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Estoy sentado en el suelo de mi apartamento, con la espalda apoyada en los armarios de la cocina, mirando el café frío que tengo en la mano, y ya no sé qué hacer.
¿Qué se supone que debo hacer?
¿Quedarme en Maple Hollow?
¿Pared con pared con el restaurante de Sarah? Obligado a ver cada día lo que perdí.
Me paso las manos por el pelo.
Estoy cansado de huir siempre. De los sentimientos. De la cercanía. Del miedo a que alguien pueda ver detrás de los muros que construí a mi alrededor.
Se suponía que este iba a ser mi nuevo comienzo.
Un pueblo nuevo. Un restaurante nuevo.
Gente nueva.
Esperanza nueva.
Y entonces apareció ella.
Sarah.
Como un torbellino de especias, sonrisas y terquedad. Lo arriesgué todo: mi corazón, mi reputación, mi futuro. Y ahora estoy aquí sentado otra vez, el mismo hombre que era después de que mi vida en Nueva York se desmoronara.
Solo que esta vez soy yo quien traicionó la confianza de alguien.
Al menos eso es lo que Sarah cree.
Todo esto es de locos.
Sarah es exactamente como yo era entonces. Yo tampoco quise escuchar las excusas de Claire. Me cerré en banda. Me marché.
Apoyo la frente en las rodillas.
Quizá Sarah solo necesite tiempo. Al final, yo también escuché a Claire. Estuve dispuesto a entender que nada es tan simple como parece.
No sé si soy lo bastante fuerte para quedarme y esperar un día que quizá nunca llegue.
Pero también sé que irme me destruiría.
Por no hablar de que ni siquiera sabría adónde ir.
¿Volver a Nueva York?
Allí no me espera nada que todavía quiera. Allí no soy más que otro capítulo fallido en un libro que ni siquiera quiero terminar de leer.
Pero aquí... aquí está todo lo que he anhelado.
Ella es todo lo que quiero.
Me levanto despacio, con la espalda dolorida de tanto rato sentado en el suelo duro. Recorro el apartamento con la mirada, demasiado ordenado para todo lo que está pasando dentro de mí.
Inquieto, me acerco a la ventana y miro a la calle.
No hay nadie.
Sé que tengo que hacer algo.
Pero ¿cómo voy a demostrarle a Sarah que no hubo nada —y nunca volverá a haberlo— entre Claire y yo?
Que ya tomé mi decisión.
Ella.
Nosotros.
Doy unos pasos y me detengo. Abro un cajón, lo cierro.
Mis pensamientos no dejan de dar vueltas.
Sarah piensa que la usé.
Pero es justo lo contrario.
Quería apoyarla, ayudarla con el restaurante. Quería sostenerla, no hundirla.
Mi mirada se posa en el bloc de notas de la mesa de la cocina, donde ayer garabateé ideas mientras hacíamos la compra.
Un concepto lo bastante diferente del de Sarah, pero que aun así lo complementa de forma natural.
Dos restaurantes, una historia.
Fire & Soul y El Maple Hollow Diner .
Un concepto de fusión. Eventos compartidos. Un lugar, dos mundos, conectados por el sabor.
Pensé que se alegraría.
Pensé...
Bueno. Pensé demasiado y dije muy poco.
Pensativo, cojo el bolígrafo que hay junto al bloc.
Quizá sea lo único que me queda: palabras, honestas y sin filtros.
Una carta.
Sostengo el bolígrafo en la mano, siento todo lo que esas palabras tendrían que transmitir, y luego lo dejo de nuevo, despacio.
Si Claire me hubiera escrito una carta entonces, nunca la habría abierto.
Porque estaba convencido de que ya conocía la verdad.
¿Qué haría Sarah?
Ella ya tomó su decisión. Ni siquiera me dio la oportunidad de explicar lo que pasó de verdad. Cree que me ha calado. Cree que solo quería aprovecharme de su confianza.
Voy hasta el fregadero, abro el grifo y lo cierro enseguida.
No necesito una distracción.
Necesito una solución.
Algo que llegue más lejos que una carta, porque las palabras no bastarán para salvar lo que perdí.
Necesito algo que ella pueda sentir sin que yo diga una sola palabra. Algo que le muestre cómo me siento. Lo que me importa. Cuánto de mí mismo estoy dispuesto a darle.
Me giro despacio en medio de la habitación.
Y de repente sé exactamente lo que tengo que hacer.
Sin palabras. Sin súplicas.
Acciones.
Honestas. Visibles. Y solo para ella.