embarcar.

Rememoro todos los momentos buenos que hemos vivido estos días y, sin poder evitarlo, en mi mente aparece Craig. Me cae muy bien y tiene algo que no sé identificar, pero que me atrae.

—Mira quién está aquí. —El comentario de mi amiga me devuelve a la realidad.

Giro la cabeza en la dirección que está mirando y veo aparecer al hombre que ocupaba mis pensamientos hace tan solo unos segundos.

—¿Nos tienes geolocalizadas? —le pregunto cuando llega a nuestra altura.

—No, ya me gustaría. Ha sido una coincidencia.

La sonrisa que lleva instalada en la cara no se le borra en ningún momento, y eso que debería estar triste por despedirse de su familia.

—¿Cómo que ya te gustaría? —Sira se ha dado cuenta de lo que ha dicho mientras yo fantaseaba con su boca.

—Para saber donde estáis y veros. Sois una compañía muy agradable —responde airoso a su pregunta.

—Se te ve muy contento para haberte despedido hace poco de tu familia.

El tono del comentario no implica recriminación, solo curiosidad por saber más de él.

—Volver a estar con tu familia puede ser muy estresante. Y más con un niño pequeño que demanda atención. Así que estoy contento por volver a la rutina. Y por encontrarme con vosotras.

A pesar de usar el plural, sus ojos no se desvían de los míos. ¿Será que mi amiga tiene razón y está interesado en mí? Aprovecho para beber un poco del café americano que tengo delante.

Mis ojos vuelven a buscar a Craig y veo cómo me mira. Me intereso por saber en qué asiento va y, al parecer, le toca al lado nuestra otra vez. ¿Es que el destino quiere emparejarme con él? ¿Y él estará interesado? A mí desde luego que me gustaría conocerlo mejor. Lo poco que sé de Craig me gusta.

No es el momento de pensar en ello, me disculpo y me voy a dar una vuelta por el aeropuerto, a ver si con el paseo me despejo. Al salir de una tienda, me encuentro con que el hombre que ocupaba mis pensamientos está esperando fuera.

—¿Qué haces aquí? —le pregunto extrañada.

—Esperarte.

—¿Y eso? ¿Pasó algo?

—No —dice a la vez que niega con la cabeza—. Solo quería hablar contigo a solas un momento.

—Te escucho.

—Sé que no crees en el amor a primera vista.

Ni siquiera sé si crees en el amor. Yo tampoco lo hacía hasta que vi a mi hermana enamorada, pero pensaba que eso nunca me pasaría a mí.

Eso era antes de conocerte. Ahora sé que quiero descubrirte.

Tus sueños, tus aspiraciones, ver una película contigo y comentarla, ir a cenar juntos, pasar tiempo a solas, saber qué es lo que no te gusta para evitarlo y a qué saben tus besos.

Llevo pensando en eso desde el primer momento en que te vi.

No nos conocemos mucho, pero en ti veo a alguien entusiasta, amiga de sus amigas, que le gusta aprender cosas nuevas, visitar lugares diferentes y a una persona alegre, pero con los pies en la tierra.

Me gustaría que siguiéramos en contacto. Si tu quieres, claro.

Proceso su discurso en silencio. No me puedo creer que en un viaje a Nueva York haya conocido a alguien tan interesante. Al ver que no abro la boca, Craig vuelve a hablar.

—Di algo, por favor.

Sin embargo, en lugar de obedecer, me acerco poco a poco a él.

Le agarro la cara entre las manos y acerco mi boca a la suya.

Es un beso de reconocimiento, donde dejamos que nuestros labios se conozcan.

Tras unos segundos, me separo y le miro a los ojos para que vea en los míos la veracidad de mis siguientes palabras.

—Yo también quiero seguir conociéndote.